"Una monedita, por favor"
La ilusión opositora de cumplir un papel decoroso dentro de tres semanas se esfumará, si no consigue dinero para hacer campaña. El oficialismo va por todo. Por Federico van Mameren - Secretario de Redacción.
07 Octubre 2007 Seguir en 
El 28 de octubre los tucumanos van a elegir y a apostar por el futuro. Los ciudadanos tienen en ese momento todo el poder. El sobre que introduzcan en la urna tiene la capacidad de modificar el rumbo del país y también la de mantener la proa hacia donde está encaminada. Pero este sublime acto de la democracia es sólo eso: un momento. El cambio, la transformación se ejerce en el día tras día y no sólo en la fecha para la que se convoca a los comicios. Por eso ya se dan por hechos los resultados. Por eso, cuando un derecho pasa por encima de algún ciudadano, no hay debate y se aplica sin aceptar ningún reclamo.
No es fácil encontrar una mesa de café o una conversación en la que los contertulios sean capaces de nombrar cinco candidatos a diputado nacional sin titubear. Pedirles que digan qué les proponen uno u otro ya forma parte de un imposible. Si todos se ponen de acuerdo y tratan de anotar cinco propuestas, proyectos o simplemente ideas para que Tucumán saque algún beneficio al elegir a sus nuevos cinco representantes, es posible que la reunión se termine en ese mismo momento. Da la sensación de que la gente siente que la política no dispone de la solución para sus principales preocupaciones.
El único que hasta ahora ha salido a la cancha es el oficialismo. El gobernador, José Alperovich, encabeza la campaña y pide el voto por Tucumán. En eso se sintetiza el mensaje. En el entorno "sijosesista" sueñan con emular la historia de 2005, cuando el oficialismo obtuvo las cuatro bancas que estaban en juego. Ahora van por las cinco que se renuevan. Sin embargo, en la calle no se ve a todos los que componen la oferta electoral alperovichista.
Se han presentado en sociedad con cierta vergüenza. La imagen de Alperovich y de Kristina mira a los tucumanos tratando de transmitir que la Nación y Tucumán están en la misma línea. Nada más difícil en el universo K. Tanto el Presidente como su esposa exigen que ese contrato se renueve día a día. Y, si alguien duda de esto, basta con recordar la alfombra roja que se les puso a las maquinitas de Casino Club o el desaire a la Sociedad Rural, que fueron manejados a control remoto desde la Casa Rosada.
Uno de los candidatos principales del oficialismo es Germán Alfaro, que se postula en el cuarto lugar de la lista -aunque parece el primero-; se refugió en el amayismo y construyó su poder desde la Secretaría de Gobierno de la Municipalidad y desde la Legislatura. Alperovich, Kristina y Alfaro son las caras visibles.
Los otros asoman con un poco de vergüenza. Alfredo Dato -el primero de la nómina- hizo algunas salidas con el gobernador, pero, seguro de que ya es diputado, el alperovichismo lo muestra con timidez porque sabe que su especulativo adiós de la Corte deshilachó su imagen. La número dos, Susana Díaz, es una cara que mira al interior y que se destaca más por su fidelidad al oficialismo que por su libreta de calificaciones. El diputado saliente y legislador provincial electo Gerónimo Vargas Aignasse se debate en tantas complicaciones judiciales que tampoco aparece. En quinto lugar se presenta Silvia Rojkés, quien por medio de su tarea el Ipacym y en la Constituyente logró borrar el estigma de ser cuñada del gobernador; su banca (la última) es la única que pueden llegar a no conseguir, según los cálculos oficialistas.
Billetera mata galán
El alperovichismo nada en la abundancia, y en estos tiempos esa no es una cuestión menor. La oposición, como los chicos de la calle, anda pidiendo "una monedita, por favor" para los afiches y para los fiscales.
Rodolfo Succar, José Ignacio García Hamilton, Roberto Palina, Daniel Blanco, Ernesto Padilla y José Páez, entre otros, se animaron a exponerse ante la ciudadanía. Sin embargo, sus preocupaciones no pasan ni por el corazón ni por la cabeza.
En el bolsillo de los candidatos o en la cartera de la dama hay alguna anotación, según la cual hacen falta 2.973 fiscales (1.514 mesas femeninas y 1.459 mesas masculinas). En total se vota en 362 escuelas; por lo tanto, es necesaria una cantidad idéntica de fiscales generales. En los últimos comicios se pagaron $ 50 por fiscal.
Del otro lado de la hoja las anotaciones figuran 3.300 bandejas de comida. En agosto se cotizaban a $ 5 cada una, pero la inflación elevó su costo a $ 7. Por lo tanto, harán falta $ 23.345 el día de los comicios. No hay que olvidarse de que los votantes se han vuelto un poco exquisitos y les gusta que los lleven a votar. Nadie puede prescindir de -por lo menos- dos autos por escuela, los que, como mínimo, costarán $ 150 cada uno. Para movilidad se necesitarán entonces, por lo bajo, unos $ 108.600.
Así, la ilusión de cumplir un papel decoroso y de lograr por lo menos una banca en el Congreso de la Nación se esfuma si en la billetera no hay, como mínimo, $ 300.000 ($ 281.945 para ser exactos). La fidelidad, la pasión, la confianza son valores que escasean en la política. Se venden a alto precio.
Todo ese dinero tendrá que estar disponible el día de los comicios. Pero para llegar al 28 de octubre van a tener que pegar por lo menos unos cuantos afiches. Hay "simpatizantes" dispuestos a poner su camioneta y se comprometen a pegar 500 afiches trabajando de 22 a 6 de la mañana, siempre y cuando les paguen $ 200; a eso hay que agregarles 5 kilos de soda cáustica ($ 35); 10 escobillos ($ 55) y dos grandes bolsas de harina (cada una cuesta $ 67). No hay que olvidar guardar unos $ 50, por lo menos, para comer algo esa noche. Unos no tienen ni para los cospeles y los otros ya descorchan el champán para el festejo. Es un panorama desolador, que no se puede despejar al momento de votar.
Sólo se puede ejerciendo a diario los derechos y las obligaciones que impone la democracia.
En el nombre del padre
Salvo el primer mandatario, en la Casa de Gobierno la mayoría tiene la cabeza en otra cosa. Unos se preparan para asumir; otros esperan la decisión final del gobernador para saber si siguen en el cargo. También están aquellos que no terminan de lamerse las heridas y siguen urdiéndole enredos a Alperovich. A mitad de la semana pasada, eran tales los gritos que los curiosos que pasaban por el primer piso se detenían a identificar las voces. Del otro lado de las gruesas paredes estaban nada menos que el ministro de Gobierno, Edmundo Jiménez, y Sergio Mansilla, legislador electo y secretario del Interior saliente. Los improperios iban y venían. El ministro le reclamaba a Mansilla que lo haya perjudicado (usó otros términos) en los comicios de agosto en la sección Oeste. "Me lo ordenó José", fue la respuesta. Después, el propio gobernador tuvo que poner paños fríos en lo que prometía terminar en papelón.
No es la única grieta que da que hablar en los últimos días. En Yerba Buena tampoco entienden por qué hay una autorización firmada para construir edificios en la avenida Perón. Los concejales se preguntan cuándo se emitió esa autorización sin que ellos hayan participado en la decisión. Y los empresarios que movieron ya la tierra no saben si empezar o esperar el desenlace de esta novela. Los tira y afloja entre los que se van y los que vienen incluyen no sólo autorizaciones para construir sino también cheques firmados que después figuran formando parte de las chequeras denunciadas como perdidas.
Chiquito ambicioso
En la Corte la interna para definir quién será el presidente durante los próximos dos años también está al rojo vivo. Antonio Gandur estaba seguro de ocupar el sillón más alto, pero, sorpresivamente, René Goane advirtió sobre su interés en alcanzarlo.
¿Ni la madre?
La democracia exige que se celebre todos los días, a cada instante, y no que se renueve el espíritu cuando llegan los comicios. Porque después no hay dónde ni cómo lamentarse. Un ejemplo de ello es lo ocurrido durante los comicios de Taco Ralo, donde el candidato a delegado comunal Carlos Ortiz figura con cero voto en la mesa donde sufragaron los miembros de su familia y él mismo. Antecedentes como estos dejan claro que el acto fundamental de ir a votar no alcanza.







