20 Agosto 2007 Seguir en 
Pasan los días y José Ignacio González sigue sin aparecer. Y, lo que es peor aún, no hay ni un indicio para determinar qué pasó con el empleado de la Secretaría de Educación ni, mucho menos, dónde se encuentra.
González subsistía con menos de $ 1.200 mensuales, ya que su sueldo era sometido a embargos por no haber cumplido con el pago de algunas deudas que habrían sido originadas a causa de su adicción al juego. El 13 de julio fue visto por última vez, en un bar de la plazoleta Mitre. Allí, según confirmaron fuentes policiales, se había reunido con un allegado para pedirle que extrajera un préstamo de $ 1.000 a su nombre.
La fiscal Adriana Giannoni, que investiga el caso, con el correr de los días descubrió que González tenía al menos dos cuentas donde se movían importantes sumas de dinero. En un principio se pensó que él prestaba su nombre, pero luego se comprobó que también operaba con esos fondos.
Por ese motivo, todas las hipótesis de la desaparición giran en torno de las transacciones financieras. Inclusive, no se descarta que se esté ante un caso de lavado de dinero.
La teoría que se fue dejando de lado al aparecer nuevos indicios, indicaba que González habría huido después de haber extraído dinero de una de las cuentas en la que se depositaban fondos que no eran suyos. Sin embargo, los investigadores no entienden por qué se escapó sin la tirilla de su documento o sin cobrar su salario y medio aguinaldo, y sin sus tarjetas de crédito y de débito.
Otra hipótesis que manejan los pesquisas es que el desaparecido haya extraído dinero sin autorización y que por ello haya sido víctima de un ajuste de cuentas. Pero hasta el momento no probaron que el empleado de Educación haya retirado dinero en efectivo de las dos cuentas que encontraron a su nombre.
Los investigadores, con los nuevos elementos reunidos en la causa, no descartan que González, al enterarse de los fondos que se manejaban en las cuentas a su nombre, podría haber amenazado con dar a conocer todo en caso de que no recibiera una mejor retribución económica por su tarea de testaferro. A causa de esta actitud, podría haber sido víctima de una venganza.
La última y, quizás más improbable, es que la desaparición de González haya sido un mensaje para algún personaje del sistema financiero paralelo. Los motivos y el destinatario son, por ahora, una incógnita.
Un problema
"Es muy difícil investigar este caso. La denuncia de su desaparición se hizo por lo menos 20 días después de que fue visto por última vez. Son muchos días para reconstruir", aseguró Miguel Gómez, jefe de Seguridad Personal que está a cargo de la investigación del caso.
Para colmo, los pesquisas se encontraron con otro problema: el empleado de Educación era una persona muy reservada que prácticamente no comentaba sobre su vida privada y, con el correr de la investigación, se toparon con datos desconocidos de la vida de González.
Otro elemento que juega en contra de la Policía es que no hay familiares que aporten datos de relevancia para poder avanzar aún más rápido con la investigación.
"Nos sorprendemos todos los días al leer el diario. No podemos creer que haya tenido la posibilidad de manejar semejante cantidad de dinero. Es imposible que esa plata haya sido suya. No tenía cómo obtenerla", expresó José Carlos Rodríguez, empleado de Educación.
Los compañeros de trabajo y vecinos de González aún no entienden muchas cosas. "Se dice que era casado, pero nosotros nunca lo vimos con una mujer. También aseguran que manejaba plata, pero apenas si le alcanzaba para comer. Este es un caso muy extraño, que nos sorprende día a día", expresó Laura Jiménez, vecina del desaparecido. LA GACETA (C)
González subsistía con menos de $ 1.200 mensuales, ya que su sueldo era sometido a embargos por no haber cumplido con el pago de algunas deudas que habrían sido originadas a causa de su adicción al juego. El 13 de julio fue visto por última vez, en un bar de la plazoleta Mitre. Allí, según confirmaron fuentes policiales, se había reunido con un allegado para pedirle que extrajera un préstamo de $ 1.000 a su nombre.
La fiscal Adriana Giannoni, que investiga el caso, con el correr de los días descubrió que González tenía al menos dos cuentas donde se movían importantes sumas de dinero. En un principio se pensó que él prestaba su nombre, pero luego se comprobó que también operaba con esos fondos.
Por ese motivo, todas las hipótesis de la desaparición giran en torno de las transacciones financieras. Inclusive, no se descarta que se esté ante un caso de lavado de dinero.
La teoría que se fue dejando de lado al aparecer nuevos indicios, indicaba que González habría huido después de haber extraído dinero de una de las cuentas en la que se depositaban fondos que no eran suyos. Sin embargo, los investigadores no entienden por qué se escapó sin la tirilla de su documento o sin cobrar su salario y medio aguinaldo, y sin sus tarjetas de crédito y de débito.
Otra hipótesis que manejan los pesquisas es que el desaparecido haya extraído dinero sin autorización y que por ello haya sido víctima de un ajuste de cuentas. Pero hasta el momento no probaron que el empleado de Educación haya retirado dinero en efectivo de las dos cuentas que encontraron a su nombre.
Los investigadores, con los nuevos elementos reunidos en la causa, no descartan que González, al enterarse de los fondos que se manejaban en las cuentas a su nombre, podría haber amenazado con dar a conocer todo en caso de que no recibiera una mejor retribución económica por su tarea de testaferro. A causa de esta actitud, podría haber sido víctima de una venganza.
La última y, quizás más improbable, es que la desaparición de González haya sido un mensaje para algún personaje del sistema financiero paralelo. Los motivos y el destinatario son, por ahora, una incógnita.
Un problema
"Es muy difícil investigar este caso. La denuncia de su desaparición se hizo por lo menos 20 días después de que fue visto por última vez. Son muchos días para reconstruir", aseguró Miguel Gómez, jefe de Seguridad Personal que está a cargo de la investigación del caso.
Para colmo, los pesquisas se encontraron con otro problema: el empleado de Educación era una persona muy reservada que prácticamente no comentaba sobre su vida privada y, con el correr de la investigación, se toparon con datos desconocidos de la vida de González.
Otro elemento que juega en contra de la Policía es que no hay familiares que aporten datos de relevancia para poder avanzar aún más rápido con la investigación.
"Nos sorprendemos todos los días al leer el diario. No podemos creer que haya tenido la posibilidad de manejar semejante cantidad de dinero. Es imposible que esa plata haya sido suya. No tenía cómo obtenerla", expresó José Carlos Rodríguez, empleado de Educación.
Los compañeros de trabajo y vecinos de González aún no entienden muchas cosas. "Se dice que era casado, pero nosotros nunca lo vimos con una mujer. También aseguran que manejaba plata, pero apenas si le alcanzaba para comer. Este es un caso muy extraño, que nos sorprende día a día", expresó Laura Jiménez, vecina del desaparecido. LA GACETA (C)







