Hoy, el consumo de alimentos depende del ingreso de los consumidores y de las pautas culturales, hábitos y costumbres de los mismos.
Desde la década del 60 del siglo pasado, hasta la actualidad, el consumo de alimentos fue diferenciándose según los sectores sociales, de la misma manera en que fue creciendo la brecha de ingresos entre los que ganan más y los que menos tienen.
En ese entonces, no había tanta variedad en la oferta de productos alimenticios y la capacidad adquisitiva para ese tipo de artículos era similar en todos los sectores. Las canastas variaban, por lo general, en función de los gustos y las costumbres. En 1985, el INDEC realiza una encuesta de gastos en los hogares en la que ya se observan consumos diferenciados de alimentos en base a ingresos y los organismos oficiales comienzan a hablar de consumos de hogares pobres, de hogares medios y altos.
En 1996, las canastas muestran que se han separado aun más: las diferencias que presentan tienen que ver con la calidad y la cantidad de los productos consumidos.
En recientes estudios cualitativos de investigación realizados por la consultora en la Tucumán se observa que el consumo de alimentos mantiene una marcada diferenciación de acuerdo a los niveles socioeconómicos.
En los sectores de escasos recursos se recorre buscando precios y se adquieren segundas marcas, en función de incorporar alimentos que resulten "rendidores", sacien las necesidades y proporcionen los nutrientes necesarios para obtener un cuerpo fuerte y saludable que permita conservar la capacidad de trabajo.
El sector medio intenta recuperar los hábitos alimentarios perdidos, buscando nuevamente volver a las primeras marcas e intentando concentrar la compra en aquel centro que le ofrezca la mayor variedad y calidad posible. Comienza a privilegiarse en este segmento los alimentos que no atenten contra la estética corporal.
En los grupos medios y bajos, se opta en algunos casos por la compra mayorista de ciertos productos, no obstante se observa como complemento la vuelta al almacén de barrio, teniendo en cuenta que los precios en estos locales no difieren tanto, como antes, y se gana en accesibilidad, por lo que es allí -en numerosos casos- en donde se efectúa la compra diaria, sobre todo, de productos perecederos.
En el sector de mayor poder adquisitivo se privilegia la compra en un solo lugar, sin mayores búsquedas de precios, en función de evitar destinar tiempo de trabajo u ocio. En este segmento se menciona la escasez de mercadería de primeras marcas y de características "suntuosas" del rubro alimentación en la provincia. Son alimentos que sí se encuentran en góndolas de otras ciudades capitales del país. Se insiste fuertemente en este sector la preocupación por la estética y la conservación de la salud.
De acuerdo a lo expresado, se observa con claridad que aquel consumo unificado de los años 60, que atravesaba a los diferentes sectores, ha mutado hacia la diferenciación no solo cultural y regional, sino también en calidad y cantidad.
11 Junio 2006 Seguir en 









