En EE.UU. el yoga es una pasión

Los norteamericanos gastan unos 2.950 millones de dólares al año en clases, equipo, vestimenta, vacaciones, videos colchonetas e incienso.

24 Abril 2006
CHICAGO.- Yoga, la antigua práctica de las posturas, la respiración y la meditación, está ganando mucha atención por parte del mundo material del que sus practicantes más serios están tratando de escapar.

Y no es de extrañar. Los norteamericanos que practican yoga a menudo tienen un alto nivel de educación, cuentan con un ingreso más elevado que el promedio y están dispuestos a gastar un poco más en las llamadas compras "verdes", vistas como beneficiosas para el medio ambiento o la sociedad.

"Es como si estuviera pasando de un escenario crujiente del yoga al escenario Starbucks", dice Bill Harper, editor de Yoga Journal. "Desde los videos y la ropa, hasta las medias para los dedos del pie ... la gente está entrando a este mercado con ganas".

Un vistazo por los últimos número de su revista mensual, cuyo público se ha duplicado en los últimos cuatro años a 325.000 lectores, pone de manifiesto ese punto. Hay publicidades a cuatro colores del estilo de zapatillas Asics, prendas Eileen Fisher y Ford Motor Company.

Yoga Journal está otorgando la licencia para una edición en ruso y está preparándose para expandirse hacia otros mercados internacionales.

Los norteamericanos gastan unos 2.950 millones de dólares al año en clases de yoga, equipo, vestimenta, vacaciones, videos y demás, de acuerdo con un estudio encargado por la revista, alimentado en parte por los avejentados hijos del "baby boom" en busca de formas menos agresivas de mantenerse en forma. Aproximadamente 16,5 millones de personas estaban practicando yoga en los Estados Unidos a comienzos del año pasado, ya sea en estudios, en gimnasios o en sus casas, un aumento del 43 % desde el 2002, reveló el estudio.

Inundando el mercado
Los vendedores establecidos de equipo para yoga como Hugger Mugger y Gaiam Inc. han sido invadidos por competidores en el mercado de colchonetas, incienso, vestimenta y elaborados accesorios que van desde bolsos de diseño a almohadillas para ojos.

Lululemon Athletica con sede en Vancouver, por ejemplo, ha visto sus ventas de su indumentaria para yoga trepar a 100 millones de dólares desde que su empresario Chip Wilson fundó la compañía en 1998.

Los clientes no dejan escapar sus modernos pantalones y partes de arriba para usar en clase y, cada vez más, en el supermercado o si van a cenar afuera.

La compañía opera unas 40 tiendas, predominantemente en Canadá. Cuenta a Japón y a Australia como sus nuevos mercados y tiene un equipo administrativo recientemente designado que incluye a Robert Meers, ex CEO del fabricante de zapatillas Reebok, para ayudar a establecerse en Estados Unidos.

Este mes el alcance de Lululemon llegó al corazón de los Estados Unidos con la apertura de una tienda en Chicago.

"Muchos inversionistas están siendo atraídos por la moda", dice Corey Mulloy, un socio general de 34 años de Highland Capital Partners, una firma de capital de riesgo con sede en Boston.

Highland participa de Lululemon y de Yoga Works, una creciente cadena de estudios que ahora cuenta con 14 sucursales en el sur de California y Nueva York.

Las corporaciones por cierto han captado la onda. Rob Wrubel y George Lichter, más conocidos como los hombres detrás del sitio de Internet Ask Jeeves, en el 2003 proveyeron la refinanciación para Yoga Works, que fue fundada a finales de los `80.

Philip Swain, un ex ejecutivo del operador nacional de gimnasios Sports Club Co., ahora dirige la compañía, que pone el énfasis en la instrucción de alta calidad y que ha crecido mediante la consolidación de los estudios existentes.

Otro comercio en expansión, Exhale, se promociona a sí mismo como un "spa para mente y cuerpo", con elegantes sucursales en Los Angeles, Nueva York y otras áreas urbanas que combinan las clases de yoga con los tratamientos faciales, masajes y terapias alternativas como la acupuntura.

Cuenta con la instructora de yoga nacionalmente reconocida Shiva Rea como la "asesora de yoga creativo" y tiene respaldo de la firma de capital propio, Brentwood Associates.

Ganancias y práctica
Algunos cuestionan cómo el consumo está cambiando una disciplina con una fuerte base espiritual.

"Hemos sacado a esta antigua tradición, ciencia y arte del yoga de una cultura y de una religión y forma de ver el mundo y hemos tratado de transplantarlo al otro lado del planeta", dice Judith Hanson Lasater, una legendaria instructora de yoga quien cuenta con un doctorado en psicología oriental y occidental.

"Creo que no se da una combinación completa", agrega. Aún así, varios empresarios recalcaron que ellos son capaces de adherir a los principios curativos del yoga mientras simultáneamente obtienen ganancias.

"Se trata de belleza y de estética, no de opulencia", dice Joan Barnes, ex presidente ejecutivo y fundador de la cadena de indumentaria para niños Gymboree Corp., quien administra una pequeña cadena llamada Yoga Studio en el norte de California.

Para Cyndi Lee, de 52 años, fundadora y propietaria de Om, el popular centro de yoga de Nueva York, el negocio sigue siendo una labor de amor.

Lee dijo que ella ha rechazado numerosas ofertas de compra de la compañía a lo largo de los años, preocupada porque una pérdida de control pueda erosionar la sensación de comunidad que ella ha ayudado a crear.

"No es como McDonald`s, no es como sacar una hamburguesa", dice Lee. "No quiero convertirlo en una mercancía". (Reuters)

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