03 Marzo 2006 Seguir en 
Por Bernardo Sagastume
Si se pone la palabra "plagio" en el buscador Google, internet nos devolverá cientos de artículos al respecto, de los que bien podría haberse valido el autor (¿autor?) de este que aquí comienza...
El plagio ?la copia de obras ajenas, según el diccionario? no lo hainventado el hombre del siglo veinte ni el del veintiuno. Los clásicos poco valor daban a la originalidad: había una carta, un menú, de motivos y argumentos de la que se servían para elaborar su trabajo. Las tragedias y comedias de Shakespeare son rastreables en sus fuentes y no sólo las que refieren hechos de la historia. Todos los padres del teatro y de la épica bebían del agua de los mitos y, simplemente, los reescribían a su modo.
La diferencia entre fuente de inspiración y mera copia será siempre materiade discusión. Una discusión que lejos estará de alentar, por ejemplo, JorgeBucay, quien fue descubierto al haberse motivado demasiado con la obra deuna autora madrileña, a la que reproduce con exactitud notable en más decincuenta páginas de "Shimriti", que firmó con su nombre.
Tampoco se sentirá cómodo hablando de plagios Felipe Pigna, que empleó lasmismas palabras, en el mismo orden, que Amanda Paltrinieri cuando en sumultivendido "Los mitos de la historia argentina" describe la muerte deTupac Amaru. El despeinado amigo de Mario Pergolini, incluso, llegó a decir queesas habían sido las páginas que más habían gustado a varios de suslectores, cosa que no le extrañaba, ya que fueron escritas por él "con mucha bronca ydolor".
En estos casos, lo que molesta a las víctimas y lo que las pone en laconsideración pública es, quizás, que se trata de libros que han significadoabundantes ganancias a sus responsables. Poco investigados habrían sidoBucay y Pigna si sus volúmenes descansaran en la mesa de ofertas y no en la listade más vendidos.
Los grandes asesinos
Así como Pierre Menard repitió con exactitud el "Quijote", pero en uncontexto cultural diferente y ese fue su aporte, puede decirse, junto conBorges, que al robo debería seguirle el asesinato y eso bien lo sabemos losperiodistas, grandes ladrones y asesinos si los hay.
Las historias de falsificaciones nunca se acabarán y así como cada día se ledescubren nuevas trampas al científico surcoreano Hwang Woo-Suk, losbuscadores de hijos ilegítimos de la letra impresa seguirán dando de comer alos diarios.
La serie de televisión "Perdidos" se ha sumado a la lista, con denunciasante los tribunales contra la cadena ABC, su productora, por parte de un autordespechado, al que habían contratado, para después despedir, allá por 1977.
El plagio se usa también de manera militante por algunos cultores delllamado net.art, que mientras cuestionan el concepto romántico de artista genial,llevan a cabo intervenciones en la web, como crear una página oficial delVaticano falsa o disputarle el dominio (la dirección de internet) a unacompañía del tamaño de la juguetera eToys.
Lo que en la música o en el cine se denomina homenaje, en la literaturasuele ser castigado con dureza. Si no, que lo diga Daniel Omar Azetti, que haceunos años fue durante 24 horas (lo que tardó en ser descubierto) el ganadordel premio de La Nación de cuento, al presentar como suya una obra deGiovanni Papini. Quizás el jurado se lo concedió al advertir aportessustanciales, como el reemplazo de "cigarro" por "habano" o "gabardina"por "impermeable". (tendencias@agenciamp.com.ar - Agencia MP).
Si se pone la palabra "plagio" en el buscador Google, internet nos devolverá cientos de artículos al respecto, de los que bien podría haberse valido el autor (¿autor?) de este que aquí comienza...
El plagio ?la copia de obras ajenas, según el diccionario? no lo hainventado el hombre del siglo veinte ni el del veintiuno. Los clásicos poco valor daban a la originalidad: había una carta, un menú, de motivos y argumentos de la que se servían para elaborar su trabajo. Las tragedias y comedias de Shakespeare son rastreables en sus fuentes y no sólo las que refieren hechos de la historia. Todos los padres del teatro y de la épica bebían del agua de los mitos y, simplemente, los reescribían a su modo.
La diferencia entre fuente de inspiración y mera copia será siempre materiade discusión. Una discusión que lejos estará de alentar, por ejemplo, JorgeBucay, quien fue descubierto al haberse motivado demasiado con la obra deuna autora madrileña, a la que reproduce con exactitud notable en más decincuenta páginas de "Shimriti", que firmó con su nombre.
Tampoco se sentirá cómodo hablando de plagios Felipe Pigna, que empleó lasmismas palabras, en el mismo orden, que Amanda Paltrinieri cuando en sumultivendido "Los mitos de la historia argentina" describe la muerte deTupac Amaru. El despeinado amigo de Mario Pergolini, incluso, llegó a decir queesas habían sido las páginas que más habían gustado a varios de suslectores, cosa que no le extrañaba, ya que fueron escritas por él "con mucha bronca ydolor".
En estos casos, lo que molesta a las víctimas y lo que las pone en laconsideración pública es, quizás, que se trata de libros que han significadoabundantes ganancias a sus responsables. Poco investigados habrían sidoBucay y Pigna si sus volúmenes descansaran en la mesa de ofertas y no en la listade más vendidos.
Los grandes asesinos
Así como Pierre Menard repitió con exactitud el "Quijote", pero en uncontexto cultural diferente y ese fue su aporte, puede decirse, junto conBorges, que al robo debería seguirle el asesinato y eso bien lo sabemos losperiodistas, grandes ladrones y asesinos si los hay.
Las historias de falsificaciones nunca se acabarán y así como cada día se ledescubren nuevas trampas al científico surcoreano Hwang Woo-Suk, losbuscadores de hijos ilegítimos de la letra impresa seguirán dando de comer alos diarios.
La serie de televisión "Perdidos" se ha sumado a la lista, con denunciasante los tribunales contra la cadena ABC, su productora, por parte de un autordespechado, al que habían contratado, para después despedir, allá por 1977.
El plagio se usa también de manera militante por algunos cultores delllamado net.art, que mientras cuestionan el concepto romántico de artista genial,llevan a cabo intervenciones en la web, como crear una página oficial delVaticano falsa o disputarle el dominio (la dirección de internet) a unacompañía del tamaño de la juguetera eToys.
Lo que en la música o en el cine se denomina homenaje, en la literaturasuele ser castigado con dureza. Si no, que lo diga Daniel Omar Azetti, que haceunos años fue durante 24 horas (lo que tardó en ser descubierto) el ganadordel premio de La Nación de cuento, al presentar como suya una obra deGiovanni Papini. Quizás el jurado se lo concedió al advertir aportessustanciales, como el reemplazo de "cigarro" por "habano" o "gabardina"por "impermeable". (tendencias@agenciamp.com.ar - Agencia MP).
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