La violencia escolar

Los lazos de comunicación entre padres e hijos se van perdiendo.

12 Octubre 2004
La reciente tragedia en una escuela de Carmen de Patagones, donde un adolescente de 15 años mató a tres compañeros e hirió a cinco, fue la penosa materialización de una situación que permanecía latente en nuestra sociedad y que se había manifestado anteriormente a través de hechos aislados. Como si fuese un acto reflejo, a partir de ese hecho se suscitaron episodios de violencia escolar en Cachi (Salta), en Punta Alta (Buenos Aires), en Mar del Plata, en Bariloche y en Río Hondo.
En Tucumán, alumnas de la escuela Arroyo y Pinedo dijeron que fueron amenazadas de muerte por dos adolescentes que habían ingresado al establecimiento con un arma de fuego. Mientras, en la escuela Pantaleón Fernández, un chico de 9 años había amenazado a una compañera y a una docente con una trincheta. El viernes pasado, en Banda del Río Salí, tres alumnas simularon su propio secuestro poniendo en vilo a sus padres, a las autoridades y a la comunidad escolar.
La rápida acción de la Policía impidió que prosperara el plan de las adolescentes, quienes habían pensado incluso pedir rescate por ellas a sus padres. Según el relato de las colegiales, perpetraron el autosecuestro porque no se sentían contenidas en el hogar, para llamar la atención de sus padres. Esta travesura, como luego se la calificó, dista mucho de serlo. Este episodio, como los anteriores casos, son síntomas de una sociedad enferma, donde los lazos de comunicación entre padres e hijos se van perdiendo y tanto niños como adolescentes carecen de la contención, del afecto y de la educación que deben recibir en un hogar.
Si bien es cierto que el sistema educativo viene en franca declinación desde hace años, no es el único responsable. Se suele decir que la educación comienza por casa y prosigue en la escuela.
Por otro lado, la crisis económica profunda que viene padeciendo el país, la precariedad laboral, el desempleo y la marginalidad obligan a los padres a estar demasiadas horas fuera del hogar porque deben conseguir el sustento cotidiano. De ese modo, una buena parte de ellos desconoce, por lo general, qué es lo que hacen sus hijos. No hay un seguimiento de sus actividades. Los índices de alcoholismo y de drogadicción juvenil se han incrementado en los últimos años.El Gobierno provincial está preocupado por las situaciones de violencia adolescente, y por eso está trabajando en forma integrada para abordar el problema, dijo la secretaria de Educación. La funcionaria destacó la importancia de la ley de prevención porque enfoca la violencia en la escuela como un emergente de la violencia social, y prevé que haya talleres y paneles con padres y apoyo de ONG. Pese a que fue sancionada en mayo pasado, no se puede poner aún en marcha la norma porque, según el legislador autor de la iniciativa, falta reglamentarla. La funcionaria dijo que otra línea de trabajo consistirá en el seguimiento de casos para aprender de esas situaciones, y comprometer a los distintos equipos de trabajo de las Facultades de Derecho o Psicología a trabajar en ese seguimiento y brindar asesoramiento para el abordaje de los casos.
Si bien el Estado tiene un rol fundamental en la educación, es en el seno familiar donde los niños aprenden los valores éticos que serán enriquecidos en la escuela. Esta, a su vez, debe retomar el papel de formar, no sólo de brindar conocimientos. Para ello, el docente debe dedicarse a su tarea y no incorporar a sus obligaciones la de estar al frente de comedores.
Los episodios de violencia escolar son síntomas de la incomunicación y de la falta de afecto que viven miles de jóvenes en nuestra sociedad. Son casos en que la familia no los contiene. Es un problema que le compete entonces a toda la comunidad.

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