Ese pedazo de tierra que es el reflejo de nuestra vida

"La dignidad no se alcanza con la fama o el dinero, sino con acciones humanas", le dijo el rey Shahriyar a Scheherezade. Por Roberto Espinosa - Redacción LA GACETA.

03 Agosto 2008
Hasta el noble camello Almanzor estaba impresionado. A lo largo de la “Ruta de la muerte” hallaron carros chocados, heridos, algunos cadáveres... De lejos, divisaron en las afueras de la capital de la comarca un cerrito que los hizo pensar en lugar placentero para descansar. Una brisa pestilente les cacheteó las narices al aproximarse. “¿El río trae ese olor, morador?”, preguntó Scheherezade. “Es el basural convertido en montaña, donde se procesan los desperdicios, a la vera del Salí...”, contestó un jubilado que se lamentaba porque Al Rachid no les pagaba el 82% móvil, pese a que la Justicia se lo había ordenado. “La vida junto a la muerte en este asombroso Jardín...”, murmuró Shahriyar.
La copa de un tarco cobijó el cansancio del rey y de su amada doncella. El horizonte tragó los pensamientos del monarca. Ella supo entonces que iniciarían las mil y cuarenta y seis noches, cuando preguntó:
- ¿Por qué al hombre le cuesta concretar los sueños, oh rey mío? ¿Necesita sentirse en peligro de muerte para cambiar su monotonía y hacer realidad sus metas, sus deseos?
- Cuando nacemos, Alá nos da semillas y un pedazo de tierra virgen que representará nuestra vida. Hay quienes convierten ese lotecito en un vergel habitado por seres humanos, flores, árboles, pájaros, acequias. Otros diseñan un jardín, que muy pocos visitan, y también están aquellos que plantan una -tal vez dos veces- y nunca vuelven a hacerlo, y por desidia dejan que el yuyaral los tape. Estos pasan sus días quejándose y mirando la paja en el ojo ajeno, pero poco o nada hacen para remediar sus frustraciones y animarse a vivir de otro modo.
- “Cuando ya no trabaje...”, “cuando los hijos sean grandes... voy a dedicarme a lo que me gusta”, son expresiones que he escuchado a menudo.
- Siempre se trata de animarse a vivir los sueños. Ese pedazo de tierra refleja lo que somos y lo que hacemos de nosotros mismos. ¿Es un oasis? ¿Un desierto? El estado de un jardín, una casa, una ciudad o una comarca es el espejo de quienes viven en ellos. Nadie está obligado a ser importante o exitoso en la vida, eso es una circunstancia o una meta que establece una sociedad y que pocos logran en el sentido en que se lo plantea, amada mía. Creo que se debería aspirar a ser ante todo digno y consecuente con lo que se piensa y se siente. La dignidad no se alcanza con la fama, con el dinero, sino con acciones humanas, con prácticas compartidas con los seres queridos y con aquellos que nos rodean. Es un aprendizaje constante. Una siembra permanente, aunque la cosecha no siempre sea buena.
- Está la realización personal y también la colectiva...
- El hombre es el resultado de un proceso afectivo, espiritual, social y cultural. Se le echa la culpa a la vida, al destino, a Alá o a los demás de lo que no hacemos o no sabemos construir. Si sumas miles de personas insatisfechas, frustradas, quejosas, que se mienten a sí mismas, y se convierten en mayoría, tendrás un pueblo y a gobernantes -como los de este Jardín- con esas características. Para descubrir lo que se quiere ser hay que conocerse. Y si amas lo que haces, te comprometes y te apasionas, concretarás una buena parte de tus sueños y llegarás lejos como ser humano. Lo mismo sucederá con un pueblo.
- ¿Qué harías si te dijeran que habrás de morirte en una hora?
- Pensaría que la vida es un milagro y haya hecho o no de ella un oasis, agradecería a todos los que me ayudaron a superar los obstáculos y a ser mejor persona. Y diría tal vez como aquel poeta chileno: “confieso que he vivido”.

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