03 Agosto 2008 Seguir en 
“Las paredes de ladrillos están ahí por una razón: nos permiten demostrarnos cuánto queremos algo”, dijo Randy Pausch, el profesor de la Universidad de Carnegie Mellon, de 47 años, al que le diagnosticaron un cáncer terminal de páncreas y que aportó sus enseñanzas sin dramatismo, antes de morir.
“La historia de Randy Pausch (marketing aparte) impresiona por la vitalidad con que asumió su propia y cercana muerte. Los excelentes consejos de vida para sus hijos surgen de esa experiencia. Salvo los dichosos a quienes la muerte visita inesperadamente y se los lleva sin que se den cuenta, todos hemos de hacer frente a este asunto. Asunto inevitable y sin remedios posibles”, afirma Jorge Estrella, doctor en Filosofía y escritor.
El pensador tucumano considera que “la tela de la vida está hecha de tiempo”. “Y el tiempo tiene esa curiosa condición de estar abierto hacia el futuro. En ese futuro -señala- depositamos sueños, deseos, proyectos. Y estos, sabemos, no caen cumplidos en el presente: debemos conquistarlos entre dificultades cuya magnitud puede vencernos o fortalecernos”.
“En ese juego entre nuestros deseos y las resistencias que el mundo nos opone -acota Estrella-, tenemos la posibilidad de conocernos mejor nosotros mismos. Porque sentimos casi en la piel esas resistencias y así aprendemos nuestros límites”.
Un muro inviolable
Estrella recuerda que su amigo Néstor Grau comparó en su poema “A la diosa de la muerte”, la certidumbre ante la muerte personal como un “muro inviolable”. “Pero aún ante ese límite de frontera final, también podemos tomar conciencia de nuestra libertad. Porque enfrentados a la dificultad máxima, la de nuestra propia muerte, estamos obligados -acota el escritor- a darle un sentido. Pues ella, de suyo, no lo tiene (o al menos no lo muestra, ni puede hacerlo) ¿Cómo he de verla? Y nótese la casi interminable (a veces disparatada) cantidad de respuestas que las personas vienen haciendo suyas: porque es la voluntad de Dios, porque llegó la hora de reencarnarme en otro ser vivo, porque la entropía triunfa siempre sobre los organismos, porque tal bruja ‘me hizo mal’, porque estaba escrito…”
El doctor en Filosofía considera que “espontáneamente vivimos la ilusión de ser para siempre”. “El despertar cada día nos confirma esa ilusión, presentimos que seguirá siendo así. El éxito de las religiones afinca en su defensa consoladora de esa ilusión”, dice Estrella y agrega: “La repentina información sobre nuestro próximo fin, nos deja en la intemperie de un mundo que seguirá sin nosotros. Y esa representación es muy difícil de tolerar”.
“La historia de Randy Pausch (marketing aparte) impresiona por la vitalidad con que asumió su propia y cercana muerte. Los excelentes consejos de vida para sus hijos surgen de esa experiencia. Salvo los dichosos a quienes la muerte visita inesperadamente y se los lleva sin que se den cuenta, todos hemos de hacer frente a este asunto. Asunto inevitable y sin remedios posibles”, afirma Jorge Estrella, doctor en Filosofía y escritor.
El pensador tucumano considera que “la tela de la vida está hecha de tiempo”. “Y el tiempo tiene esa curiosa condición de estar abierto hacia el futuro. En ese futuro -señala- depositamos sueños, deseos, proyectos. Y estos, sabemos, no caen cumplidos en el presente: debemos conquistarlos entre dificultades cuya magnitud puede vencernos o fortalecernos”.
“En ese juego entre nuestros deseos y las resistencias que el mundo nos opone -acota Estrella-, tenemos la posibilidad de conocernos mejor nosotros mismos. Porque sentimos casi en la piel esas resistencias y así aprendemos nuestros límites”.
Un muro inviolable
Estrella recuerda que su amigo Néstor Grau comparó en su poema “A la diosa de la muerte”, la certidumbre ante la muerte personal como un “muro inviolable”. “Pero aún ante ese límite de frontera final, también podemos tomar conciencia de nuestra libertad. Porque enfrentados a la dificultad máxima, la de nuestra propia muerte, estamos obligados -acota el escritor- a darle un sentido. Pues ella, de suyo, no lo tiene (o al menos no lo muestra, ni puede hacerlo) ¿Cómo he de verla? Y nótese la casi interminable (a veces disparatada) cantidad de respuestas que las personas vienen haciendo suyas: porque es la voluntad de Dios, porque llegó la hora de reencarnarme en otro ser vivo, porque la entropía triunfa siempre sobre los organismos, porque tal bruja ‘me hizo mal’, porque estaba escrito…”
El doctor en Filosofía considera que “espontáneamente vivimos la ilusión de ser para siempre”. “El despertar cada día nos confirma esa ilusión, presentimos que seguirá siendo así. El éxito de las religiones afinca en su defensa consoladora de esa ilusión”, dice Estrella y agrega: “La repentina información sobre nuestro próximo fin, nos deja en la intemperie de un mundo que seguirá sin nosotros. Y esa representación es muy difícil de tolerar”.











