La última clase del profesor Randy Pausch

El catedrático estadounidense, perdió la batalla de la vida, pero ganó la de la posteridad con su legado.

EL ADIOS. Randy Pausch conmovió a un auditorio de 400 personas.
EL ADIOS. Randy Pausch conmovió a un auditorio de 400 personas.
03 Agosto 2008
En algunas universidades de Estados Unidos hay una tradición por la que los profesores recitan lo que se llama “la última lección”. Una clase en la que los conferenciantes dejan sus enseñanzas más importantes, como si fuera la última de sus vidas. Sin embargo, el caso de Randy Pausch fue literal, porque acudió a impartir esta clase después de que un médico le diagnosticara un cáncer terminal de páncreas, cuya esperanza de vida eran de tres a seis meses.
La conferencia se concretó el 18 de septiembre de 2007 ante un auditorio de 400 personas en la Universidad Carnegie Mellon, de Pittsburgh. Fueron 76 minutos llenos de humor y candidez. Pausch habló sin dramas sobre su enfermedad, contó sus sueños de infancia, repasó su vida, reafirmó su amor por su mujer -incluso la sorprendió en el escenario con una torta-, sus padres e hijos y se despidió de mentores y alumnos con gracia y consejos
El último viernes de julio de 2008  se produjo el final anunciado del profesor de informática. Pausch fue considerado por la revista “Time” como una de las 100 personas más influyentes del mundo y por la cadena de televisión estadounidense ABC, como uno de los tres personajes de 2007. Trabajó para Walt Disney Imagineering y para Electronic Arts (EA). Asesoró a Google. Escribió cinco libros y más de 70 artículos Pero nada de ello fue más importante para el catedrático de Carnegie Mellon, que su familia.  En “La última lección” (The Last Lecture), que el columnista de The Wall Street Journal, Jeffrey Zaslow, convirtió en libro, ya vendió 4,5 millones de ejemplares. Más de 10 millones de personas ya vieron el video de la clase por internet. Una de las páginas web a la cual se puede acceder a la última lección es www.cmu.edu/uls/journeys/randy-pausch/index.html.
“Intento ponerme a mí mismo en una botella que algún día aparecerá en la playa para mis hijos”, explicó. Por eso llevó a su hijo mayor, Dylan, a nadar con delfines. Con apenas 6 años, sabía que era muy poco lo que recordaría de él. “Nadar con delfines no es algo que olvidará fácilmente”, apuntó. Al segundo, Logan, lo invitó a Disney y se encargó de “presentarle” a su héroe, Mickey. También se dio algunos gustos: fue a bucear con sus tres mejores amigos, compró un auto convertible, se sometió a una vasectomía y pasó todo el tiempo disponible con su esposa Jai. Lo más difícil fue con Chloe, su hija de un año. Le grabó videos con mensajes tan claros como contundentes y llenos de pasión paternal: “quiero que crezcas sabiendo que yo fui el primer hombre que se enamoró de vos”.

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