03 Agosto 2008 Seguir en 
Dicen que todo hombre es capaz de soñar. Y aun más, sin sueños la vida sería aburrida, casi sin sentido. "Un hombre es tan grande como los sueños que tiene", le agradaba repetir a un popular líder político argentino del siglo pasado que varios años estuvo proscripto. No obstante ello hay sueños que sólo duran una parte de nuestras vidas (como ingresar a la universidad, conseguir algún trabajo, comprar tal o cual cosa,etc.). Sueños que no son nocivos o malos, para diferenciarlos de alguna forma, pero que en cuanto se cumplen dejan de movilizarnos o de alentarnos. Hace pocas semanas, la muerte del profesor estadounidense Randy Pausch, a quien le habían diagnosticado un cáncer terminal, que desdramatizó su muerte y le dio un sentido positivo, conmovió a una buena parte del mundo.
A los 42 años. el tucumano Ricardo Podazza, talentoso actor del Teatro Estable de la provincia, le dijeron que padecía el mal de Hodgkin. Hasta ese momento gozaba del reconocimiento artístico, pero su vida personal no atravesaba por un buen momento. "Me detectaron al cáncer a tiempo. Previo al diagnóstico había comenzado a practicar el budismo. Me volqué a esa práctica y a encontrar de nuevo un camino. La posibilidad era que me iba a morir. Con los años fui armando otra vida, más chiquita, más tranqui. Nunca permití que me entrara un solo pensamiento negativo", cuenta Podazza
El actor y docente teatral, de 53 años, señala que a veces el hombre se aleja de los conceptos básicos de la vida, "de los verdaderos valores: la familia, el amor, la vida en el sentido bueno y positivo". "Uno cree que la felicidad es la diversión, pero pasa por un estado de vida que no muchos están dispuestos a sacrificar. En algún momento, la fiesta, en el sentido dionisíaco, debe terminar y pasar a otra cosa, mucho más resistente en el tiempo", señala. "La pérdida del laburo, por ejemplo, te hace pensar que la felicidad está en cosas más simples, menos extremas, como una caricia. Hay que aprender a vivir con la cosa cotidiana; es importante tener una pareja que te acompañe y que te guíe".
Podazza acota: "nos creemos infinitos, no tenemos la sensación de la muerte, creemos que vamos a durar siempre. Al pasado no lo podés modificar, pero los conflictos a nivel pareja, amigos, con uno mismo, pueden replantearse. La única verdad es hoy es hacer lo mejor que puedas. Al proyecto hay que cumplirlo hoy".
Alentar la vida
A lo largo de los 34 años que convivió con su enfermedad, fue asentando sus reflexiones en su diario. "Los sueños tienen esa capacidad de alentar la vida", escribió el ya extinto Luis Gustavo Elsinger durante el tratamiento con aplicaciones de cobalto por un tumor canceroso que comenzaba a ramificarse.
"Los sueños -escribió- evitan que mi vida sea llana y lenta porque la vuelven vertical y plena de movimientos vivos, variados y perseverantes. Cada vez que encaro la concreción de un sueño siento que doy el primer paso hacia la realidad de vivir descubriendo nuevas cosas sin caer en rutinas ni pasar un día igual a otro. Siempre tengo algo que lograr. Ello me hace crecer y conquistar una parte de mi que ignoraba. Me estoy convirtiendo en dueño de mis decisiones; dirijo lo que hago por dónde quiero y soy el propio y verdadero dueño de mi vida".
"Descubro fortalezas que nunca pensé tener, potencio habilidades que tenía dormidas; supero defectos y quiebro límites. Creo que inicié un gran camino porque encontré la puerta que cada vez que la abro me conecta con Dios ...", dijo Elsinger, quien falleció a los 52 años. Sin embargo, no murió de cáncer sino como consecuencia de un virus intrahospitalario que contrajo durante una intervención quirúrgica a corazón abierto para reemplazarle sus válvulas aórtica y mistral.
Ocurre con frecuencia que el hombre posterga los sueños de realización personal para el futuro. "Experiencia es lo que obtienes cuando no consigues lo que quieres", dijo Randy Pausch, en su última conferencia. "Los obstáculos nos dan una chance para demostrar cuánto queremos algo. Si en verdad ese es tu objetivo, si en verdad soñás con aquello que parece imposible, superarás los pantanos como sea", aseveró. Las situaciones límite llevan a veces a concretar en pocos días, lo que no se hizo en años. Si alguien se entera de que mañana morirá los interrogantes se multiplicarían. Y quizás se pregunte: ¿cómo me despediría? ¿Qué les diría a los demás? ¿Qué haría? ¿Qué dejaría de hacer?
El 4 de julio de 1939, Lou Gehrig, el emblemático beisbolista de los Yankees de Nueva York, comunicó a más de 60.000 espectadores que le habían diagnosticado una enfermedad terminal. El discurso pasó a la historia por su emotividad y por una mítica frase: "aún hoy me considero el hombre más afortunado sobre la faz de la Tierra".
A los 42 años. el tucumano Ricardo Podazza, talentoso actor del Teatro Estable de la provincia, le dijeron que padecía el mal de Hodgkin. Hasta ese momento gozaba del reconocimiento artístico, pero su vida personal no atravesaba por un buen momento. "Me detectaron al cáncer a tiempo. Previo al diagnóstico había comenzado a practicar el budismo. Me volqué a esa práctica y a encontrar de nuevo un camino. La posibilidad era que me iba a morir. Con los años fui armando otra vida, más chiquita, más tranqui. Nunca permití que me entrara un solo pensamiento negativo", cuenta Podazza
El actor y docente teatral, de 53 años, señala que a veces el hombre se aleja de los conceptos básicos de la vida, "de los verdaderos valores: la familia, el amor, la vida en el sentido bueno y positivo". "Uno cree que la felicidad es la diversión, pero pasa por un estado de vida que no muchos están dispuestos a sacrificar. En algún momento, la fiesta, en el sentido dionisíaco, debe terminar y pasar a otra cosa, mucho más resistente en el tiempo", señala. "La pérdida del laburo, por ejemplo, te hace pensar que la felicidad está en cosas más simples, menos extremas, como una caricia. Hay que aprender a vivir con la cosa cotidiana; es importante tener una pareja que te acompañe y que te guíe".
Podazza acota: "nos creemos infinitos, no tenemos la sensación de la muerte, creemos que vamos a durar siempre. Al pasado no lo podés modificar, pero los conflictos a nivel pareja, amigos, con uno mismo, pueden replantearse. La única verdad es hoy es hacer lo mejor que puedas. Al proyecto hay que cumplirlo hoy".
Alentar la vida
A lo largo de los 34 años que convivió con su enfermedad, fue asentando sus reflexiones en su diario. "Los sueños tienen esa capacidad de alentar la vida", escribió el ya extinto Luis Gustavo Elsinger durante el tratamiento con aplicaciones de cobalto por un tumor canceroso que comenzaba a ramificarse.
"Los sueños -escribió- evitan que mi vida sea llana y lenta porque la vuelven vertical y plena de movimientos vivos, variados y perseverantes. Cada vez que encaro la concreción de un sueño siento que doy el primer paso hacia la realidad de vivir descubriendo nuevas cosas sin caer en rutinas ni pasar un día igual a otro. Siempre tengo algo que lograr. Ello me hace crecer y conquistar una parte de mi que ignoraba. Me estoy convirtiendo en dueño de mis decisiones; dirijo lo que hago por dónde quiero y soy el propio y verdadero dueño de mi vida".
"Descubro fortalezas que nunca pensé tener, potencio habilidades que tenía dormidas; supero defectos y quiebro límites. Creo que inicié un gran camino porque encontré la puerta que cada vez que la abro me conecta con Dios ...", dijo Elsinger, quien falleció a los 52 años. Sin embargo, no murió de cáncer sino como consecuencia de un virus intrahospitalario que contrajo durante una intervención quirúrgica a corazón abierto para reemplazarle sus válvulas aórtica y mistral.
Ocurre con frecuencia que el hombre posterga los sueños de realización personal para el futuro. "Experiencia es lo que obtienes cuando no consigues lo que quieres", dijo Randy Pausch, en su última conferencia. "Los obstáculos nos dan una chance para demostrar cuánto queremos algo. Si en verdad ese es tu objetivo, si en verdad soñás con aquello que parece imposible, superarás los pantanos como sea", aseveró. Las situaciones límite llevan a veces a concretar en pocos días, lo que no se hizo en años. Si alguien se entera de que mañana morirá los interrogantes se multiplicarían. Y quizás se pregunte: ¿cómo me despediría? ¿Qué les diría a los demás? ¿Qué haría? ¿Qué dejaría de hacer?
El 4 de julio de 1939, Lou Gehrig, el emblemático beisbolista de los Yankees de Nueva York, comunicó a más de 60.000 espectadores que le habían diagnosticado una enfermedad terminal. El discurso pasó a la historia por su emotividad y por una mítica frase: "aún hoy me considero el hombre más afortunado sobre la faz de la Tierra".










