La poesía es la cenicienta de las editoriales

El escritor sanjuanino (residente en Tucumán desde hace 36 años) Rogelio Ramos Signes ofrece la crónica de la muestra porteña con su singular mirada.

UN EXITO. La 34ª edición de la Feria, que termina el lunes, ha sido visitada por mucha gente, y las ventas fueron buenas, según los organizadores. FOTO TELAM
UN EXITO. La 34ª edición de la Feria, que termina el lunes, ha sido visitada por mucha gente, y las ventas fueron buenas, según los organizadores. FOTO TELAM
09 Mayo 2008
BUENOS AIRES, (por Rogelio Ramos Signes, Especial para LA GACETA).- A la hora de hablar de poesía todos son elogios para el género. Lo más inspirado y lo más exquisito parecen anidar en esa forma admirada e ignorada. Nadie arriesga una opinión discordante: la poesía sigue siendo algo indiscutido. ¿Será porque enfrentarse con la poesía es desnudar alguna falencia en la cultura personal?
"No la entiendo pero me gusta" es una frase que se escucha con cierta frecuencia. Pero ¿qué hay que entender? Desde Bécquer hasta Neruda (sólo por mencionar autores muy conocidos), desde la síntesis hasta el exceso verbal, la poesía plasma un estado de ánimo indescifrable. Enuncia y clarifica, condensa y abarca, pero no explica.
Definida en su primera acepción por el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia como la "manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra", la poesía brilla pero no es consultada.
Si bien este año el libro de poemas "El andariego", del escritor y artista plástico santafesino Hugo Padeletti recibió el premio por el Mejor Libro Argentino de Creación Literaria de Edición 2007, la poesía es, desde hace décadas, la cenicienta de las grandes editoriales.
Salvo los clásicos (antiguos o modernos, pero clásicos) los poetas se han visto acorralados y reducidos a pequeñas ediciones. Eso hizo que florecieran las editoriales dedicadas al género, con tirajes más o menos pequeños (de entre trescientos y quinientos ejemplares), casi siempre pagados por los propios autores y con una calidad artesanal que fue mejorando con los años y que hoy, verdaderamente, seduce.
El galardón a Padeletti bien puede ser un reconocimiento a la poesía, como puerta abierta a una literatura para públicos numerosos, aunque no deberíamos engañarnos. Este premio no deja de ser una rareza; una loca ilusión; una golondrina que, fiel a la tradición de nuestro país, tampoco hará verano. Pero lo cierto es que todos en la Feria de este año hablan de poesía, de este autor en particular y de un libro que muy pocos conocen. Ya sabemos que la poesía (porque no se vende, porque casi siempre disiente) es un género ampliamente capacitado para cortar el discurso del poder. Pero ¿quiénes quieren que el discurso del poder sea cortado? No los funcionarios, desde luego; ellos pelean y se legitiman desde una cháchara incontinente que pegotea palabra con palabra hasta crear una maraña que nada significa. Tampoco los consumidores de frases salvadoras; de esas tan propicias para repetir a la hora del café, o para hacer un cuadrito y colgarla en la pared de la oficina.
En esta 34º Feria Internacional del Libro de Buenos Aires (que encierra y contiene, entre otras actividades, el 3º Festival Internacional de Poesía) ya se habla de ventas que superan a las de años anteriores. Se habla también de un público extranjero que, favorecido por el cambio monetario, adquiere libros inaccesibles para un consumidor argentino.
Y si bien esto nos duele a los lectores locales, porque una vez más no tenemos acceso a los libros que deseamos, las editoriales igual facturan cifras inimaginables. Ya se sabe que el dinero no tiene patria.
Y ahí, en los intersticios que dejan las multinacionales del libro, en esos pequeños pasadizos no tenidos en cuenta por los poderosos, es donde crecen las pequeñas editoriales. Son muchas. Podría decirse que ellas también crecen año a año, con sus libros de poesía cada vez mejor impresos y sus catálogos con nombres novedosos. Es verdad, muchos de los autores que editan sus libros en esas pequeñas compañías son apenas conocidos, pero también son quienes llevan adelante la voz lírica del país, que sigue siendo importante aunque no se registre en el arqueo de caja tras cada jornada.
Mientras tanto las lecturas públicas y las conferencias continúan, y el 3º Festival Internacional de Poesía (como un Jonás irreductible dentro de esta gran ballena que es la Feria del Libro) convoca a un público cada vez mayor; un público al que el presupuesto sólo le alcanzó para pagar la entrada.

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