17 Diciembre 2007 Seguir en 
"El nacimiento del Movimiento Juvenil Dominicano (MJD) coincidió con un cambio en el modo de enfocar el compromiso religioso, explica la hermana María Lía Herrera, a propósito del espacio que ayudó a crear hace 20 años desde el Colegio Santa Catalina para acercar a los jóvenes a una experiencia de contacto con los necesitados.
"Habíamos puesto al colegio en clave misionera", afirmó la hermana María Lía. Al colegio Santa Catalina se sumó con el tiempo el Santa Rosa (de la misma congregación). El MJD es mixto, y en Tucumán lo integran 150 jóvenes de entre 14 y 35 años.
Nacida en Santiago del Estero, la religiosa, que es abogada, es en la actualidad la referente congregacional de la Escuela Elmina Paz de Gallo, en Haedo (Buenos Aires).
"El MJD surgió por una necesidad que teníamos en el Santa Catalina de que los jóvenes tuvieran una experiencia que les hiciera cuestionarse su modo de vida", explicó la hermana María Lía, que trabajó nueve años en zonas populares de la Argentina y del Brasil (en las favelas de Joao Pessoa). El MJD comenzó en la Villa Vieja de Trancas, y se extendió a Córdoba, a Benjamín Paz (Trancas), a Brasil, a Bolivia (Cochabamba), a México (Cuernavaca) y a Francia (Taizé).
"La iniciación consiste en un trabajo comunitario juvenil, que puede durar entre seis y ocho años. Luego, la persona puede sumarse a otro proyecto. Entonces, el joven debe comunicarle a otro joven su experiencia", dijo la religiosa. Prueba de la perdurabilidad de esa apuesta son las experiencias de Silvana Rodríguez (coordinadora de Voluntariado) y de Lorena Cecilia (coordinadora general del Movimiento), que comenzaron a actuar en el MJD cuando eran adolescentes, y que en 15 años -ya como profesionales- han sumado a sus respectivos esposos e hijos a las distintas acciones de voluntariado y de trabajo comunitario.
Como ellas, otros 20 miembros del MJD que cumplen dos décadas de misión permanente desde ese espacio con el que ellos intentan ayudar a las distintas comunidades (trabajan en especial con mujeres y con niños) a desarrollar proyectos de autogestión.
"Yo empecé hace 16 años a trabajar en la Villa Vieja, en Trancas, y ahora continúo, con mi familia, con dos niños. Lo que hacemos es una promoción social autogestiva. En la Villa Vieja hemos trabajado con mujeres que empezaron un emprendimiento de viveros, primero con donaciones, y después con el apoyo del Programa Social Agropecuario (PSA). En este momento hay dos invernaderos, y la municipalidad les compra los plantines", explicó Silvana.
Lorena, que es docente en el Colegio Santa Rosa, también viene trabajando en el MJD desde los 14 años -tiene 29- en Benjamín Paz, en una tarea de inserción comunitaria de largo aliento, que se desarrolla particularmente en torno de la comunidad de origen boliviano.
"Habíamos puesto al colegio en clave misionera", afirmó la hermana María Lía. Al colegio Santa Catalina se sumó con el tiempo el Santa Rosa (de la misma congregación). El MJD es mixto, y en Tucumán lo integran 150 jóvenes de entre 14 y 35 años.
Nacida en Santiago del Estero, la religiosa, que es abogada, es en la actualidad la referente congregacional de la Escuela Elmina Paz de Gallo, en Haedo (Buenos Aires).
"El MJD surgió por una necesidad que teníamos en el Santa Catalina de que los jóvenes tuvieran una experiencia que les hiciera cuestionarse su modo de vida", explicó la hermana María Lía, que trabajó nueve años en zonas populares de la Argentina y del Brasil (en las favelas de Joao Pessoa). El MJD comenzó en la Villa Vieja de Trancas, y se extendió a Córdoba, a Benjamín Paz (Trancas), a Brasil, a Bolivia (Cochabamba), a México (Cuernavaca) y a Francia (Taizé).
"La iniciación consiste en un trabajo comunitario juvenil, que puede durar entre seis y ocho años. Luego, la persona puede sumarse a otro proyecto. Entonces, el joven debe comunicarle a otro joven su experiencia", dijo la religiosa. Prueba de la perdurabilidad de esa apuesta son las experiencias de Silvana Rodríguez (coordinadora de Voluntariado) y de Lorena Cecilia (coordinadora general del Movimiento), que comenzaron a actuar en el MJD cuando eran adolescentes, y que en 15 años -ya como profesionales- han sumado a sus respectivos esposos e hijos a las distintas acciones de voluntariado y de trabajo comunitario.
Como ellas, otros 20 miembros del MJD que cumplen dos décadas de misión permanente desde ese espacio con el que ellos intentan ayudar a las distintas comunidades (trabajan en especial con mujeres y con niños) a desarrollar proyectos de autogestión.
"Yo empecé hace 16 años a trabajar en la Villa Vieja, en Trancas, y ahora continúo, con mi familia, con dos niños. Lo que hacemos es una promoción social autogestiva. En la Villa Vieja hemos trabajado con mujeres que empezaron un emprendimiento de viveros, primero con donaciones, y después con el apoyo del Programa Social Agropecuario (PSA). En este momento hay dos invernaderos, y la municipalidad les compra los plantines", explicó Silvana.
Lorena, que es docente en el Colegio Santa Rosa, también viene trabajando en el MJD desde los 14 años -tiene 29- en Benjamín Paz, en una tarea de inserción comunitaria de largo aliento, que se desarrolla particularmente en torno de la comunidad de origen boliviano.







