"A los gobiernos no les interesa la cultura"

Griselda Barale, directora de la flamante especialización en Gestión Cultural, afirma que los nuevos tiempos exigen nuevos perfiles.

22 Abril 2007
Griselda Barale de Kirschbaum todavía conserva la tonada riocuartense de la infancia, y la mirada que le permite recortar un Tucumán distinto donde el nativo ve rutina. Por lo demás, en su compromiso con la comunidad y en los vínculos afectivos, la directora de la flamante Especialización en Gestión Cultural de la UNT y autora del libro "El patrimonio olvidado" es una tucumana más, preocupada por esta provincia que la ha adoptado hace más de treinta años.
"La cultura -afirma- mejora la calidad de vida de la gente. En el barrio, en el club, en la parroquia, en la empresa, las actividades culturales mejoran la vida, porque abren el abanico de placeres. Quienes disfrutan de la cultura tienen más alegría. Por eso digo que lo cultural se vincula con lo social. Pero la acción cultural debe ser gestionada por alguien que haya adquirido las herramientas para hacerlo".

- ¿Cuál es la razón de ser del gestor cultural?
- Tradicionalmente, se le ha dado la administración de la cultura a dos dos tipos de perfiles: el intelectual de prestigio, o el pintor, o el artista, que toma ese cargo como la coronación de una carrera. Pero eso no necesariamente significa saber gestionar la cultura.

- El concepto de André Malraux y su ministerio de Cultura, durante la gestión De Gaulle...
- Exactamente. O se la dan a los políticos de segunda línea como premio consuelo. Y no les dan dinero. A los gobiernos no les interesa demasiado la cultura, porque la asocian con la gente más crítica, con la más rebelde, con la que no les garantiza votos. Y después de la Segunda Guerra Mundial, el tema de la gestión de cultura se hizo muy complejo, debido a la irrupción de la cultura de masas y de las tecnologías blandas.

- ¿Qué son las tecnologías blandas?
- Son procesos de las ciencias sociales, de las artes, de la política, que no producen un producto de ingeniería, un artefacto, sino otro tipo de producto. Y la gestión cultural da como resultado un producto, que puede ser una exposición, o un suplemento literario, o un plan de cultura de una provincia, de un país; o una empresa que quiere llegar al medio a través de la cultura, y que necesita de una persona que entienda cómo destinar fondos y esfuerzos hacia la cultura. Además, se entiende a la cultura como valor agregado.

- ¿Cómo surgió la carrera?
- Con la secretaria de Posgrado de la UNT (Susana Maidana) vimos que Tucumán tiene un importante capital cultural, tanto simbólico como económico. Porque, así como se produce azúcar, en Tucumán se produce cultura. Desde una perspectiva cultural, Tucumán no genera lo que podría generar. Podemos hablar de lo que fue el Setiembre Musical o de la cantidad de artistas plásticos que hay. Tucumán no es sólo empanada y folclore, aunque, ojo, no desmerezco para nada la cultura popular. Pero miremos, por ejemplo, a Ushuaia; están organizando su Bienal del Fin del Mundo, que es un valor agregado. O el Chaco, con sus esculturas, que la han convertido en una ciudad con un perfil propio.

- Hablemos de su nuevo libro, donde analiza los cementerios tucumanos. ¿Cómo nace?
- Me he centrado en el cementerio del Norte y en el del Oeste, con una cita del cementerio judío. Ahora puedo ver que mi interés por el tema tuvo con el cierre de etapas, un cierre en mi formación, y la muerte de papá. Y además, porque siempre me interesó la filosofía de la cultura. Y la cultura tucumana siempre me ha asombrado. Y tenía ganas de estudiar un tema como la muerte, que en la historia de la filosofía siempre ha estado presente, porque todos los pueblos tienen su propia concepción de la muerte. Y tomé los cementerios; pero como hay muchos, me enfoqué en los dos más tradicionales. Lo hicimos con los jóvenes que trabajan conmigo. Fue un trabajo arduo. He querido rescatar con palabras un patrimonio que está olvidado.

- ¿Qué ha encontrado en común en los dos cementerios?
- Los epitafios de sentimientos hacia el que se va no son tan diferentes. Pero en el del Oeste, sobre todo en las tumbas de principios de siglo, hay muchas referencias a la industria azucarera. Lo que hemos visto en común es que son dos lugares olvidados, y patrimonialmente muy ricos, cada uno en lo suyo. El del Norte tiene un rico patrimonio cultural popular. Y el del Oeste es patrimonialmente exquisito en cuanto muestra el cambio de una sociedad que pasa de los mitos de la tierra a los mitos del hierro, con la impronta de la industria azucarera. En esos mausoleos se ve modernidad, la pujanza de los pioneros. Y en el del Norte están las pequeñas historias de las tumbas milagreras; o de los personajes populares de Tucumán.

- ¿Cómo es la relación de los deudos con los muertos?
- Más fría en el del Oeste. En el del Norte, en cambio, el día de los muertos, se convierte como una feria, con vendedores de barquillos, gente que se encuentra a charlar mientras limpia las tumbas, como algo muy social, muy festivo. Ahí, el día de los muertos no es pesadamente triste. Eso sí, ya no se venden tantas flores como antes.

- ¿Ha encontrado rasgos de sincretismo?
- En el cementerio judío. Las tumbas, allí, suelen ser más grises. Sin embargo, hay una tumba, la de Malka Salz, que es diferente. Esta tumba tiene ex votos, como las de los milagreros de los cristianos. Aunque yo hablo de la tumba del "Rebe", en Queens, en Nueva York, la tumba de Malka es especial en el cementerio judío. Ella era santiagueña, y lavaba los cuerpos de los muertos antes de su entierro, en el ritual de los judíos. He entrevistado a gente que se refería a Malka como si fuera alguien a quien pedirle. Malka es una mediadora, alguien a quien pedirle cuando una tiene un dolor en el corazón, como me ha dicho una mujer. Hay casitas, hay plaquitas que dicen: "gracias Malka por los favores recibidos".

- Y en el Cementerio del Norte, ¿qué le ha llamado la atención?
-La presencia de muchos gitanos enterrados en el cementerio. Tienen su monumento importante, sus tumbas bien cuidadas. He tratado de entrevistarlos, pero se han negado. Me ha llamado la atención cómo gente que vive yendo de un lugar a otro, sin embargo tiene una presencia importante, estable, en el Cementerio del Norte.


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