Se demandan productos y servicios antes innecesarios

Por Roxana Laks - Julio Chit (Sociología y Mercado Grupo Consultor).

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14 Mayo 2006
Hoy, todo parece mostrar que hay artículos y otras exigencias en los presupuestos familiares que van más allá de cubrir las necesidades básicas como la alimentación, la vivienda, la salud, la educación. Si bien no entran en una categoría de suntuosos y no son absolutamente necesarios para vivir, en los últimos tiempos se transformaron en elementos usuales de las familias de clase media y, hasta en ciertos casos, en sectores más bajos.
La conocida Canasta Básica Total no contempla estos ítems, no indispensables para la supervivencia. Pero cada vez más se va en busca de la tan ansiada "calidad de vida", que si bien no se logra con la adquisición de un producto o de un servicio suntuoso, al menos genera una cierta satisfacción el poseerlos y disfrutar de sus beneficios y novedades. En muchos casos el acceso a Internet, un sofisticado teléfono celular, un DVD, un "home theatre", etcétera, son un contacto con el mundo, una marca de pertenencia, que ponen en evidencia desigualdades respecto a quienes distan de acceder.
Así las cosas, la telefonía celular logró incluir entre sus más fervientes adeptos a quienes en estudios iniciales se negaban acérrimamente a ser poseedores de esa tecnología. La televisión por cable, que se instaló en un elevado porcentaje de los hogares tucumanos, fue por más, incluyendo servicios distintivos para quienes puedan acceder a programaciones diferenciadas.
Desde otro enfoque, se observa que el Estado, desde décadas anteriores, viene incumpliendo acabadamente con algunos de los roles que le son propios e indelegables, como brindar servicios de educación, salud, y seguridad que cubran las necesidades de la gente. Esto hizo que sectores socioeconómicos medios y altos atenúen ese déficit estatal contratando servicios similares en el sector privado.
La búsqueda de protección de los bienes y de la integridad personal y familiar, hace que la gente demande servicios otrora innecesarios: estacionar un vehículo en cocheras, utilizar tarjetas bancarias, contratar un sistema de vigilancia o alarmas, seguros contra robos, y así una innumerable lista de nuevos gastos en busca de la protección. Todos nuevos costos fijos que paulatinamente se van convirtiendo en necesidades e ítems permanentes en el presupuesto familiar.
La educación privada, ya sea curricular o complementaria, es otra de las nuevas exigencias para estar a la altura de un mercado que exige cada vez más una mayor capacitación. Esto demanda erogaciones, no sólo para los menores de la familia, sino también para el adulto que necesita mantenerse en el mercado laboral y, por consiguiente, continuar o ascender en un determinado nivel de vida.
El seguro de vida o retiro cubre una sensación de incertidumbre ante los posibles avatares, y el temor a dejar a los suyos desprotegidos, ante una futura jubilación magra. Otro costo fijo. También hay que contratar empresas de medicina prepaga, que brindan servicios de salud, complementarios o de mejor nivel, que los que brindan las obras sociales.