En 2001, el caos reinó en Tucumán por los saqueos

Los comerciantes perdieron, en conjunto, unos U$S 4,5 millones tras los desmanes.

19 Dic 2004
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CON TOTAL NATURALIDAD. Cientos de personas atacaron una distribuidora de gaseosa y se llevaron todo, como si su acción fuera algo normal.

Fueron dos días de furia. Algunas horas de descontrol que fueron suficientes para provocar el caos y el terror a miles de vecinos tucumanos que observaban atónitos las imágenes de los desmanes.
El 19 de diciembre de 2001, tras observar por la televisión nacional los saqueos que habían comenzado en la madrugada de ese día en Buenos Aires, cientos de tucumanos imitaron la acción horas después. Aquel día, el centro de los ataques fueron los dos locales del Híper Libertad. Pero no fue el único lugar afectado. Al día siguiente, los saqueos se multiplicaron. Los desmanes llegaron también al interior de la provincia. En Tafí Viejo, Banda del Río Salí, Alderetes y Famaillá también hubo negocios atacados por la multitud. Los enfrentamientos con la Policía no tardaron en llegar. Como consecuencia, quedaron 600 detenidos, 70 personas hospitalizadas y un tucumano perdió la vida, luego de recibir un balazo, en las afueras de un hipermercado.
El temor ganó las calles. Los comercios estuvieron cerrados. Muchos empresarios, en sus negocios, y particulares, en sus hogares, pasaron la noche en vela, con armas en mano, para defender su propiedad.

Perdieron todo
Bastaron cuatro horas de descontrol para que 12 años de trabajo y sacrificio desaparecieran. Como la mercadería y el mobiliario que cientos de personas robaron del local.El "Súper 24", ubicado en Banda del Río Salí, tuvo el 19 de diciembre de 2001 su último día de vida. "Perdimos U$S 400.000. Ese día nos destruyeron todo: lo único que quedó fueron cinco camiones con desperdicios. Desapareció el súper. Ahora, hace cinco o seis meses alquilamos el local a unos chinos y ellos abrieron un súper", explica Ana de Rodríguez, quien fue dueña del "Súper 24", uno de los locales más afectados por los saqueos.
La mujer, referente del grupo de comerciantes damnificados, explicó que -a tres años de los saqueos- no consiguieron ningún apoyo del Gobierno ni provincial ni nacional. "Lo único que nos dio la provincia fue un triste subsidio. Fue como si no hubiera pasado nada", afirma. Ana de Rodríguez agrega que hace un año, la Comisión de Comerciantes Saqueados inició un juicio contra la provincia. "Pedimos una indemnización, porque consideramos que es responsabilidad del Estado el orden social", afirma.
Actualmente, Ana y su familia se dedican a la distribución de bebidas. Y a pagar deudas. "Aún nos llegan boletas de las deudas que nos quedaron tras quebrar en 2001. Cuando me acuerdo de todo lo que pasó, puedo decir que ese día fue para nosotros como el fin del mundo", dice.
Otros comerciantes tuvieron más suerte, como los propietarios del súper ubicado en avenida Alem y Lavaisse. En 2001 perdieron todo. En 2002, con carteles en su vidriera que decían "Vamos Argentina" y con el empuje que les dieron los vecinos de la zona, volvieron a abrir.
En Banda del Río Salí, donde los saqueos golpearon más fuerte, no tuvieron tanta suerte: al menos 10 negocios no volvieron a abrir. A tres años, las respuestas no aparecen.

PUNTO DE VISTA

Fue un gole de Estado
Enrique Zuleta Puceiro, analista político.
Lo que ocurrió con De la Rúa fue responsabilidad exclusiva de la dirigencia política. No se le podía echar la culpa a la gente. De la Rúa fue un hombre débil, con una interpretación internacional equivocada, que era lo que quedaba del consenso de Washington. La caída del dirigente radical fue un golpe político, provocado por el peronismo bonaerense, conectado con lo que se llamó después movimiento piquetero. Todo fue avalado por la pasividad de varios sectores del radicalismo, hecho este que produjo un caso único en la historia democrática de América Latina, en el que su propio partido le pide la renuncia al Presidente.
Cuando la gente decía "que se vayan todos" estaba manifestando su distanciamiento y su repudio a la dirigencia política que había conducido la transición de los primeros 20 años de la restauración democrática, a partir de 1983. Pero eso no está vinculado a una revolución social o política, sino que era simplemente una toma de posición, con relación a lo iniciado en los años 90.
Lo que cabía entonces era hacer algo semejante a lo ocurrido en Italia: nuevo referéndum que sustituyó la mitad del sistema institucional, apareciendo lo que se llamó la Segunda República.
Es decir que aquí faltó el coraje de una dirigencia política como la que hubo en Italia y en la España posFranco. A eso, también, se debe el progreso de esos países tan parecidos a nosotros, que decidieron cambiar.
Se debe reconocer que la sociedad argentina, como la sociedad española de los 70 y la italiana de los 90, no tuvieron una postura revolucionaria. Sí manifestaron un repudio total, incondicional a las reglas para dirigir la transición, pero no estaban dispuestas a encabezar un proceso irresponsable.Los saqueos y los actos de violencia fueron parte de un hecho conspirativo. La gente tiene en la Argentina noción de lo que valen la democracia y las instituciones y ese "que se vayan todos" no era un repudio a las instituciones sino a quienes las administraban.

Salimos del laberinto
Eduardo Amadeo, ex funcionario de Duhalde
Para que se produzca el estallido que terminó con el gobierno de Fernando de la Rúa intervinieron varios factores. Primero, los pobres tenían la desesperación del hambre. Caminé mucho por el conurbano bonaerense y vi a gente que, aunque trabajaba, no tenía ni una moneda para comer. Además, la clase media estaba furiosa por la confiscación de sus ahorros.
Segundo, toda la sociedad estaba harta de la dirigencia política que produjo semejante desastre económico después de haberle ofrecido el paraíso.
El tercer aspecto fue la incapacidad política de De la Rúa para encontrar una solución. Todo esto motivó una explosión popular y dejó a un gobierno sin solución económica ni política.La supuesta participación del Partido Justicialista en las movilizaciones y en los hechos de violencia fueron meros pretextos del gobierno de ese momento. Mi argumento fundamental de análisis es sostener que las decisiones económicas que condujeron al estallido de diciembre fueron tomadas con absoluta libertad por el gobierno delarruista. La oposición en ningún momento tuvo alguna influencia en el conjunto de errores cometidos por De la Rúa y Domingo Cavallo que, finalmente, con el corralito, terminó de generar un desastre.
Ojalá que esta crisis haya sido el fin de una etapa en la que los argentinos pensábamos en vivir endeudándonos y que podíamos vivir con planes económicos mágicos. De todos modos, desde el punto de vista positivo, recojo que durante 2002 funcionaron las instituciones.
Formé parte del gobierno de Eduardo Duhalde, y todos nos sentimos atados en un pasadizo, entre la izquierda que nos decía "que se vayan todos", y la derecha, que pedía que cerráramos el Congreso y usáramos la fuerza.
En medio de todo eso, Duhalde hizo funcionar las instituciones, pudo entregar el gobierno nacional un año y medio después, con pleno cumplimiento de la Constitución y las leyes. Me parece que eso significó un avance muy importante en la calidad de la democracia argentina.