Juegos Olímpicos: quebrados, pero no vencidos

Los JJ.OO. en Tokio saben de golpes al mentón.

25 Mar 2020 Por Carlos Werner

Nada como salvar vidas. Nada. Por eso es correcto lo que está haciendo el deporte mundial, suspendiendo grandes citas, entre ellas clásicos antes intocables, y también cotos de caza de una humanidad desaforada lanzada a hacer negocios a partir de una justa atlética. Por eso, que los Juegos Olímpicos de Tokio se posterguen para 2021 es, valga la figura, algo así como aire en los pulmones. Más fuerzas para vencer al maldito coronavirus.

Costó tomar esta decisión, aplaudida en el mundo del deporte, de la política, y sobre todo por la población de Japón. Es que hasta hace horas se estimaba recibir en julio, cuando aún se desconoce cómo estará este mundo hoy en llamas, unos 12.000 deportistas en competencia. A ellos había que sumarles entrenadores y asistentes, llevando la cifra a unos 20.000. Y más: 10.000 japoneses movilizados de forma directa con la organización (y sin contar los indirectos); más de 25.000 periodistas de todo el mundo. Y, al menos, 1,5 millón de turistas.

LA RUTA. La llama olímpica, que fue encendida en Grecia, llegó a Japón y se mantendrá sin apagarse allí hasta el año que viene.

Japón creyó, el mundo creyó. Era posible. Entre el Comité Olímpico Internacional y el organizador se emplazaron hasta tomar una determinación. Pero la enfermedad se está mostrando implacable. Y, quebrados pero no vencidos, llegó el aplazamiento. Lo que ahora se abre es una esperanza, eso sí, en un mundo desnaturalizado.

Los JJ.OO. en Tokio saben de golpes al mentón. Ya en 1940 debían hacerse allí, pero por la guerra con China el COI los envió Helsinki para el año siguiente. Pero tampoco esto pudo hacerse realidad, por la Segunda Guerra Mundial. Estas pavorosas contiendas bélicas dispararon otras cancelaciones en 1916 y en 1944.

Paradojas del caso, cuando todo comience en 2021, en fecha no precisada todavía, el nombre oficial de los JJ.OO. seguirá siendo Tokio 2020. No hay otra opción: millones de objetos de recuerdo, registros comerciales, mercadotecnia propiamente dicha del gran evento, no podrán cambiarse.

Para los deportistas se viene ahora una pausa obligada por las medidas de aislamiento ordenadas en casi todos los países. Están los ya clasificados, los que deberán mantener su nivel a como dé lugar, sin que el parate haga estragos en su salud física y mental; están los que todavía buscan un lugar, los que deberán reprogramar sus actividades de los próximos meses. Pero también están cuestiones más complicadas, como la negociación que se viene, de parte del COI, con grandes federaciones internacionales -atletismo, natación, gimnasia-, que habían programado para 2021 sus mundiales, los que constituyen sus grandes fuentes de ingreso, llegada al gran público y supervivencia.

Hay otra dura negociación de por medio: los derechos de televisión. Por ellos, el COI ya percibió unos 3.000 millones de euros

Hay imágenes que son un paradigma. Es la que, se espera, genere la llama olímpica -encendida hace algunos días en Grecia-, cuando reanude su marcha. Ayer quedó inmovilizada hasta marzo de 2021. Paradojas de años de fuego que vive Japón, ese símbolo esperará su momento en la prefectura de Fukushima, la región que luego de un tsunami en 2011 sufrió un desastre nuclear. Será entonces, ojalá así sea, cuando las palabras dichas hace pocos días por Shinzo Abe, primer ministro japonés, hoy puestas en cuarentena por el covid-19, finalmente puedan hacerse realidad: que los Juegos de Tokio sean la luz al final del túnel que señalará el triunfo de la humanidad. Ahora, la lucha está en otro frente, en el que estamos todos, unidos como los emblemáticos cinco anillos olímpicos.

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