Aquietar la mente

22 Mar 2020
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Por Inés Páez de la Torre.-

“Si crees que estás iluminado, ve a pasar una semana con tu familia”, dijo Ram Dass, un gran maestro espiritual contemporáneo.

¡Qué sabias palabras y cuánto sentido cobran en estos días de estrecha convivencia obligada! Y aunque podemos distraernos con la televisión, las series y las redes sociales, hacer una rutina de gimnasia, ordenar roperos y limpiar la casa, leer, cocinar… el tiempo parece estirarse como un chicle.

Por eso bien podemos decir que cada pareja o familia está viviendo su propio experimento social, al compartir de manera inédita semejante cantidad –y calidad- de horas, en un contexto tan insólito. Imposible predecir los resultados. Como para desdramatizar la cosa, circulan todo tipo de memes y chistes que satirizan la situación, pintándola como enloquecedora. Poco se dice, en cambio, de las personas que viven solas, aunque ellas también enfrentan el desafío de estar consigo mismas y lidiar con el vacío.

Aquietar la mente

Es evidente que pensar en el futuro se ha vuelto más tóxico que de costumbre. Parece no quedarnos otra opción que la de aprender a convivir con la incertidumbre. Aceptar humildemente que nuestras fantasías de control sobre la realidad son absurdas y que sólo podemos aspirar a poner lo mejor de nosotros… el resultado no es posible asegurarlo.

¿Qué nos queda? Ni más ni menos que “entregar”, confiar en lo que ocurre y en que tiene un sentido, aunque a menudo no lo captemos. Pero al que podríamos abrirnos si aquietáramos nuestra mente agitada y temerosa, que siempre encuentra motivos para mantenernos preocupados. Ya sea por el posible contagio de un virus, las dificultades laborales, los vaivenes de la economía o por el miedo a “fallar” en un encuentro sexual.

¡Cuánto sufrimiento nos ahorraríamos de haber aprendido desde chicas/os a aquietar la mente! Por eso en estos días no nos vendría mal destinar algunos minutos a vivenciarlo. Mejor todavía si podemos invitar a los que tenemos cerca. Sentarnos cómodos, cerrar los ojos y, en silencio, concentrarnos en la respiración. En el aire que entra y sale de nuestro cuerpo, manteniéndonos vivos. Desde luego que se surgirán pensamientos, de todo tipo… ¿Por qué no dejarlos pasar, sin alimentarlos?

Ocuparnos de la limpieza de nuestra mente no es menos importante que lavarnos las manos.

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