El “pueblo decano” pasó de la expectativa previa a vivir una noche de gloria

13 Feb 2020

19.40. El humo de los “choris” ya invadía cada rincón en las adyacencias del “José Fierro”. Tarde de febrero con temperatura atípica en Tucumán. Apenas 23 grados. Eso sí, cuando el reloj marcaba las 21, el estadio “Monumental” alcanzaba el punto de ebullición. Las reglas impuestas por la Conmebol, privaron a los hinchas de vestir con los “trapos” típicos las tribunas. Ausentes los instrumentos musicales y las bengalas, todo fue a pulmón. El “viejo y glorioso decano...” retumbó varias veces antes de la salida de los equipos. La ansiedad y el nerviosismo se apoderó de cada uno de los hinchas que coparon desde temprano los sectores populares.

21.24. Cuando ya no entraba un alfiler en las tribunas y la nueva luminaria del estadio no dejaba ni un solo rincón sin alumbrar, los movimientos de los camarógrafos indicaban que los planteles estaban a segundos de saltar al campo de juego.

21.26. cuando ingresaron los 22 protagonistas, el estadio explotó. Grito ensordecedor desde los cuatro costados. Cada hincha empezó a jugar su propio partido. Cuando Raphael Claus dio la orden de inicio, su silbato casi no se escuchó, los hinchas “decanos” estaban dispuestos a ser uno más en la cancha. “La Paz tendrá la altura, pero Tucumán tiene esta hinchada”, grita un plateísta, usando sus manos para que el sonido de su voz gane en potencia.

21.52. Llegó la primera explosión de la noche. Marcelo Ortiz, de cabeza abrió el partido. El telón del primer tiempo se bajó a las 22.20, entre aplausos, aliento y lamentos.

22.36. Comenzó la etapa final, con el nerviosismo de propios y extraños. Tan solo habían pasado 12’ y Leonardo Heredia con su gol emparejó la serie en dos. Segunda explosión. Quedaban 30 minutos y el partido invitaba a soñar con la remontada dentro de los 90 reglamentarios. Esa ilusión se desvaneció cuando a las 23.23 Raphael Claus finalizó el encuentro. A sufrir con los penales. Manos en la cabeza, suspiros largos. La señal de la cruz. Miradas cómplices hacia el cielo, suplicando que la moneda caiga por el lado de la felicidad.

FUEGOS DE ARTIFICIO. Previo al partido, la noche se iluminó a pleno. FOTO LA GACETA/HÉCTOR PERALTA

23.29. Javier Toledo acomodó la pelota mientras en la platea se comían las uñas. Atajó el arquero y todo se volvió cuesta arriba. Los siguientes siete minutos parecieron una eternidad.

23.36. Ataja Cristian Lucchetti el penal, al estilo “PulgaRodríguez, de Rolando Blackburn. Y tan sólo cuatro minutos después, el “Laucha” desata la locura de todo el estadio. La serie de remates duró 12 minutos, que fueron de tensión y emociones encontradas para que el “Atlético de los milagros”, le ponga la firma a otra página llena de gloria de la Copa Libertadores de América. Por supuesto, nadie se movió en las tribunas hasta que salió el último futbolista “decano”. Fue el “Laucha” el que se llevó el aliento final. Pasada la medianoche, los primeros fanáticos ya tenían en mente gestionar los pasajes aéreos con destino a Medellín.

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