El nudo gordiano de Tucumán y la reforma política pendiente

13 Feb 2020

Por José Vitar, ex diputado nacional.

La controversia entre Tafí del Valle y El Mollar acerca de la jurisdicción del cerro El Pelao, devastado por la voracidad inmobiliaria, desnuda la irracionalidad del sistema político de la provincia.

Siendo Tucumán la provincia más pequeña del país, es la única que ha implementado un rígido sistema de comunas en las zonas rurales, semi rurales y también conurbanas, dejando el gobierno de las mismas en manos de un comisionado que maneja discrecionalmente vidas y haciendas, sin más “control” que el Ministro de Gobierno de la provincia.

El sistema ofrece llamativas arbitrariedades. Por ejemplo, el departamento Famaillá es el único que no posee comunas y la jurisdicción del municipio abarca todo el departamento, atendiendo los 35.000 habitantes (Censo 2010). Pero en el vecino departamento Simoca, que aunque lo supera en superficie tiene menos habitantes (30.000 según Censo cit.) existen 11 comunas rurales.

El departamento Tafí Viejo tiene una extensión de 1.200 km2 y 130.000 h.; además del municipio homónimo y Las Talitas, posee solo cuatro comunas). En cambio Monteros, con menos superficie y la mitad de la población, tiene 12 comunas además del municipio de su ciudad cabecera. Así puede verse como, a escasos kilómetros entre sí, se suceden unas a otras las comunas de Capitán Cáceres (700 h.), Soldado Maldonado (850 h.) y Tte. Berdina (950 h.).

¿Por qué un departamento funciona sin comunas mientras otros de igual tamaño lo hacen con ocho, cuatro o doce?

En el este de la provincia, las comunas de pequeños y empobrecidos poblados se amontonan. Quien gana la elección comunal “se salva”, lo cual ayuda a explicar la proliferación de candidatos de acoples. ¡Todos pueden llegar a la felicidad de una 4 x 4 y una casa en la ciudad!

Comuna es Nueva Esperanza, aledaña a Tafí Viejo, con 600 habitantes. Y también Comuna es El Manantial, que tiene 15.000. En cambio Burruyacú, que tiene 2.000 habitantes es municipio, mientras en el mismo departamento El Timbó es comuna con 4.500 pobladores.

Existen innumerables ejemplos de lo poco serio que resulta este sistema. Casi un centenar de desiguales comunas que van de 200 habitantes a 15.000, conviven en nuestro reducido territorio con municipios que a veces no llegan a las 1.500 almas.

Tamaño desatino atenta contra una eficiente gestión de gobierno y además incrementa innecesariamente el gasto burocrático. No es solamente lo que cada comuna eroga en sueldos del delegado comunal y la planta administrativa encabezada por el secretario habilitado. Investigar el personal designado en cada una de ellas, puede destapar una verdadera caja de Pandora. ¡Cosas veredes Sancho!, diría Don Quijote.

¿Cómo se explica que El Mollar no sea parte del municipio de Tafí del Valle, ubicado a pocos kilómetros? La unificación otorgaría escala y facilitaría una gestión planificada e integrada, en una zona turística por excelencia. Quizás hasta hubiese acotado el accionar de los loteadores inmobiliarios para-comunales.

La superpoblación de comunas y la falta de un ordenamiento territorial serio van de la mano con la falta de transparencia en el manejo de las mismas, agravada por un defectuoso sistema de control público.

La otra cara de la moneda es el patético sistema de acoples y su oscuro financiamiento.

El siempre soslayado tema de las comunas es la parte dura del nudo gordiano del sector público en Tucumán que traba su desarrollo. El nudo de un sistema impregnado de un clientelismo salvaje que infecta a las instituciones de la provincia.

Ese nudo, imposible ya de desatar, requiere ser cortado de un sablazo, como hizo Alejandro Magno en la ciudad de Gordio.

Y la espada que corte el nudo gordiano es la gran reforma política e institucional que Tucumán necesita.

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