Invierno pleno para Manzur y Fernández

12 Feb 2020 Por Indalecio Francisco Sanchez
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¿Por qué no se paga el último tramo de la cláusula gatillo? Porque las arcas provinciales están flacas y, especialmente, famélicas. ¿Por qué más? Porque era inadmisible para el Gobierno nacional que beneficios de ese tipo subsistan, más aún en la provincia de Juan Manzur, el amigo del Presidente. El efecto contagio hacia otros distritos que podían poner de ejemplo a Tucumán y peticionar lo mismo (a costa de la asistencia nacional, por supuesto) era inadmisible.

El brete, ahora, es de los tucumanos. De buenas a primeras en ese cuadrilátero se metieron los propios funcionarios provinciales. No escatimaron declaraciones, durante el año pasado, para pregonar la buena administración local -pese al desbarajuste nacional-, la osadía de pagar “bien” y a tono con la inflación a los estatales, y la inteligencia para no caer en trampas propias de la anterior administración macrista, como la de tomar créditos en dólares. Eso se repitió con insistencia hasta hace apenas un par de meses. ¿Cómo explicar a los 110.000 trabajadores del Estado que, de repente, la “cosa” no era tan así?

El Gobierno provincial fue angurriento y/o confiado al aplicar la bendita cláusula que hoy le está complicando la paz social en la provincia. La utilizó como arma proselitista y persistió en su vigencia dormido en los laureles de Alberto Fernández. Es cierto que Manzur posee un diálogo privilegiado con el Presidente y con gran parte de su Gabinete. Pero también lo es que las cada vez más evidentes internas entre el jefe de Estado y su vicepresidenta frenan acuerdos preestablecidos. También que la situación económica-financiera nacional es más delicada y complicada que lo que el albertismo previó y que no puede darse ciertos lujos. Como permitir que una provincia pague a tono con la inflación o girar recursos por amistad a una provincia sin que las demás -todas ahogadas- reciban nada.

En ese horizonte adverso Manzur y su equipo de trabajo bisbisean un desahogo en el corto plazo. Ayer recibieron una tenue brisa de alivio con el fallo que favorece su postergación del pago de la cláusula gatillo, en detrimento del planteo del ala combativa del gremio ATE. Pero lo que el Gobierno provincial espera es que Fernández logre sacar la cabeza de abajo del agua, en lo financiero, en los próximos meses. ¿Qué sería eso? Patear los vencimientos de la deuda para el final de su mandato, lo que le habilitaría el regreso de la política económica de los buenos años K. A saber: el Estado destinando recursos para planes sociales, obras públicas, para ayudas a las provincias y hasta para aumentos salariales.

Por ello los funcionarios manzuristas pregonan que hay que esperar y orejean el calendario como si fueran cartas de truco: ninguno quiere cantar nada hasta que el verano comience a despedirse. Es que en realidad la época estival fue un invierno más que un “veranito financiero”. Las consecuencias las están sufriendo todos, en especial los oficialismos peronistas, que ya no estarían pudiendo calmar a la sociedad con el discurso de la herencia macrista recibida.

El que en silencio esquiva los reclamos por la suspensión de la cláusula gatillo es Germán Alfaro. El municipio que comanda está fuera del “pacto fiscal” a través del cual la Provincia se hace cargo de los salarios de los empleados de los municipios que adhirieron a ese acuerdo. Sin embargo, San Miguel de Tucumán se plegó por decreto a la metodología provincial de ajustar los incrementos salariales en base a la inflación. Pero, al igual que Manzur, la administración de Alfaro suspendió el pago de la última cuota de la cláusula gatillo. ¿Por qué, entonces, no hay reclamos en la capital? Porque Alfaro es pícaro y no tan sólo manejó la cuestión con sigilo, sino que el principal gremio municipal está comandado por un declarado hombre del Gobierno provincial. Eso enmudece el grito del sindicato. Si lo hiciera, sería como escupir para arriba y nada menos que de la cabeza del gobernador.

En este turbulento escenario, los pescadores que sacan ganancia de la revuelta son los pocos opositores que quedan en pie. Tanto intendentes como legisladores -provinciales y nacionales- ya se quitaron la mochila de la culpa por los yerros de Mauricio Macri y avizoran que ellos también pueden soñar con un futuro. Y no sólo con las pesadillas del pasado. O al menos asomar con menos vergüenza para formular planteos contra el Gobierno ante una sociedad que en gran medida quedó más que ofuscada con lo que hizo el macrismo.

El año y la nueva administración recién comienzan, pero los problemas ya desbordan más que las cloacas en Tucumán.

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