El “no” a Nadal que también nos interpela

No tenía su credencial y le impidieron entrar al vestuario. ¿Qué pasaría entre nosotros? Pérdida del valor social

30 Ene 2020 Por Claudia Nicolini
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CALMA. Momento en que “Rafa” recibe el “no” del guardia de seguridad. CAPTURA DE VIDEO

En Australia (y en muchos otros lugares del planeta), la reglas son para todo el mundo. Las instrucciones que tiene el personal de seguridad del Melbourne Park, donde se juega el Australian Open, dicen que nadie puede cruzar la puerta hacia el vestuario sin la correspondiente acreditación. Y ser Rafael Nadal no da derecho al pataleo. Tampoco ser Paul McCartney si intentás entrar, después de una entrega de Grammy, a una fiesta, sin estar en la lista de invitados. Y dicen que no lo daba ser José de San Martín en el Ejército de los Andes y pretender entrar a la polvorín con espuelas (lo que podía hacer volar todo por el aire).

La igualdad ante la ley vale no sólo para los derechos; también para los deberes, y en muchos lugares del mundo funciona. ¿Por qué parece tan difícil que funcione entre nosotros?

“Las leyes, el conjunto de convenciones a las que se apela para zanjar diferencias, y sancionar o prevenir delitos, han sido escritas para posibilitar la convivencia y los intercambios entre los humanos. Es decir, para cuidar y permitir, ni más ni menos, la vida de cada uno y la del conjunto social”, destaca la psicoanalista María Elena Elmiger.

Un ejemplo
Cuando la ley funciona, un país puede poner en cuarentena el equivalente a toda la población argentina y la orden se acata; el valor por defender es la vida del planeta frente a la amenaza de un virus. Actitud sustancialmente diferente a la tomada por mucha gente y muchos medios argentinos durante la epidemia de hantavirus en Epuyén, el año pasado, cuando 159 pacientes debieron ser aislados. ¿Por qué en Argentina esa decisión generó tanta controversia?

“Porque para que funcionen -agrega Elmiger- las leyes deben ser acatadas por el conjunto de la sociedad ¿Cómo ponerlas a funcionar en una sociedad con tanta inequidad, desigualdad, hambre... con tantos exceptuados entre los más ricos y entre los más pobres? ¿Cómo, si parece que la vida de algunos no tiene valor? Y si la vida de “algunos” no tiene valor, la de todos corre la misma suerte. Creo que el neoliberalismo, al priorizar el valor del dinero sobre la vida, “aflojó”, o mejor dicho, “agujereó” el tejido simbólico que conforman las leyes y desacreditó sus beneficios. Y Argentina es, junto con toda Latinoamérica, el tubo de ensayo del neoliberalismo”.

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