Los primeros “15 minutos” de Manzur y de Jaldo

18 Ene 2020 Por Fernando Stanich
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Antes de un partido trascendente, los deportistas suelen enfrentarse a un problema extra: cómo evitar que la ansiedad y los nervios les jueguen en contra y terminen, a los pocos minutos de iniciado el duelo, sin aire. Es el desafío de los primeros 15 minutos. Juan Manzur y Osvaldo Jaldo tienen experiencia y son conscientes de que acaban de iniciar una contienda que será larga y para la cual, necesariamente, deberán armarse de paciencia. Sin embargo, ambos jugaron con altísima intensidad en tan poco tiempo que terminaron con esa típica sensación de ahogo.

Quizás empujados por la necesidad de tantear a su rival y de evaluar su actitud, exageraron gestos y expusieron internas demasiado pronto. Así, apenas revalidaron votos y con los ojos de toda la dirigencia puestos sobre ellos, las primeras especulaciones no tardaron en llegar. Las designaciones en el gabinete de Manzur de dos peronistas “recuperados” por Jaldo fueron el silbatazo inicial. Stella Maris Córdoba recaló en el Instituto de la Vivienda y Christian Rodríguez, en el Ente de Infraestructura. Para unos, se trató de una maniobra del gobernador para debilitar al vice y armarse de dirigentes. Para otros, de un inicio de colonización del jaldismo. Con el correr de los meses, las interpretaciones dieron paso a un hecho concreto: de los dos, el ex amayista -sin titubear- se convirtió al manzurismo.

La puesta en marcha de la segunda gestión hizo otro tanto para agigantar gestos. Manzur envió decretos para extender las leyes de emergencia por cuatro años –en un hecho inédito- y con el vicegobernador a la cabeza, en la Cámara no redujeron la vigencia a dos años, como era costumbre, sino a uno. De nuevo, unos concluyeron que se trató de una jugada del mandatario para probar la lealtad del vicegobernador y para garantizarse gobernabilidad en caso de que la interna estalle. Otros, en cambio, festejaron el freno del tranqueño.

Una situación similar se planteó con el tratamiento del Presupuesto 2020, modificado en la Cámara; y con el debate de la norma pedida por el Ejecutivo para unificar los saldos favorables de las cuentas oficiales en el Banco Macro. En el recinto legislativo le dieron ambas herramientas, pero con restricciones.

En el medio, sí, hubo un gesto del gobernador que no pasó desapercibido. Sorpresivamente, invitó a su compañero de fórmula a una reunión en Buenos Aires con Alberto Fernández. La foto del binomio con el Presidente sirvió para aflojar tensiones y debilitar las especulaciones del momento. Pero apenas se esfumó el efecto de ese retrato, continuaron “midiéndose”.

Al promediar diciembre, en el jaldismo celebraban que el proyecto de reforma de la Constitución para habilitar una eventual reelección de Manzur había sido frustrado. Pero en el manzurismo aseguraban que jamás habían impulsado esa idea y que, en realidad, se trataba de una fantasía del entorno del vicegobernador.

De cualquier manera, el “poroteo” ese que tanto les gusta hacer a los políticos a la hora de contar seguidores y rivales es casi diario. Y quedó expuesto la semana pasada, cuando el manzurista Gerónimo Vargas Aignasse se ocupó de invitar personalmente a legisladores para agasajar al mandatario por su cumpleaños. Fueron 14 los parlamentarios que acudieron a la cita en la casona de Yerba Buena para comer empanadas y sánguches. Entre ellos, algunos reconocidos jaldistas, como Daniel Herrera. Pero también hubo ausencias llamativas, como las de Roque Álvarez y de Juan Antonio Ruiz Olivares, que se encontraba en Tafí del Valle.

La “internita” tiene hasta episodios jocosos, como el sucedido apenas salió de licencia Manzur. Susurran que hubo denodados esfuerzos para “demorar” el mayor tiempo posible, desde el punto de vista de la comunicación oficial, la aparición de la frase “el vicegobernador, a cargo del Poder Ejecutivo”. El monterizo Regino Amado fue uno de los rehenes de esa travesura discursiva.

El reto permanente entre Manzur y Jaldo también se juega en otros ámbitos, como quedó en evidencia esta semana. El presidente del Concejo Deliberante de la capital, Fernando Juri, avanzó en un acuerdo político con el sector del intendente Germán Alfaro, quizá el único enemigo político reconocido por el gobernador. Y Jaldo, al tanto del movimiento, asintió con la cabeza para que el alfarismo gane terreno en las comisiones de trabajo. De más está aclarar que el jefe municipal es un líbero influyente para cualquier batalla electoral.

Lógicamente, estos codazos no llegan aún a alterar la cordialidad que prima en la relación en el binomio gobernante. Manzur y Jaldo hablaron por teléfono el miércoles, antes de que el tranqueño firmara el decreto por el cual se redujo el sueldo a los funcionarios políticos. Pero después de ese diálogo, el vicegobernador sumó un gesto para los que están pendientes del internismo: recibió en Casa de Gobierno a los sindicalistas que echan fuego por la boca contra el gobernador por haber suspendido el pago del último tramo de la cláusula gatillo. Este asunto, además, debería ser al que más le preste atención el Gobierno. Sencillamente, porque Manzur y Jaldo basaron su campaña en los reproches al macrismo, y prometieron un “estado de bienestar” en caso que a la Casa Rosada regresara el peronismo. Resulta que, de no corregirse este desorden financiero en el corto plazo, la sensación que reinará es que, con Macri, a los estatales les fue mejor que con Alberto y Cristina Kirchner. Desde lo simbólico, la actual foto no es muy convincente.

A juzgar por la endeble situación económica del país y de la provincia, es probable que los escarceos cedan luego de meses de intensidad, y que 2020 transcurra entre más anécdotas risueñas y cuchicheos políticos. Lógicamente, la tensión se mantendrá. Manzur necesita transmitir la sensación de que no pierde el poder en la provincia, más allá de que no tiene la chance de una nueva reelección. Y para eso cuenta con dos herramientas básicas, y a ambas las utiliza. Por un lado, mantener latente el impulso de una reforma constitucional y, por otro, fogonear nuevas figuras bajo su padrinazgo. Ambas alternativas mantienen incómodo a Jaldo, enfocado en no dejar que ninguna de esas dos intentonas se instale como factible dentro del peronismo.

Luego de estos minutos iniciales intensos y signados por la ansiedad, los nervios y los arrebatos, ahora es el turno de cambiar de aire para afrontar, con resto físico, un desafío que será largo. Y en el que ganará el más paciente.

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