Una patada que frena el crecimiento de todos

17 Ene 2020

Imaginemos un escritor que está en su casa redactando la última página de su novela, y viene un vecino molesto o un alguien cualquiera y tira todas sus hojas, y borra las páginas escritas. O pensemos en la pareja que está por dar el sí para su matrimonio e intespestivamente se interrumpe la ceremonia. ¿Qué pasaría si en el momento en el que se ingresa al aula para rendir la última materia de la carrera, una personas impiden que el estudiante exponga? ¿Cómo veríamos si en la ruta por la cual viajamos nos detienen el auto dos kilómetros antes, y no nos dejan llegar a destino? Supongamos que al instante de dar el primer beso el destinatario da vuelta la cara.

Cada uno de estos ejemplos simboliza, de alguna manera, la frustración inesperada en el momento cúlmine del éxito. Eso ocurrió con el jugador uruguayo de Real Madrid Federico Valverde. Este no tuvo ningún problema en cortar violentamente la jugada de un hombre de Atlético Madrid, que iba hacia el gol en los últimos minutos del partido. Lo curioso es que la Liga Española “premió” la decisión de ahogar el éxito o el gol con una sola fecha de suspensión.

En el mundo de las especulaciones se nos hace muy difícil encontrar una persona que esté de acuerdo con los supuestos planteados al comienzo de este editorial. Entonces, ¿por qué se aplaude la agresión de Valverde? ¿Por qué se avala la destrucción antes que la creación?

En la sociedad se vive una doble moral en la que todos reaccionan como el deber ser lo indica, pero en el momento de los hechos no tienen ningún problema de pegar el guadañazo para cortar el camino del éxito.

Ese tipo de acciones trae como resultado el atraso de una sociedad. En el momento en el cual se podrían obtener logros, en ese mismo instante alguien se ocupa de frenar la llegada; y así se repiten las historias.

La imaginación y la creatividad quedan estancadas, porque siempre habrá un Valverde dispuesto a parar. Y si además lo que se aplaude es esa forma de proceder nunca llegará la solución adecuada para cada problema porque, al fin y al cabo, lo que se rescata es la búsqueda de evitar la llegada y no de fomentar la emoción y la alegría de acceder a algo. Es una patada a ser más felices.

¿Qué hubiera ocurrido si Valverde reconocía su incapacidad, y aceptaba con hidalguía que lo superaron? Nunca lo sabremos, Porque la trampa, porque lo ilegal no quiere cambios ni transformaciones. Quiere que todo siga igual. Aunque sea triste o antiético.

El fútbol suele justificar hasta la muerte de un hincha contrario en nombre de la pasión, del amor a la camiseta y de la historia familiar, por ello no es de extrañar que los fanáticos consideren un acto valioso lo que hizo el jugador del Real Madrid.

Aún en el marco de las pasiones, es la exaltación del mal comportamiento, es el premio a la trampa y es la aceptación de que una actitud antiética debe ser interpretada como correcta. Una sociedad o una familia que acepta esas reglas de juego queda condenada al estacamiento. Sus protagonistas están destinados a no crecer ni a tener logros. Como en el famoso mito de Sísifo saben de antemano que inexorablemente cargarán la piedra hasta la cima y de allí caerán sin nunca poder concretar el objetivo.

Volvamos a hacer uso de la imaginación para alegrarnos del triunfo del otro y de los logros de quienes se esforzaron más. El final de ese sueño será una sociedad más justa, más solidaria y más exitosa.

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