El cáncer no frenó sus sueños y se recibió de abogada

Marta Villagra Orellana no deja de hacer proyectos a pesar de la adversidad. El testimonio de su marido y de sus hijos revela su fuerza de voluntad y sus ganas de vivir.

10 Dic 2019 Por Karen Fernández
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LA GACETA / FOTOS DE JOSÉ NUNO

“¿Señora, de cuántos meses está?”, “liberen un asiento para la señora embarazada”, son algunas de las frases que tiene que escuchar Marta Villagra Orellana de 63 años cuando sube al colectivo o visita lugares públicos. Pero Marta no está embarazada, hace cinco años recibió un diagnostico que “se metió en su vida”: cáncer de colon, enfermedad que le genera hinchazón en el vientre.

“Cuando me dieron el diagnóstico fue una sorpresa. Lo sentí como una invasión en mi vida. Ya no podía trabajar y faltaba un sueldo en la familia. Cuidé enfermos por más de 12 años”, contó. Apenas lo supo quedó internada en el hospital Padilla: “me operaron con altos riesgos y pasé más de un mes en el hospital”, recordó.

Marta desde chica tuvo un sueño: ser abogada. Comenzó la carrera al terminar la secundaria en 1976, aprobó 12 materias y tuvo que abandonar porque se casó. Luego tuvo tres hijos, pero su sueño seguía intacto. Retomó la carrera hace 10 años.

“Me costó mucho estudiar, me quedaban ocho materias y no me podía rendir. Los primeros dos años no podía aprobar nada, fui muy despacito y comencé a aprobar una materia cada seis meses”, contó orgullosa.

Marta trabajaba todo el día cuidando enfermos, por lo que sólo contaba con unas pocas horas para su sueño. “Estudiaba a la noche y dormía menos. Me apasionaba tanto que no iba a dejar esta meta sin cumplir”, insistió. Su familia fue el sostén en su vida, ya que se encargaba de mantener la casa y apoyar a Marta en todo. Finalmente logró recibirse de procuradora hace seis años. Sólo quedaba un paso más.

Dos materias

Cuando apareció la enfermedad en su vida le faltaban dos materias para alcanzar su tan anhelado título. “Dejé de trabajar por mis problemas de salud. Tenía antecedentes de cáncer por parte de mi mamá. Ella murió cuando tenía programada mi segunda operación”, rememoró.

Marta nunca pensó en rendirse. “Cuando el cáncer comenzó a avanzar, no se me pasó por la cabeza dejar la carrera. Me faltaban sólo dos materias, iba a ser una pena que no la termine. Dos materias son tan poco después de haber pasado tanto”, reflexionó.

Marta Villagra Orellana, junto a su esposo, Camilo Campofosco, y a los tres hijos del matrimonio.

El 19 de diciembre de 2017, Marta se dirigió a rendir la última materia que le faltaba en la carrera de abogacía. “No le avisé a nadie, no quería que me tiren huevos. Cuando salí con el aprobado los empecé a llamar por teléfono. Mi familia me tenía amenazada de hacer una fiesta y no quería pasar vergüenza. De todas formas me esperaron con nieve y un festejo en casa, fui muy feliz”, reconoció.

Dos años después llegó la primera oferta laboral. “El colegio de graduados hace jornadas de actualización y el año que viene me voy a insertar ahí. Estos años no hice nada, estoy en el afán de buscar y hacer algo con lo que estudié”, afirmó.

Familia unida

Si Marta puede acceder a sus quimioterapias es gracias a la jubilación de su esposo, Camilo Pablo Juan Carlos Campofosco (69). Su esposa insiste en que tener cuatro nombres lo vuelve más especial de lo que es. Camilo dice que todo el esfuerzo de su mujer para estudiar y seguir adelante no es en vano porque “le prometió el divorcio gratis”, bromeó.

“Mis hijos son lo mejor que me pudo haber pasado en la vida, le doy gracias a Dios por ellos. Gran parte de mis logros se debe a que tengo una familia que se supo superar a pesar de todo, porque pasamos muchas dificultades”, describió Marta.

Para ella, la fuerza de voluntad es su elemento vital para que todo funcione. “Sin las ganas de vivir el medicamento no te va ayudar, eso sólo depende de uno. Yo deposité mi fe en Dios y en mi familia, que me dio mucha fortaleza”, afirmó. Su mayor consejo es “nunca dejar de proyectar ni de pensar en el mañana”.

Camila (33), Lautaro (30) y Enrique Campofosco (27) son los hijos de Marta; ellos tuvieron que dejar de lado algunas cosas de su vida personal para ayudar a su mamá a cumplir sus sueños.

“Mi mamá es el tipo de personas que siempre quiere ayudar en todo. A tal punto que a veces se levantaba de su camilla para acomodarle el suero al enfermo de al lado. Ella siempre estuvo para nosotros y no le vamos a fallar”, afirmó Lautaro.

“La fe de mi mamá la impulsó mucho. Para ella lo más importante fue tratar de no cambiar la rutina, no dejar de hacer nada. Algo que aprendí es a no tratar al enfermo como tal porque es darle más miedo. Incluso veo que ahora hay algunas cosas que las hace con más ganas”, describió Camila que está pronta a recibirse de ingeniera y llevar a la familia el segundo titulo universitario.

“Ella se fue de vacaciones dos veces y sigue con su vida. Me imagino en la situación y me costaría encontrar la voluntad. Mi mamá siempre la tuvo y la admiramos por eso”, describió Enrique.  

En unos días Marta empezará un nuevo tratamiento que le proveerá su obra social. “Estoy muy esperanzada con la nueva droga, se consume por vía  oral”, indicó.

Y reconoció: “es dificilísimo el tratamiento de una persona con cáncer. La obra social me reconoce sólo las quimioterapias. Pero tengo muchos otros remedios que son preparados especiales, un presupuesto de alrededor de $ 16.000 mensuales. Las farmacias no reciben obra social y hay que pagar contado efectivo”.

Por el tamaño de su tumor, Marta debe consumir morfina. “El botecito chico cuesta $ 1.500, yo consumo cuatro por mes. También tengo muchos más remedios, puntualmente en mi caso. Esto ya se complicó un poco con el paso del tiempo. Ahora me dijeron que creció el tumor. No estoy mejorando, pero voy a estar bien”, afirmó con una sonrisa.

Marta proyecta su vida y su futuro como profesional. “La vida es un día a día, hay que disfrutarla. La vida es hermosa, y decidí vivirla así. Si, pienso en el mañana, pero sólo están presentes mis proyectos y mis ganas. Mientras que pueda, voy a vivir plenamente. Doy gracias por tener vida”, concluyó.

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