Crítica de cine: "El buen mentiroso"

Crítica de cine: "El buen mentiroso"

Un juego de engaños con dos gigantes de la actuación.

Buena | Drama/thriller - PM13 - 109’

ORIGEN: EEUU, 2019. DIRECCIÓN: Bill Condon. CON: Helen Mirren, Ian McKellen, Russell Tovey, Jim Carter, Mark Lewis Jones, Lucian Msamati, Jóhannes Haukur Jóhannesson. Guión: Jeffrey Hatcher. FOTOGRAFÍA: Tobias Schliessler. MÚSICA: Carter Burwell.

Roy Courtnay (Ian McKellen) es mucho más que un estafador. Algo profundo y retorcido lo define. De lo que carece es de escrúpulos o de alguna clase de moral detrás de la fachada de anciano seductor con aires de dandy. Por obra y gracia de una web de citas se cruza en la vida de Betty McLeish (Helen Mirren), quien transita la viudez con una mezcla de vitalidad y nostalgia propias de las buenas personas. Desde el primer encuentro en un restaurante, cuando los velos empiezan a correrse, Roy y Betty sellan un pacto de honestidad que en los hechos es puro engaño.

La novela de Nicholas Searle, sobre la que se basa el guión de Jeffrey Hatcher, construye la historia de Roy y Betty como un interminable juego de cajas chinas. “El buen mentiroso” respeta esa sucesión de vueltas de tuerca y escenarios en los que nada es lo que parece, pero el corazón de la película radica en otra parte. Contar con Mirren y McKellen -dos de los mejores intérpretes del siglo XX y de lo que va del XXI- es un lujo que el director Bill Condon aprovecha al máximo.

“El buen mentiroso” se edifica en torno a la dupla protagónica, pero también se agota allí. Por fuera de Mirren y de McKellen transcurre un thriller convencional, tal vez alargado en exceso, y signado por una revelación que lo lleva al terreno del drama histórico y familiar. A Condon, un realizador tan prolífico y ecléctico que fue capaz de saltar de “Dreamgirls” y la saga Crepúsculo a “La bella y la bestia”, no le sobran recursos narrativos para explorar tantos territorios a la vez. Para los flashbacks se valió del sepia -mérito del director de fotografía Tobias Schliessler- y queda la sensación de que la música de Carter Burwell no se luce en la medida de lo debido. Sí hay muy buenas tareas en los roles secundarios de Jim Carter (que será siempre el entrañable mayordomo de “Downton Abbey”) y del ascendente Russell Tovey (a quien vimos en la excelente serie “Years and years”).

Simulando una lesión en la rodilla, Roy se instala en la casa de Betty, en las afueras de Londres, generando sospechas en el nieto (Tovey) de esa mujer que luce tan crédula y llena de confianza. El de Roy es un equilibrio sumamente delicado: de a ratos es un delincuente despiadado; de a ratos, el caballeresco huésped de una viuda bella y a la que no le falta el dinero. Él ha olido la presa, ella sólo piensa en aprovechar el tiempo juntos.

“El buen mentiroso” puede disfrutarse como una celebración de la madurez de Ian McKellen y Helen Mirren, dos talentos de la vieja escuela capaces de demostrar que no es necesario ser una estrella joven y rutilante para protagonizar un thriller psicológico de esta naturaleza. Y es, también, una película clásica en su estilo y en sus formas, propia de otra época, de otro cine.

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