Con sus pinturas, “Tito” Quiroga propone ver otra realidad

Una muestra retrospectiva se inaugurará el viernes en el Museo Timoteo Navarro. Coherencia. De mitos y leyendas.

03 Dic 2019 Por Jorge Figueroa

Víctor Quiroga exhibe con sus vivos colores, figuras y paisajes y un trabajado dibujo, otra realidad; lo cotidiano desde lo insólito, donde la sorpresa se instala en los ojos de un niño. Así presenta su nueva exposición “No me le afloje la cola a la vaca”, durante un diálogo con LA GACETA. Un refrán que alude a una actitud de resistencia.

En la sala central del Museo Timoteo Navarro (9 de Julio 44), desde el viernes se podrán ver alrededor de 40 obras realizadas con óleo a la tela, en un tiempo en el que el óleo parece recuperar espacio frente al acrílico. “Básicamente sigo siendo yo en mi pintura”, define el artista ante una pregunta.

Hace unos años contaba: “primero avancé en el dibujo, luego en la composición; más tarde en el color, en la luz”. Explicaba ese recorrido quien estudió en el Departamento de Artes; en 1977 ganó una beca para perfeccionarse en Italia, y en 1986 otra para Francia, donde vivió ocho años. Y asegura: “la importancia de mi obra es esa coherencia con lo que pinto desde siempre”. Contados con los dedos de las manos, esa “coherencia” (sobre la cual no se sostiene un juicio de valor) la tuvieron, entre otros, artistas como Guillermo Rodríguez, Gerardo Ramos Gucemas o Eduardo Joaquín. En la entrevista, le dijo a este columnista: “no necesito cambios, ni variar mi estilo”.

“Sus obras narran sobre los mitos y leyendas populares de Argentina y de la propia identidad tucumana. De tenor costumbristas, están enmarcadas en un ‘realismo mágico’ entre lo rural y lo universal, donde se ven sucesos cotidianos o paisajes a veces conocidos, a veces oníricos, de esencia romántica, irónica, intimista, social y ancestral; donde la vida diaria es atravesada por mitos y leyendas de las culturas originarias locales”, se indica en la presentación del Entre Cultural.

EN EL TALLER. Paleta y pincel, en mano aplica el color en cada figura.

“Propongo el paisaje, nubes fantásticas como algodón de azúcar llenos de color. Hay que mirar esos cielos que siguen dándonos muestras de que la vida late de alegría, fuerza, vitalidad. La naturaleza pide a gritos que se la cuide, que somos parte de un todo. Ranchos, y paisanos y lo que nos cuentan los mitos están ahí”, relata Tito Quiroga.

El artista se considera contemporáneo y señala que su obra es actual: hay dibujo, composición y color; “tiene por detrás un oficio”.

Cuando se habla de arte contemporáneo, Quiroga reacciona contra lo que es un objeto que denota falta de oficio. “Eso es normalmente efímero, no esta realizado como para que generaciones futuras se maravillen como ante ‘El David’ de Miguel Ángel”, dice.

Tierra y clavito

“Dentro de ese grupo que hace una idea, pareciera que todo gira en ver cuál es más ingenioso. Poné un clavito y te llevás un Premio. O disponés de un grupo de tierra prensada, le adjuntás un plano de cómo rehacerla una vez destruida en el desmontaje de la muestra y listo para otro premio. Ahora esa total indiferencia a su lugar dentro del patrimonio de un museo para que en algún momento se la exponga, creo que es un distintivo más de esa manera de ser un ‘artista contemporáneo’”, describe críticamente.

Pero Quiroga avanza más en su posicionamiento abarcando la escena artística en general: “críticos y curadores toman importancia en halagar. Jóvenes talentosos se encuentran mezclados en una corriente donde otros improvisados son personajes. De obras carentes de toda estética y solo se las puede mostrar con un texto ingenioso explicativo. Mis trabajos, ante esta ingeniosidad, por supuesto que parecen ser del siglo XVII. Pero en Tucumán seguimos por suerte, todavía con ese ADN de Latinoamérica”.

Finalmente, admite que se siente perteneciente a los pueblos originarios. “Y resistiendo con esos legados a una corriente de un compromiso efímero que a veces se torna ingeniosamente frívolo”, concluye.

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