María Teresa Montaldo: “el chico tiene que volver a jugar”

La destacada titiritera presentará un nuevo libro mañana en la sala Ross.

28 Nov 2019 Por Roberto Espinosa
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La changuita con trenzas soñó ese domingo con ser tal vez Julieta, Nora o Bernarda Alba… amar o morir en el escenario… de pronto, detrás de un algarrobo, se le apareció un primo de maese Trotamundos. Le sonrió. Se arrodilló. Le besó el alma. Le prometió amor eterno si se quedaba a vivir en su retablo. Quizás fue así que María Teresa Montaldo colgó en el viento su deseo de ser actriz para soplarles vida a los títeres y latir en ellos. Sus 83 años no descansan. El viernes, a las 21, en la sala Ross, Laprida 135, la maestra titiritera presentará su libro El juego infantil en la historia, que será comentado por la licenciada Gloria Zwajin de Gentilini. En la ocasión, expondrá marionetas y robots realizados por ella con material de desecho, que podrán adquirirse. “En los primeros capítulos me refiero a la importancia del juego en la educación porque me asombra y me asusta que todo esto que está pasando con los chicos y que no hay una vigilancia de adultos, una ausencia de los mayores. El chico tiene que volver a jugar, a la tapita, al volantín, ahora no tienen juegos creativos”, sostiene la mentora del Teatro “Pierrot”.

- ¿De dónde te viene el amor por el títere?

- Tenía la gran ilusión de hacer teatro, pero hace 50 años, cómo una hija iba a vivir a Buenos Aires, donde estaba la carrera. En ese momento llegó a Tucumán Héctor Álvarez D’Abormida, un tipo muy creativo, hacía grandes montajes. Era un tipo que hacía los grandes montajes al estilo de Europa, el castillo tenía que ser perfecto… dictó un cursillo de tres meses y ahí me enganché. Ahí nos conocimos con quien luego fue la directora de la Escuela de Títeres, Alba Enrico de Vaca. Este hombre se fue, era errante, se conoció con una monteriza y se casó con ella, parece que después se casó varias veces, pero quedó sembrada esa cosa creativa que él tenía. Ahí me pude identificar con lo que yo quería hacer.

- Fuiste una de las fundadoras de la Escuela de Títeres, creada en 1956, ¿cómo se gestó esa parición?

- Fuimos a hablarlo a Lázaro Barbieri que en ese momento estaba de director de Enseñanza y lo entusiasmamos. Nos dijo que hiciéramos un proyecto y lo hicimos. La Escuela comienza a funcionar oficialmente en el colegio del Padre Roque Correa, Marcos Paz al 600; los sacerdotes de San Francisco se enamoraron de la tarea y nos prestaron en el segundo piso cuatro o cinco aulas. Cuando se inauguró la escuela pasaban por Tucumán los hermanos Di Mauro que andaban de gira y más adelante recibimos el apoyo de Roberto Espina, que se enamoró de Tucumán y se quedó; aquí se casó con Aída Tesolín, era la década del 60. Roberto era un tipo trashumante, no le gustaba estar quieto, dejó una enseñanza bárbara. Empezamos a perfeccionarnos con los Di Mauro, leyendo y orientándonos con gente preparada que hacía teatro, la Escuela de Títeres llegó a ser la primera de Latinoamérica.

- Dar vida a un títere podría parecer fácil, pero no lo es.

- No cualquier persona puede calzarse un muñeco, por ejemplo, no hay quien lo iguale a Roberto Espina o a los Di Mauro. Vos te ponés el títere en la mano y dejás de sentir que sos vos para darle vida a un zapatero, un portero… Tenés que entrar en el personaje, como un actor, pero el estar tapado favorece mucho el desarrollo actoral. Lo que no había podido hacer de teatro, volqué en ese trabajo todo lo que me hubiera gustado hacer en un escenario. Con el tiempo me convencí de que era esto lo que me gustaba.

- ¿Cuál es la importancia del títere en la escuela?

- Ayuda a la educación, a la expresión, a corregir los vicios. Si el chico se está expresando mal y no podés decírselo de frente, lo podés hacer por medio del títere. Van aprendiendo una manera de expresión, también está la parte plástica, trabajar con todos los materiales… A mí el trabajo con títeres me ha ayudado muchísimo, he canalizado lo que pudo hacer sido una carrera teatral. He podido suplir un problema de expresión, comunicarme más con la gente sin tener vergüenza. Hay una manera de hacerlos crear a los chicos: jugar a las palabras sueltas, que ellos digan palabras, se juega a intercambiarlas y a ir uniéndolas para hacer una pequeña oración de donde puede partir un libreto.

- Me llama la atención que no haya obras para títeres de autores tucumanos sobre temas de la región o nuestros mitos, ¿a qué se debe?

- No sé. Creo que hay una falta de interés o de conocimiento. Tal vez una solución sería llamar a un concurso de obras para títeres.

- O concursos para chicos, que ellos escriban sus propios libretos. ¿Por qué no hay en cada escuela un elenco de títeres?

- Eso me he preguntado muchas veces, tenemos autoridades que no conocen… Cuando vivía todavía la señora de Vaca, íbamos los sábados y trabajábamos en Villa Calpini, en Tafí Viejo, los chiquitos andaban en medio del barro, pero llegábamos y era como si llegara Frank Sinatra, algo por el estilo; hemos trabajado allí dos años. Tal vez no se ha hecho lo que vos decís porque no está la motivación, no sé, ahora que lo decís vos yo también me lo pregunto. Tal vez hay una gran falta de preparación de las autoridades que manejan la cultura.

- ¿El títere es un género menor?

- No. Es un arte muy difícil, te aclaro: no es difícil prepararlos, sino lograr que esa cosa que es fija llore, se exprese, aprender a expresarse con el muñeco, entonces desaparecés vos. Los hindúes tienen un ritual: al títere que trabaja ocho, nueve años, no lo desarman. Cuando ya no actúa más le preparan una especie de cuna y lo ponen en el Ganges.

- ¿Cuál es el futuro del títere? ¿Desaparecerá en cien años?

- Hasta que me lleven para allá, yo seguiré defendiéndolo como un arma educativa, no es solo levantar un muñequito. Creo que mientras haya chicos y gente interesada, el títere va a seguir. En la Unesco trabajan con los chicos con problemas físicos. El títere tiene el mismo problema que el niñito que no camina, uno está arriba y el otro en la silla. A medida que el chiquito va avanzando, el títere también. El resultado es formidable.

- En dos palabras, ¿qué es el títere para vos?

- Parte de mi vida.

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