Elecciones y una buena yunta de bueyes

06 Nov 2019 Por Indalecio Francisco Sanchez
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La prueba de amor se pide en silencio, como en aquellos años mozos. Jamás se la reclama impúdicamente para no lesionar el honor, pero siempre se la insinúa con gestos tenues o con caricias maliciosas. Eso se está reclamando por estos días en el oficialismo y muchos sienten la presión de no saber cómo reaccionar a tremendo convite. En la calma relación de fuerzas entre el gobernador y el vicegobernador subyace la tensión del poder, que hoy ostenta Juan Luis Manzur a la luz de sus triunfos sociales, políticos y electorales. Porque Osvaldo Francisco Jaldo es el hombre clave en la estructura que le permitió esquivar la bala de plata que José Jorge Alperovich tenía guardada para lesionar la salud dirigencial de quien fuera su médico favorito. Pero ahora es el tiempo del que teje al lado de Alberto Fernández.

Por eso se exigen muestras de fidelidad a cada rato. No hay mueca que no pase por el análisis exhaustivo del tranqueño o de los adláteres del gobernador. “Nunca pasamos una situación como esta, de tanta tensión”, grafica un peronista sobre el nerviosismo al que son sometidos en ese juego de santo y seña que existe entre los dos máximos líderes del gobierno hacia abajo.

Por supuesto que nadie dice nada. Apenas si comentan entre los más confianzudos sobre actitudes que uno u otro tienen, como la del acto de asunción de los legisladores en el que extrañamente faltaron invitaciones para que distribuyeran los propios parlamentarios, o el enojo que produjo la presencia de algunos dirigentes en la primera fila del palco de la Casa de Gobierno durante la visita del presidente electo.

Todo se lee como aire o desaire. Quizás porque ninguno quiere caer en la trampa cortoplacista de la “prueba de amor” o porque temen que por aprovechar la lujuria de algunos momentos se den cuenta tarde que la construcción y las elecciones dan sus frutos a largo plazo. Muchos apuntan a Alperovich para que se entienda la metáfora: fue por la fiesta, se olvidó del “primer amor” que era el PJ y se dio cuenta con la derrota que al haber despilfarrado ese capital caminaba derecho al fracaso. Por eso los oficialistas más vivaces no quieren quedar atrapados en la tentación de vivir el momento y buscan certezas de largo plazo a la hora de elegir. Sergio Mansilla, entrevistado en LA GACETA Play, dio algunas pistas. Dijo que el Partido Justicialista es el camino y lo graficó con su situación: “todavía me duele en lo personal la decisión que tomé, pero sabía que debía seguir en el lugar que milito desde toda la vida. Le advertí (a Alperovich) que era un error romper con el partido”. Mansilla aplicó la misma fórmula respecto de lo que podían ser sus apetencias, o las de otros popes del interior, a la hora de ser parte de la mesa de conducción de la Cámara: explicó que el que sabe de política también entiende de momentos. En otras palabras, los que hoy deciden sin condicionamientos son Manzur y Jaldo. Punto.

Para los indecisos, o más bien para la dupla gobernante, el problema es que fisgonean que podría haber en algún momento una fisura grande en esa conducción y ninguno quiere quedar en off side: los jaldistas no pueden mostrarse manzuristas, porque el vice posee aún el poder de mandarlos al peor de los páramos helados; y Manzur no quebrará con Jaldo porque lo necesita. Más bien le resulta conveniente y útil la relación armónica para continuar construyendo poder. Uno propio, territorial, sólido y con hombres de su riñón. Justamente, un poderío que no lo haga depender de terceros o al menos de tamaños dirigentes que podrían querer disputarle el sillón de mandatario en caso que él necesite continuar sentado allí otro período más.

Nadie discute ya por estos días el liderazgo del gobernador en el oficialismo tucumano, pero tampoco faltan las visiones sobre los días por venir, que involucran posibles rencillas con los que se cansaron de ser segundos. Por lo pronto, si había algún atrevido seguramente ya recibió un estatequieto con el acto de reasunción del gobernador. Habrá que buscar una buena yunta de bueyes para osar empujar el carro en contra del “Menemcito”.

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