La otra pregunta: "esta es la segunda época de oro del cine tucumano"

Benjamín Ávila es docente, director y productor de cine. Cuál es su mirada sobre las plataformas digitales. Video.

06 Nov 2019 Por Ana Daneri

Lo personal es político; o mejor dicho, el arte es político. No necesariamente partidario, pero sí profundamente comprometido con una mirada sobre el mundo, con el retrato de una época y con una forma de observar la realidad. Eso es el cine para Benjamín Ávila, quien ha dibujado en sus películas una mirada atravesada por su propia historia. “Infancia clandestina” (2011) es un claro ejemplo; allí recrea en clave de ficción acontecimientos que marcaron su vida y la de miles de argentinos para siempre: la dictadura militar. Es un filme que, según sus propias palabras, siempre supo que haría.

Hoy, con su productora Habitación 1520 es responsable de éxitos de taquilla como “Gilda, no me arrepiento de este amor” (Lorena Muñoz, 2016), de series que llegaron a Netflix (“Encerrados”, 2018) y pequeñas pero exitosas producciones como la tucumana “La hermandad” (Martín Falci, 2018). Ávila nació en Buenos Aires pero vivió desde los 7 hasta los 13 años en Tucumán (es hijo de José “Pepe” Ávila, el conocido actor que fue director de Canal 10). Ya como profesional volvió a la provincia para enseñar en la Escuela de Cine, donde dirige las tesis de la licenciatura desde hace cinco años. En una entrevista para el programa “La Otra Pregunta”, de LA GACETA, nos cuenta su relación con el cine y con nuestra provincia.

- ¿Por qué estudiaste cine?

- En una época decidí que iba a ser doctor porque era lo que más podía aportar a la sociedad. Tenía 10 años. Pero a los 12, andando en bicicleta en la plaza San Martín, vi un accidente: un auto atropelló una moto en la que iban dos personas y yo estaba ahí; vi todo y no me la banqué. Entonces pensé “si no me banco esto, entonces no puedo ser doctor”. Por otra parte veía mucho al cine, y además, cuando mi papá estuvo en Canal 10 (sobre todo en el 84, cuando fue gerente general) iba al canal y daba vueltas por ahí, veía cómo se hacían las cosas y me intrigaba mucho. Mi papá era una persona muy ingeniosa, muy creativo y creo que mamé mucho de ese lado. A los 13, cuando me mudé a Buenos Aires, decidí que iba a estudiar cine y también en ese momento decidí que iba a filmar mi historia. Así pasó el tiempo y empecé a formarme, siempre con la cabeza puesta en que iba a hacer la historia de mi infancia.

- ¿De ahí en más el cine qué rol cumple?

- El cine es una actividad que retrata una época. A diferencia de la TV, que es más efímera y tiene otro tipo de construcción y de análisis, realiza un gran proceso de investigación, de análisis y también de visión de esa época. Es un trabajo bastante antropológico en ese sentido. El cine queda en la historia.

- Tu cine, me refiero a Infancias Clandestinas, también es una mirada actual. ¿Qué hay ahí de tu historia personal y cómo se cuenta en la película?

- Tomamos la experiencia que yo había vivido con mis hermanos en 1979, cuando volvimos al país clandestinamente; a partir de esto, mi amigo Marcelo Muller, un guionista brasileño y yo construimos una historia de ficción. Lo hicimos tomándonos muchas licencias artísticas, pero el contexto histórico y muchas de las escenas se vivieron más o menos así. El final es casi idéntico a lo que viví.

- Hablamos de nuestra identidad latinoamericana, argentina; ahora te pienso como tucumano. ¿Cómo ves y cómo vivís el cine tucumano y la provincia en estos tiempos?

- Creo que es una segunda época de oro del cine tucumano, y que de verdad viene a consolidarse y quedarse. Que hayan surgido Tucumán AV, la Cámara... las residencias para proyectos (ya se hizo la tercera), que son espacios que no hay tanto en el país... La Escuela de Cine, que agrupa a un montón de gente que apuesta por ese lugar... Creo que el Ente Cultural está haciendo un trabajo interesante con la Escuela, y encima en Tucumán hay montón de espacio para trabajar en AV. Creo que ya no es una salida laboral para pocos sino para muchos.

-Están cambiando las ventanas de distribución, las plataformas. ¿Cómo es tu relación con Netflix?

- Cuando Netflix la vio, le gustó mucho y decidió comprarla. Creo que el nuevo tablero de las plataformas digitales se va a dar el año que viene. El próximo mes sale Disney, pero creo que la “casa de autor” va a ser Netflix de ahora en más. Pero sí, en las plataformas digitales hay mucha libertad artística, cosa que era difícil. Alfonso Cuarón dijo que nunca podría haber hecho “Roma” para cine, porque no habría conseguido productor ni distribuidor; pero en Netflix fue un bombazo mundial. Lo que cambió es el consumo del cine, y esperemos que se pueda regular en Argentina para defender producciones nacionales, porque está siendo muy difícil. Lo vivimos con “La hermandad”, fue muy complejo sostenernos, incluso acá mismo en Tucumán.

- Las plataformas propias de Argentina quedan opacadas por Netflix y Amazon.

- Yo invito a la gente que entre a Cinear, que es gratuito, y que vea el contenido argentino, que es espectacular, de series web, películas de ficción y documentales. Se produce cine de muy alta calidad y que no llega porque no tenemos acceso.

-Además de director sos productor; hiciste obras como Gilda. ¿Cómo te desarrollás ahí, justo en este contexto complicado?

- Como productora hicimos varias cosas, algunas muy industriales, como “Gilda”, con la que debutamos en Primera A. Y salió un producto espectacular, está muy buena de verdad la peli, y también marca un modo de producir; se pueden hacer películas industriales de muy alta calidad, artística, con buenos guiones, buenas actuaciones, una película que a la gente le apasione. La producción no es sólo económica, también es creativa; cómo optimizar los recursos, cómo pensar el posicionamiento de determinada temática... Gilda es un claro ejemplo de eso, y creo que en ese sentido, Habitación 1520, que es mi productora, muestra que se pueden hacer las cosas de otra manera. Creo que La hermandad es una película chica, de bajo presupuesto, hecha muy a pulmón y también de muy alta calidad, como también Gilda. Me parece que está buenísimo que los productores nuevos puedan pensarse ellos desde ese lugar.

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