La Justicia en 1832

Conceptos del flamante gobernador Heredia.

10 Oct 2019 Por Carlos Páez de la Torre H
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ALEJANDRO HEREDIA. Un retrato al lápiz ejecutado por el tucumano Ignacio Baz.

El general-doctor Alejandro Heredia asumió el gobierno de Tucumán en 1832, y lo desempeñaría hasta su muerte violenta en 1838. Al tomar el mando, había terminado la guerra con la Liga del Interior, tras el triunfo federal en la batalla de La Ciudadela. Una de las primeras preocupaciones de Heredia, fue reorganizar la Justicia. En el largo decreto que firmó el 6 de febrero de 1832, expresaba que “la buena Administración de Justicia, a juicio de los políticos más célebres, es la base en que debe apoyarse la felicidad de un pueblo y su sólida tranquilidad”.

Expresaba que, “sin esta calidad, no tienen eficacia ni virtudes las garantías inherentes a la organización del hombre; porque, en verdad, sin una regularizada Administración de Justicia no hay ni puede haber orden, libertad, placer ni sosiego. Ella es la que influye inmediatamente en la felicidad o desgracia de los ciudadanos, derramándose en beneficio o perjuicio de todos, según la más o menos perfección de las instituciones que la reglan”.

Consideraba que “es finalmente el germen del odio y de las venganzas, cuando no reconoce un principio de equidad y de justicia”. Agregaba que “no es fácil prevenir todos los medios de que se vale la maledicencia para obtener sus triunfos con aparente observancia de los principios de equidad y justicia, que por otra parte se abjuran”. Pero “sin embargo, es preciso evitar los males en lo posible, aplicando a tan importante materia el estudio y el cuidado de un gobierno”.

Todo esto le parecía necesario “después de que un sacudimiento general, por los funestos acontecimientos de la guerra, ha desquiciado el orden en los ramos de la administración”. Esa realidad creaba al gobierno el deber de “ocurrir a los medios principales que conducen al restablecimiento del orden social”.

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