Roberto Aussel: la guitarra, esa pequeña orquesta

El concertista de prestigio mundial actuó por primera vez en Tucumán. Piazzolla y Yupanqui.

09 Oct 2019 Por Roberto Espinosa
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COMPAÑERA DE RUTA. Piazzolla le dedicó a Aussel sus cinco tangos.

Aires barrocos pueblan el aire. Una suite de Giovanni Zamboni, dos sonatas de Domenico Scarlatti, se hamacan en las seis cuerdas. Dos pensamientos de Manuel de Falla le prestan sus dedos a los Bonsáis, de Feliu Gasull. El Gordo Triste se sienta en la bordona del corazón. Roberto Aussel, uno de los guitarristas argentinos de mayor trascendencia internacional, está coronando su actuación en el XXV Festival Guitarras del Mundo, que tuvo lugar el viernes en el teatro San Martín.

- ¿Cómo se produjo el hechizo de la guitarra?

- Soy el único músico en la familia, pero desde los tres o cuatro años siempre les pedía a mis padres una guitarra, les hacía la cartita a los Reyes Magos. En casa, escuchábamos folclore en Radio Nacional a Eduardo Falú, Atahualpa Yupanqui, Los Fronterizos, Los Quilla Huasi… De tanto insistir, un día mi madre me compró una guitarra. Empecé con un profesor de barrio, Norberto Piedrabuena, que vivía a un kilómetro de mi casa.

- ¿Cuándo sintió que la guitarra iba a ser su compañera de vida?

- A los 14 años. Francisco Estrada Gómez, el lutier que falleció el mes pasado, influyó mucho en mi vida profesional de músico. A los siete años tenía una guitarra que estaba rota, buscando a un lutier, lo encontramos a él, que vivía muy cerca de casa. El me pidió que tocara y vio algo en mí. Fue para mí un padre espiritual, mis padres no eran músicos y él completaba esa parte, hasta estos últimos días estábamos siempre en contacto, me pasaba música, discos, libros…

- ¿De qué le habla la música barroca, una de sus preferidas?

- No tengo un estilo. Me gusta mucho el Renacimiento, del Barroco me atrae la perfección, la armonía, la estructura armónica de Bach, Weiss, es perfecta, el trabajo que le hace hacer al músico es no irse, no usar mucho vibrato, trabajar la estructura, el equilibrio sonoro de las cuatro voces porque la guitarra es un instrumento que es un cuarteto de cuerdas, una pequeña orquesta, como decía Debussy, porque la primera y segunda cuerda pueden ser los violines; la viola, la tercera y la cuarta, y el chelo, la quinta y la sexta.

- Ástor Piazzolla escribió para usted los únicos cinco tangos que compuso para la guitarra. ¿Cómo se produjo ese encuentro en París, en casa de los Pons?

- Jacqueline y José Pons me invitaron un día en que iba Ástor a su casa, esa noche también estaba el pintor Pérez Celis. Durante la cena cada uno habló de sus problemas artísticos, del músico, el pintor, el compositor. Al final, le pregunté a Piazzolla por qué nunca había compuesto para la guitarra, si bien él conocía la guitarra eléctrica por su quinteto. “Sí, me han pedido pero nunca he tenido tiempo”, me dijo. Fue una gran suerte ese momento, porque él tenía dos semanas libres en París. Quedamos en que a la semana siguiente yo iba a su casa a tocar para que él conociera mi repertorio. Él era amante de Bach; toqué la Suite n° 3 para laúd, algunos estudios de Villa-Lobos, Lennox Berkeley, Lauro y por último, una Bagatella, de William Walton, la tercera de las cinco que se llama “A la cubana”, que parece un tango de Piazzolla y yo la toco así, con los acentos. Cuando la escuchó, Ástor se transformó porque pensó que otro compositor había tomado su música. Se terminó la reunión, a él ya le bastaba con todo eso, me fui, y me pidió las Bagatellas para estudiarlas. A los pocos días, me llamó por teléfono para decirme que había compuesto esas piezas. Fue en los 80, yo tenía 27 años, Piazzolla era para mí un monstruo sagrado y conocerlo…

- ¿Qué dificultades técnicas presentan las Cinco Piezas?

- Son difíciles, la dificultad está sobre todo en hacer una buena digitación para que no se pierda el legato y para que el fraseo no sea solo un trozo musical, sino que tenga la respiración, que no pierda el estilo. Son difíciles en ese sentido, a la digitación hay que estudiarla mucho.

- Veo que Yupanqui ejerce alguna vibración importante en su mundo interior.

- Me atrae la profundidad de su música, de su texto. Lo conocí a don Ata en París. Su música refleja todo, puede imitar los pájaros, el viento, y también descender a la gente que está sufriendo… Su música dice todas esas cosas tan claramente con tres notas, eso es lo que me sorprende, puede decir algo tan importante, tan profundo… La Vidala fue una de las primeras piezas que empecé a tocar. Cuando toco Yupanqui se produce un silencio, que es más silencio que el silencio, porque hay un mensaje detrás de su música y eso la gente lo siente, que es lo mismo que yo siento.

- Si le quedaran pocos minutos antes entrar a la muerte y sintiera la necesidad de tocar la guitarra, ¿qué interpretaría?

- Yupanqui. Tocaría Lloran las ramas del viento, la Danza de la paloma enamorada, La Cruz del Sur o la milonga.

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