El Rosedal: el día en que las rosas se convirtieron en damas de honor

Las declaraciones de compromiso y los casamientos son parte de las anécdotas que tiene el espacio verde.

10 Sep 2019 Por Guadalupe Norte
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UNIÓN. Grace Vial y Mauro Di Pietrantonio dijeron “acepto” al aire libre.

Junto a los amores frugales, encuentros a oscuras y citas engalanadas, el Rosedal del parque 9 de Julio fue partícipe de sorpresivas peticiones de mano con las rodillas ancladas al piso.

Hoy, con la puesta en marcha de su revalorización y las expectativas que despierta en los tucumanos ver renacer 1.900 nuevas rosas enlazadas a las pérgolas y los caminos internos de este jardín circular, aquellas historias de amor siguen enraizadas en la memoria de las parejas.

Entre ellas, está la declaración de matrimonio que Julio Alsina le hizo a Norma Nieto hace nueve años. Una dulce propuesta donde escondió entre el budín de limón casero y los rosquetones el anillo de compromiso. “Vivíamos juntos hacía cinco meses en un departamento por la avenida Soldati y teníamos por costumbre ir los domingos al parque para relajarnos”, comenta.

Aunque él mismo se considera poco romántico o demostrativo sabía que -para avanzar al siguiente casillero- era necesario jugársela. “De lo bien que estábamos, me dijo que había olvidado su billetera. Cuando volvió tenía un ramo gigante de rosas rosas. Fue hermoso porque son mis flores favoritas y siempre consideré el espacio como un refugio shakesperiano de enamorados”, recuerda Norma.

Amor... a la naturaleza

Un amor viajero, sin rutinas y que rompe con las distancias es el que acompaña a Mauro Di Pietrantonio y Grace Vial, oriunda de Chile.

A los 22 años, los enamorados se conocieron en un campamento cristiano en Cochabamba (Bolivia), donde una semana de actividades les resultó poco. “Fue amor a primera vista por así decirlo. Nos vimos y ya no pudimos separarnos”, explica Grace.

Sólo había un problema: la geografía. “Mauro me siguió hasta Chile y a un mes de conocernos comenzamos nuestra relación. Estuvimos casi seis meses de novios pero, en realidad, desde un comienzo él me pidió que nos casemos”, continúa. Con la convicción de un final feliz, el 30 de junio de 2011 les dieron la noticia a sus familias y fijaron la fecha del gran día para el 6 de agosto.

Eso sí, a diferencia de otros, este romance no floreció a partir de interminables caminatas o confesiones en los bancos con azulejos sino de un íntimo city tour. Mauro quiso que su futura esposa conozca cada rincón natural e histórico de Tucumán y así la parada al Rosedal se hizo inevitable. “Fue mi lugar favorito, me encantaron sus pilares con las enredaderas colgando, sus rosas... todo. En cuanto lo vi le dije a Mauro que me encantaría casarme en este lugar o en algún espacio parecido. Al aire libre y donde no decoremos nada para que la naturaleza se luzca sola”, rememora la pareja que vive, desde noviembre, en Iquique. Sin embargo, en aquella unión entre aromas y almas sí hubo un pequeño desperfecto. “Conocí el Rosedal lleno de rosas por la temporada, pero no tomé en cuenta que en agosto están podadas -explica divertida Grace-. De todas maneras fue hermoso. El verde sí estaba y las enredaderas y la arquitectura igual lucían geniales”.

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