Cartas de lectores

12 Ago 2019
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EN EL TIMBÓ, BURRUYACU

Como simple lectora, expresé en cuatro oportunidades en este espacio para que se construya una rotonda en la localidad de El Timbó, Burruyacu, en el espacio del cruce entre las rutas 305 y 312. Al parecer, las autoridades comunales no vieron apta mi propuesta para dicha obra, pero le dieron otro destino. En ese predio se construyó una placita con juegos infantiles, un baño público y fue dotada de iluminación artificial, iniciativa que la comunidad de El Timbó venía anhelando hace muchos años.

Silvana Paola Herrera

Ruta 305, km 12,5


Granja Modelo

TRUCO Y MATE CON DIOS Y EL DIABLO

- ¡Hola diablito! Te habla Dios: ¿todo bien…? Perdón: ¿todo mal? ¿Sí? ¡Cuánto me alegro por vos! Venite esta tarde a mi casa, cerca del cielo, charlamos un rato, tomamos unos mates y jugamos al truco. Y analizamos un poco la Argentina. Te espero, amigazo. - ¡Ay este Dios! Hace tantas perfecciones que al final termina aburrido. En cambio yo, como soy el diablo, aún con letra minúscula, resulto más entretenido con mis travesuras que las de él. Ahora estoy llegando. Ya se ve la puerta del paraíso. Pero los únicos paraísos que existen son los paraísos perdidos, pensó Dios. Ay, este Proust las cosas que decía… ¿yo, con paraísos perdidos? Imposible. Aunque he trabajado mucho en Argentina, donde desean el poder sólo para perderlo. Yo, en cambio -dijo el diablo-, vivo en el subsuelo, donde se cocinan mejor las voluntades políticas. Hola, Dios, ¡qué gusto verte! Gracias por llamar. Te cuento, Dios, que tengo una parrilla excelente en mi infierno personal y compraventa de almas usadas para arrepentidos. ¡Hola diablito, por fin te veo! Hasta en el celular estabas en modo invisible. ¿Cómo decís? ¿Que el invisible soy yo? Sí, Dios, es así: un invisible casi imposible de encontrar. Aprovechaste muy bien que el Principito de Saint Exupery dijo que lo esencial es invisible a los ojos. Y también que estás en todas partes pero nadie te puede ver. Pero juguemos mientras tomamos mate con tortillas ¡Ah! Me olvidaba: no vale hacer milagros para ganar la partida. ¡Falta envido! ¿Cómo? -exclama Dios-, por el contrario ¡sobra envidia! Si quisiste insinuar que en mi reino hay falta y envidia, mirá los argentinos el trabajo que nos están dando. Ni con el Ahora 12 los podés tranquilizar. Tampoco con la grieta de acero inoxidable, despegarlos de sus pecados. ¿Y vos, diablito, seguís haciendo crueldades como repartir tarjetas de crédito? Y también, me dijeron, organizaste un tour a Venezuela. Se te ve cansado. Sí, confiesa el diablo, estuve, como dice el refrán, donde el diablo perdió el poncho. No sé dónde y no lo encontré más. ¿Me lo habrá robado en Tucumán alguna oposición?, se preguntó el diablo -Es que un diablo con poncho no inspira respeto. Pero Dios, vos también tenés oposición. Me refiero al Big Bang y su explosión creando el universo sin milagros mediante. Yo vengo de Argentina, un país donde se miente diciendo la verdad. Como decía Nietzsche, el enemigo de la verdad no es la mentira sino las convicciones. Mientras destrancamos la bombilla del mate y comemos otra tortillita, decime: ¿qué hacemos con las elecciones en Argentina? ¿Mostramos nuestro poder? O mejor el no poder. ¿Qué pasará? Esta vez responde Camus: “Te llevaré al Paraíso, allí donde el sol quema todas las preguntas”. Una creyente me dijo que había cometido el mayor de los pecados que se puede cometer. ¡Ya sé -le dije- te enamoraste de un abogado! Pero me dijo ¡no, no tan terrible como eso! Su problema era que un poco de su confianza y de su fe se había trasladado a los políticos. Ahora creía en todo lo que decían. Ayudame, diablito, a no perder creyentes, que quedan pocos. A propósito, diablito, ¿tenés familia? Sí, responde el diablo, algo así como un par de diablas. ¿Por qué preguntás? Es que me hablaron de un hijo tuyo, un saltimbanqui histérico que hoy está con el oficialismo y mañana con la oposición. Es que debe honrar a su padre -o sea a mí- con las maldades más inteligentes. Te referís a mi hijo el dólar. Le gusta sorprender. Pero hoy vine a proponerte esta fórmula: Dios Presidente, el diablo vice, para los próximos 400.000 años. Ganamos seguro: Somos más amigos nosotros dos que los argentinos juntos. También inmortales. Y divinos.

Osvaldo Aiziczon

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CRISIS AZUCARERA

Con respecto a la carta del lector Santiago Paz Brühl del día 9/8, digo lo siguiente: por supuesto que la evolución de los precios del petróleo, de la nafta y del gas oil deben ser mayores que los del etanol, si tenemos en cuenta los costos de producción. Veamos, a grosso modo, lo que debe pasar para que un litro de nafta llegue al tanque de un automóvil: 1) Exploración para encontrar la cuenca petrolífera, 2) Perforación de pozos (a veces en alta mar), 3) Extracción del crudo, 4) Transporte en barcos hasta refinería, 5) Destilación del petróleo, 6) Transporte de la nafta hasta estaciones de servicio. Y para el etanol: 1) Siembra de caña de azúcar (50 km a la redonda del ingenio), 2) Cosecha, 3) Transporte hasta el ingenio, 4) Molienda, 5) Destilación de la melaza. Pero además, las petroleras deben retirar el etanol del ingenio, llevarlo hasta sus plantas de almacenaje, mezclarlo con las naftas y traerlo de vuelta en camiones a las estaciones de servicio, todo a su cargo. Creo que está justificada la diferencia. Por otra parte, yo no dije que la industrialización de la caña es buen negocio. Lo que digo es que si el negocio es malo, como aducen los industriales, me llama la atención que estos siguen comprando ingenios e insistiendo con lo mismo, y siempre acusando al Estado por la poca rentabilidad. Y voy a insistir con lo que dije en mi carta anterior: ningún dueño de ingenio está empobrecido. Ellos siguen adquiriendo campos, hoteles, maquinarias, etcétera. ¿Plazos fijos? Y con respecto al “desenlace abrupto” del último ingenio que estaba en manos de sus fundadores, las causas sólo pueden saberlas sus dueños, aunque no hay que descartar una mala administración (llámese falta de control, sobredimensión de empleados jerárquicos, etcétera). Pero cuando cierra un ingenio, aparece inmediatamente un comprador, y a veces compran dos ingenios juntos (y no son nada baratos). ¿Cómo se entiende?

María Alejandra Terán

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