Antônio Augusto Cançado Trindade: "Los jueces se deben a un solo imperativo: realizar la justicia"

Antônio Augusto Cançado Trindade: "Los jueces se deben a un solo imperativo: realizar la justicia"

El gurú de los derechos humanos recibió la máxima distinción de la UNT.

JUEZ DE LA CORTE INTERNACIONAL. Antônio Augusto Cançado Trindade ayer en la Facultad de Derecho. la gaceta / foto de inés quinteros orio JUEZ DE LA CORTE INTERNACIONAL. Antônio Augusto Cançado Trindade ayer en la Facultad de Derecho. la gaceta / foto de inés quinteros orio

No se cansa nunca de defender “lo obvio”, que lo justo va mucho más allá de lo legal, aunque sugiera lo contrario su apellido con cedilla (la “ç” del portugués se pronuncia como “s” en español). En las antípodas de la fatiga, Antônio Augusto Cançado Trindade (Belo Horizonte, 1947) reivindica una y otra vez la fe en una mirada judicial que trascienda la ley durante su primera visita a Tucumán. Gurú de los derechos humanos y referencia de uno de los períodos más prestigiosos de la Corte Interamericana con sede en San José de Costa Rica, Cançado Trindade integra desde hace una década la Corte Internacional de Justicia instalada en La Haya (Holanda), que equivale a jugar en la selección mundial de magistrados. A su biografía apabullante el jurista brasileño añadió ayer el título de doctor honoris causa de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). “Los jueces se deben a un solo imperativo: realizar la justicia”, dice horas antes de la ceremonia en una entrevista con “testigos”.

Con un castellano lejanamente influenciado por su acento original de Minas Gerais, Cançado Trindade se refiere a los grandes dramas globales -la proliferación nuclear y las masacres, por ejemplo- para ilustrar sobre conflictos locales. Acompañado de Adela Seguí, decana de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, y de otros docentes de la casa, el juez departió por la mañana con el gobernador Juan Manzur: trascendió que, del universo vasto de temas posibles, surgió el de los migrantes. Luego, en presencia de Seguí; de la vicedecana Marta Tejerizo; de la secretaria Cristina Grunauer; del profesor Gabriel Pereira; del diplomático Hernán Díaz; del académico brasileño Fernando Gonzaga Jayme (pronunció la laudatio en el acto del honoris causa) y de otros colaboradores del Decanato, el homenajeado coincidió en que la detección de violaciones de derechos humanos dependen de la voluntad: las ven aquellos que quieren verlas.

En la memoria de Cançado Trindade abundan los casos con y sin final feliz. Él se felicita de haber escrito sus memorias del tiempo que pasó en la Corte Interamericana. Trajo consigo ese libro y otros 20 para dejar en la biblioteca de la Facultad de Derecho. El gesto sobresale en tiempos adversos para equipajes pesados. Pero resulta entendible tras 25 minutos de charla: Cançado Trindade deposita sus esperanzas en las nuevas generaciones de abogados, sobre todo hoy que flaquea la confianza en los tribunales transnacionales que los países crearon después de las dictaduras y de los totalitarismos. “Estamos en un momento peligrosísimo”, asegura el especialista.

-Usted llegó a las más altas instancias de la magistratura. ¿Ya sabe qué es ser juez?

-Es muy importante tener siempre presente la primacía de la justicia y la búsqueda de la justicia. Yo me identifiqué con esta función muy temprano en mi vida porque siempre me atrajo mucho la lectura de los clásicos y, sobre todo, de los fundadores del derecho internacional: los estoy siempre leyendo hasta hoy. Esta identificación me ha acompañado en la vida: lo que me complace muchísimo es que hemos logrado soluciones en casos muy complejos tanto en la Corte Interamericana como en la Corte Internacional. Sólo en la búsqueda de la justicia es posible lograr resoluciones de esta naturaleza. Ello obliga a ir más allá de lo que ofrece el derecho positivo.

-¿Cómo sería esto?

-Hay muchas situaciones nuevas que no fueron consideradas en las leyes. Y, entonces, es necesario buscar la justicia en los principios generales del derecho, que yo considero prima principia. Ellos son los que mejor guían el razonamiento de un juez. Puedo dar ejemplos concretos de esto. Durante mis años en la Corte Interamericana tratamos los casos de masacres. En Guatemala, en la época de Efraín Ríos Montt, hubo 626 episodios. Para encontrar una respuesta tuvimos que pensar más allá de la Convención Americana de Derechos Humanos. Del mismo modo sucedió en materia de reparaciones: tuvimos que imaginar toda una jurisprudencia creativa aplicable a situaciones muy diversas. Hay otros ejemplos: hace cuatro o cinco años, la Corte Internacional intervino en un conflicto de límites territoriales entre Burkina Faso y Níger. Esta situación afectaba el traslado transfronterizo de poblaciones nómades y seminómades. A un experto le pedí que hiciera un mapa, no de la demarcación, sino del movimiento de las poblaciones. Eso me permitió insistir en salvaguardar la libertad de circulación cualquiera fuera la frontera final. Y en mi voto incluí los mapas que ilustraban sobre estos desplazamientos. Esto sorprendió a muchos porque nunca se había hecho en la historia del tribunal. Para mí es claro que “siempre hay una primera vez”. Imagínese qué maravilla aconteció cuando, tres meses después de la sentencia, Burkina Faso y Níger celebraron un acuerdo bilateral que aseguró los derechos de las comunidades nómades: ¡se resolvió la cuestión desde una perspectiva humanista! ¡Eso es fundamental!

-Los estrados judiciales transnacionales son como un faro: iluminan, pero a la distancia. ¿Cómo hacer para que los fallos y principios impregnen la realidad doméstica?

-No hay progreso lineal en materia de protección de los derechos humanos. Tenemos que seguir luchando por los avances. Es una lucha sin fin.

-Aquí en Tucumán tenemos una crisis carcelaria muy seria y los años pasan sin avances. Usted habla de una lucha sin fin, pero ¿cómo llevarla hacia un punto de inflexión?

-Le agradezco que haya mencionado este problema, que es común a todos los países de nuestra región. La gran mayoría de quienes están en prisión son ciudadanos detenidos preventivamente, que pasan años esperando un juicio. Esta es la mayor injusticia que puede haber. Eso tiene que ver con el tipo de formación impartida en gran parte de las facultades de derecho, que siguen cultivando el neopositivismo. Me desempeñé 33 años como docente y siempre me opuse a creer que la palabra final es la que está en la ley. La justicia exige mucho más que esto, incluso cambios en la normativa. No se puede hacer abstracción de la justicia. Es impresionante la influencia que el positivismo tuvo en nuestra región. A mí me parece muy triste.

-Parece evidente que en América Latina el sistema judicial es selectivo: persigue a los marginales adictos y es benévolo con los “peces gordos”...

-No quiero referirme a ningún lugar en concreto, pero creo que prevalece la corrupción en la base de funcionamiento de las instituciones públicas. Y esto contribuye a que no haya justicia igual para todos. Eso no existe en la práctica de muchos países, no solo de nuestra región, sino en general. ¿Cuántos han cometido crímenes internacionales sin que haya ninguna reacción? Fíjese: la ignorancia se impone impulsada por los poderosos.

-Usted mencionó la corrupción: en Tucumán a menudo esta palabra se pronuncia para denunciar a los jueces y fiscales que deben investigarla, juzgarla y sancionarla. ¿Cómo pretender que el Poder Judicial se investigue a sí mismo?

-Los jueces deben estar atentos a un solo imperativo: realizar la justicia.

-¿Y si no lo están?

-No están ejerciendo la función que la sociedad les ha encomendado.

-¿Qué puede hacer la ciudadanía que considera que la corrupción mancha al Poder Judicial?

-Hay que traer a colación la cuestión para que haya una conciencia de esto. ¡Y formar a los jóvenes!

-¿En qué medida la corrupción viola los derechos humanos?

-Es una forma de violación en sí misma porque causa daño y lleva al declive de todas las condiciones de vida de una sociedad. En los escritos de los padres fundadores del derecho internacional hay pasajes que llaman la atención sobre esto. Ellos dicen que lo importante no es la ley sino la recta ratio que no admite la corrupción. Pero no hay formación: la gente no toma en serio sus funciones.

-¿Un Estado podría ser responsabilizado por los tribunales internacionales si impide la interrupción del embarazo a niñas abusadas?

-Sí hubo casos y condenas por problemas de esta naturaleza incluso en mi época en la Corte Interamericana. Recuerdo un proceso referido a la venta de niños desamparados. Cuando terminaba mi período, fui a una sesión en San Salvador y, al final, un grupo de jóvenes me entregó una bandera: eran antiguos niños vendidos. La tengo guardada conmigo. Esto muestra que hubo una conciencia porque lo que hicimos fue condenar algo que en ese momento era una práctica común. Es muy bonito ver esto: el reconocimiento de víctimas que empezaron a trabajar en los derechos humanos.

-En el mundo hay una regresión respecto de las garantías constitucionales. ¿Cómo ve esa tendencia?

-Con mucha preocupación. Usted tiene razón: esto es una realidad. Cuando era joven y pese a todas las dificultades por las que pasaban nuestros países, había una visión sobre la protección de los derechos humanos. Hoy en día eso está haciendo cuestionado. Es la primera vez que ocurre desde la construcción de la jurisprudencia de los tribunales internacionales de derechos humanos. Entonces, este es un momento de deconstrucción. Es peligrosísimo: la única esperanza es que los jóvenes sean formados con la sensibilidad para ver estas cuestiones. Es muy triste advertir cómo los Estados, en varias partes del mundo, incluso en Europa, intentan sustraerse de sus obligaciones. Los países abandonan o amenazan con abandonar las instituciones de las convenciones internacionales. Estamos en una coyuntura preocupante para el respeto de los derechos humanos.


 la gaceta / foto de Analía Jaramillo la gaceta / foto de Analía Jaramillo

> MÁXIMA DISTINCIÓN ACADÉMICA PARA UNA FIGURA DEL DERECHO LATINOAMERICANO

Antônio Augusto Cançado Trindade recibió ayer el diploma de doctor honoris causa de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). El rector José García entregó la distinción al juez de la Corte Internacional de Justicia con asiento en Holanda durante el acto celebrado en el aula magna de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. Acompañaron al académico homenajeado la decana Adela Seguí y el profesor brasileño Fernando Gonzaga Jayme, quien llevó adelante la “laudatio” de su compatriota. Luego, el jurista nacido en Belo Horizonte brindó la exposición titulada “La importancia de la jurisprudencia internacional para la enseñanza de los Derechos Humanos en el siglo XXI”.

Cançado Trindade es juez de la Corte Internacional de Justicia desde 2009. En 2017 fue reelegido para ocupar una de las sillas del tribunal principal de la Organización de las Naciones Unidas. Formó parte de la Corte Interamericana de Derechos Humanos entre 1995 y 2006 (ocupó la presidencia en los períodos 1999-2001 y 2002-2003). 

Cançado Trindade se doctoró en la Universidad de Cambridge (Reino Unido). Es profesor titular de la Universidad de Brasilia y del Instituto Diplomático Rio-Branco de Brasil; miembro titular del Institut de Droit International, y de los consejos directivos del Instituto Interamericano de Derechos Humanos y del Instituto Internacional de Derechos Humanos (Estrasburgo). Publicó alrededor de 30 libros y 475 monografías, y recibió numerosos premios y condecoraciones. El doctorado honoris causa de la UNT se suma a los que antes le habían conferido la Universidad Central de Chile; la Universidad Católica de Perú; la Universidad Americana de Paraguay y la Universidad Nacional de La Plata, entre otras instituciones.  


> Diserta hoy un jurista de Israel

 la gaceta / foto de Analía Jaramillo la gaceta / foto de Analía Jaramillo

Invitado por la Universidad San Pablo-T, el académico Alon Harel se referirá a la necesidad de defender los principios e instituciones del Estado
Alon Harel (foto), profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén (Israel), presentará la ponencia titulada “Una Constitución robusta: en defensa de los principios e instituciones del Estado” hoy a las 18 en la sede centro de la Universidad San Pablo-T (San Martín 435 de esta ciudad). La conferencia en inglés con entrada libre será moderada y traducida por Javier Habib, profesor titular de Metodología de la Investigación, Taller de Tesis e Investigación de la institución educativa anfitriona. La San Pablo-T declarará profesor honorario al disertante.
Harel llegará a esta provincia en el ámbito de una visita académica a la Argentina que incluye la presentación de su libro “Por qué el derecho importa” (“Why law matters” en el título original) en la Corte Suprema de Justicia de la Nación. La edición en español de esta obra fue publicada el año pasado por la editorial española Marcial Pons. Distintas reseñas del ensayo coinciden en que el autor teoriza sobre la necesidad de que el Estado de derecho valga por sí mismo y más allá de sus fines. La argumentación procura ideas sobre cómo valorar, juzgar y pensar las instituciones legales.
Harel enseña en la Cátedra Philip P. Mizok & Estelle Mizok de la Universidad Hebrea de Jerusalén, y es una personalidad del Derecho Constitucional. También se destaca como activista de derechos humanos ante la Corte Suprema de Israel, según explicó Habib a este diario.
El expositor se doctoró en Oxford (Reino Unido) y fundó la revista Jerusalem Review of Legal Studies. Además de enseñar Derecho en Israel, se desempeñó como profesor invitado en las universidades de Chicago, Texas, Harvard y Columbia (Estados Unidos), y en Toronto (Canadá).

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