El Tucumán del “todo pasa” no da para más

12 Jul 2019 Por Guillermo Monti
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La agenda informativa discurre a tal velocidad que los temas se tratan y se archivan sin dar tiempo a masticarlos como corresponde. Lo que hace 15 minutos era materia de debate ya luce viejo ante la avalancha de novedades que desbordan las pantallas. La realidad termina subsumida a una historia de Instagram: más de 24 horas es una eternidad. Si son las reglas del juego, que conste en actas su condición de perversas e injustas. Entonces la vida termina sujeta a un VAR tan unilateral como el que perjudicó a la Selección en la Copa América: lo que no se revisa en el acto va directo a la papelera.

Por ejemplo, el accidente que provocó 15 muertes la semana pasada ya tomó forma de estadística. La Justicia apuntó contra el chofer del ómnibus que volcó en el cruce de las rutas 157 y 308, mientras los heridos lentamente van regresando a su Mendoza natal. De las deficiencias en ese nudo de carreteras, carente de señalización y, por ende, una trampa mortal, nadie se hace cargo. No hubo despidos ni renuncias en la Dirección de Vialidad. Nadie pidió disculpas, ni siquiera se escucharon promesas de reparación de la red vial. Todo pasa, decía uno de los anillos que Julio Grondona mostraba cada vez que le preguntaban por los escándalos en la AFA. ¿Todo pasa? ¿Aunque mueran 15 personas?

Un acierto

Durante su visita relámpago del martes, el Presidente de la Nación recibió a la Comisión de Familiares de Víctimas de la Impunidad. Esos 20 minutos fueron lo mejor de su paso por Tucumán. Hilando fino, vale apuntar que pudo haberle dedicado más tiempo a la delegación, tal vez en un ámbito más cálido que el desangelado salón del aeropuerto. Pero en estos casos es mejor mirar el vaso medio lleno, ¿no?

Mauricio Macri le transmitió un mensaje de apoyo a ese colectivo tan acostumbrado al desamparo. “Antes nos molían a palos, nos tiraban con gas pimienta, nos despreciaban y protegían a los delicuentes. Su gestión puso a las víctimas en el centro y por ese motivo yo particularmente quiero felicitarlo”, le dijo Alberto Lebbos. Es el mejor elogio que pudo llevarse el Presidente de Tucumán. Lebbos viene luchando contra la impunidad sin aflojar. Este año volvió a declinar una candidatura política, lo que lo mantiene en el llano. En la calle, que es el ámbito natural de las marchas.

Claro que Macri puede contener, respaldar y brindar asistencia a los familiares de las víctimas. Lo que no puede hacer -o mejor dicho, no va a hacer- es intervenir el Poder Judicial de la Provincia, como reclamó Roxana Teves, otra de las asistentes a la reunión en el “Benjamín Matienzo”. Hay límites cuyo cruce no figura en el mazo de la Nación, cartas que bajadas al paño generarían un terremoto político. “En Tucumán hay jueces y fiscales buenos y honestos, pero unos cuantos hacen un trabajo de ‘caballo de Troya’ y están dinamitando el Poder Judicial -remarcó Lebbos-. La injerencia política en la Justicia hace que esta deje de servir a la comunidad”.

Una Justicia para pocos, condicionada en demasiados casos a los recursos de demandantes y/o demandados, deja renga a cualquier democracia. El acceso a despachos y a resoluciones no es parejo en los Tribunales, ni en Tucumán ni en Buenos Aires ni en el resto del país. Sumado esto a la falta de independencia que denuncian Lebbos y sus compañeros de ruta, la conclusión no puede ser otra que la impunidad. Nada más peligroso -y doloroso- que el “todo pasa” cuando nada menos que de impartir justicia se habla.

Un revés

Ahora bien, si de la columna del debe se trata, el Presidente no sólo la nutrió con la fugacidad de su paso por la cuna de la Independencia. Fue amarrete con su tiempo, sí, pero también con la gestualidad. En ese sentido, no le alcanza ampararse en el ocasional distanciamiento con el Gobernador. Las cuitas que separan a Juan Manzur de la Casa Rosada no tienen por qué justificar la lejanía que estableció Macri con los tucumanos.

Partir a toda velocidad para encabezar el desfile del 9 de Julio en Buenos Aires representó un desaire a los festejos programados en la provincia. Los socios de Macri en Cambiemos, demasiado enfrascados en sus propias internas, también fueron víctimas de ese tratamiento exprés. La foto que ilustró la portada de LA GACETA del miércoles habló por sí misma: quedaron retratados dos hombres que sintonizan ondas opuestas. La que pierde, como siempre, es la ciudadanía. “Todo pasa”, podrá pensar el Presidente, ya con el 9 de Julio borroneándose en el espejo retrovisor. “No todo pasa”, podrá anotar el Gobernador en su libreta, tal vez con la idea de cobrar el desplante en algún momento.

Y mientras tanto...

Para la sociedad, los paros del transporte son como un partido de tenis. De un lado sale el raquetazo de los empresarios; del otro, el de los trabajadores. La pelotita va y viene, mientras los jugadores mantienen un ojo en la cancha y otro en la tribuna. En los sectores más privilegiados, pegaditos al court, se acomodan el sindicato y el Gobierno, que son los que a fin de cuentas cortan el queso. La sociedad no tiene butacas, se aguanta de a pie, y con la certeza -además- de que ocupa la tribuna por obligación. Es un partido que mira sin ganas, impotente, pero de cuyo resultado depende su calidad de vida. Este nudo se desata con plata y, por lo general, la pone el Estado. Hasta el próximo paro.

A una crisis que deriva en tantos días sin transporte público lo mejor es prevenirla. El conflicto lleva meses y está lejos de solucionarse más allá de los arreglos ocasionales, que no son otra cosa que parches. Si es el sistema al que no lo cierran los números, tal como están planteados, va siendo tiempo de apelar a las soluciones de fondo. Lo imperdonable es dejar correr una huelga en un servicio básico, que deja inmovilizadas a decenas de miles de personas. Es tan marcada la mala praxis política y económica en este entuerto que llama a sospecha. Nadie juega limpio ni claro, eso lo percibe cualquiera. Y, definitivamente, aquí no puede aplicarse el concepto de “todo pasa” porque no pasará, de ninguna manera.

Pero como estamos en Tucumán, todo tiende a naturalizarse. La pérdida de la capacidad de asombro conspira contra el margen de maniobra ciudadana. Entre trabajadores que no cobran el salario y ejercen el derecho a huelga y empresarios que basan su negocio en el cobro de subsidios estatales queda un universo de rehenes, prisioneros de ese toma y daca, tan precario como interminable. Ya está naturalizado que la calidad del servicio es, salvo un par de excepciones, entre regular y mala. En ese sentido, los usuarios bajaron los brazos, resignados a viajar en las peores condiciones ¿Ahora hay que aceptar que ese servicio funcionará de vez en cuando? ¿Cuál es el límite del “todo pasa”?

Nombres, no cifras

Cuando los hechos se transforman en estadísticas el dolor no se aplaca, sino que queda maquillado, falsamente disimulado. Porque el dolor jamás se va. Las historias siguen estando ahí, candentes y potentes. Los 15 muertos en el accidente de la semana pasada tenían nombres, historias, recorridos, sueños. El deber es descongelar el número y ponerle rostro.

La misma reflexión cabe para la víctimas de femicidios. Durante los primeros seis meses de 2019 fueron asesinadas 132 mujeres en la Argentina, siete de ellas en Tucumán. El relevamiento estuvo a cargo del Observatorio “MuMaLá. Mujeres, Disidencias, Derechos”. “Desde la sanción de la Ley 26.485 hasta la fecha no se ha destinado un presupuesto acorde para efectivizar las políticas públicas necesarias”, apuntaron las referentes de la ONG, quienes emplean un hashtag que lo dice todo: #NiMacriNiCristina. Hablando de noticias que se licúan en la liquidez que caracteriza a la época, deslizar “todo pasa” cuando se habla de femicidios es, cuanto menos, una canallada.

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