Cartas de lectores

09 Jul 2019

¿Persona no grata?

Lamento coincidir con Eugenia Flores de Molinillo, al responder en la nota del 7 de julio sobre si en el Bicentenario se aprovechó para refundar la República; advierte sobre “la peligrosa cercanía entre los vocablos refundar y refundir”, en cuanto a que, si se hubiera refundado, no hubiera sido necesaria “la compra de votos y de voluntades, la precariedad de la justicia, la dádiva, el ninguneo de la educación, la droga, la violencia, la irresponsabilidad...”, para que los tucumanos y la República podamos enorgullecernos de tener un nuevo período de cuatro años de gobierno, con un triunfo limpio, en igualdad de oportunidades, gane quien gane. Sospecho que estamos lejos de iniciar el camino de la “refundación” cuando leemos la antirrepublicana y grotesca propuesta en la Legislatura de Ariel García, de declarar “persona non grata” en la provincia al Presidente de la Nación, sea quien sea, que viene a rendir homenaje, como está previsto desde hace muchos años, a ese arriesgado acto de Declaración de la Independencia de 1816, cuando se honró a esta provincia, como sede de la misma para convertirla en Provincia Histórica. ¿Quién es Ariel García? Como yo, mucho no sabíamos de él, qué hace, o qué hizo por Tucumán o por el país. Es que, como muchos de nuestros legisladores, pasan totalmente desapercibidos. Sólo aparecen en sonrientes afiches en épocas electorales.

Florencia Aráoz

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“Bienvenido, señor Presidente”

El 10 de diciembre de 2015, como candidato de una coalición de partidos políticos, luego de un proceso absolutamente democrático, y de triunfar por la decisión de la mayoría de sus conciudadanos expresada en las urnas, en elecciones inobjetables, asumió como Presidente de todos los argentinos el actual mandatario, Mauricio Macri, quien como todo ser humano, con aciertos y errores en su gestión, cumplió con el mandato recibido, y pareciera que después de más de 70 años va a ser el primero en lograr completarlo (como mandatario no peronista). Cumpliendo una disposición legal, que a su vez es un compromiso moral, viene a nuestra provincia el día de hoy, para festejar junto a nuestro pueblo un nuevo aniversario de la Declaración de la Independencia, que otros pretendieron modificar. Con ese motivo, un legislador provincial ha presentado un proyecto en la Legislatura, para declararlo “persona non grata”, dando como razón valedera el hecho de haber concretado, junto a otros primeros mandatarios de los países hermanos integrantes del Mercosur, un convenio con la Unión Europea, cuya gestión la comenzó hace más de 20 años otro presidente argentino, de distinto signo político, y fue continuada por quienes, pertenecientes al mismo signo de aquel, lo sucedieron con manifiestas expectativas esperanzadoras y reiteradas frustraciones. Eso es lo que el referido legislador califica como deplorable, ya que causaría “un grave daño a la economía provincial”, cuando aún no se sabe si será ratificado por los respectivos representantes del pueblo de las 32 naciones involucradas y que de resultar aprobado, recién sería puesto en vigencia. Como supuesto demócrata, y más aún como representante del pueblo, lo primero que debiera aprender, saber, cumplir y defender, y si fuera posible transmitir a la ciudadanía, es que se debe respetar a rajatabla el veredicto de la mayoría ciudadana y la vigencia plena de las instituciones de la República. Por eso, como simple ciudadano, creyente y defensor de los mandatos constitucionales y las instituciones por ella creadas, contrariando la gestión del legislador, ante los festejos de la magna fecha, saludo con el respeto que merece su investidura y expreso: “Bienvenido y feliz estada, señor Presidente”.

Adolfo Valeriano Poliche

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Manifiesto trascendente

El 22 de octubre de 1817, el Congreso General Constituyente de las Provincias Unidas en Sud América emitió, en Buenos Aires, un histórico Manifiesto sobre “las crueldades y motivos” que generaron la declaración de nuestra Independencia, explicando por qué se demoró esta trascendente resolución, “permaneciendo obedientes cuando se nos presentaron anteriormente las más lisonjeras coyunturas de quebrantar su yugo”. Buscaba el documento defender nuestro honor “ultrajado” por las acusaciones de “rebelión y perfidia” difundidas por el Gobierno Español ante las demás naciones, por habernos independizado el 9 de julio de 1816, “imputándonos ideas de anarquía y miras de introducir en otros países principios sediciosos”. El documento prescindía de “investigaciones acerca del derecho de conquista, de concesiones pontificias y de otros títulos, en que los españoles apoyaron su dominación”. Apelaba “a hechos, que forman un contraste lastimoso de nuestro sufrimiento, con la opresión y sevicia de los españoles”. Destacaba que “desde que los españoles se apoderaron de estos países, prefirieron el sistema de asegurar su dominación, exterminando, destruyendo y degradando por espacio de 300 años”. Señalaba que “los españoles pusieron una barrera a la población del país”, porque “la enseñanza de las ciencias era prohibida para nosotros, siendo siempre el comercio un monopolio exclusivo entre las manos de los comerciantes de la península, negándonos el fomento de la industria para que nos faltasen los medios de salir de la miseria y pobreza”. Resaltaba que “los empleos eran para los españoles, porque rara vez los americanos llegaban a conseguirlos, no teniendo nosotros ninguna influencia en nuestra legislación, dictada en España”. Pese a esta detallada descripción de los males inferidos por el dominio español, este Manifiesto detalló las oportunidades históricas que no aprovechamos para “redimirnos de tantas vejaciones”, porque “no quisimos separarnos de España”. Menciona, entre esas coyunturas, “la guerra de sucesión entre las casas de Austria y Borbón”, las invasiones inglesas de 1806 y 1807, que generaron “la ocasión más halagüeña para habernos hecho independientes, por hallarnos con las armas en las manos, triunfantes y sin un regimiento español que pudiese resistirnos”, la ocupación francesa de la península ibérica en 1808 y la detención en Francia del rey Fernando de Borbón. “Temiendo ser envueltos en las mismas desgracias de la Metrópoli -añade este documento- establecimos nuestra Junta de Gobierno, puramente provisoria y a nombre del cautivo rey Fernando”. Denunciaron la “guerra religiosa” emprendida por ejércitos españoles contra los criollos, “atribuyéndonos designios de destruir nuestra sagrada religión”. Al restituirse Fernando al trono español, en 1814, el Manifiesto destaca el envío de un diputado para negociar la nueva situación “con un rey que no sería indiferente a la desolación de sus pueblos”. Sin embargo, “él nos declaró amotinados, no queriendo oír nuestras quejas ni admitir nuestras súplicas, declarando crimen de Estado la pretensión de formarnos una Constitución, para que nos gobernase fuera de los alcances de un poder divinizado, arbitrario y tiránico”. Fue este hecho “el impulso para tomar el único partido que nos quedaba, constituirnos independientes de una monarquía, que por su nulidad en el mar ha caído en absoluta impotencia de protegernos contra las invasiones extranjeras”. Este Manifiesto es la interpretación auténtica de las causas que generaron nuestra decisión de independizarnos. Fernando VII rechazó nuestra decisión de continuar formando parte de la monarquía española, en forma autónoma y con un texto constitucional propio.

Luis Iriarte

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¿Sabemos honrar el 9 de Julio?

9 de Julio. Feriado nacional. Homenaje a aquellos hombres de verdad que no vacilaron en exponer su vida, familia y bienes para romper las cadenas de la esclavitud y deshonra de vivir serviles a los deseos de algún poder externo, que aprovechara la confusa oportunidad para imponer el vasallaje a esta nuestra raza argentina en formación. Costó mucha sangre, miseria y sufrimiento que, a esta altura, muy pocos lo tienen en cuenta. Nuestros gobernantes organizarán toda clase de festejos, como corresponde. !Alegría, alegría! Está bien. No pasar por alto tan magna fecha es de hombres de bien. Rememorar nombres, acciones, logros. Pero, por otro lado, una vez pasados el bullicio, los grandilocuentes discursos políticos, matracas y cantos, demos lugar a la reflexión sana, imparcial y justa: ¿estamos haciendo o hemos aprendido a hacer nuestros deberes para acrecentar en todos los órdenes (espiritual, material, moral, cívico, virtuoso) nuestra calidad de argentinos? Lo dudo. Ya han pasado siglos de aquellos gloriosos momentos y seguimos cometiendo gruesos errores, imperdonables ante los ojos del mundo que nos rodea. Diría, más bien, que somos testarudos y nos cuesta mucho aprender de errores anteriores. Tenemos que honrar a quienes en esta fecha recordamos, empezando ya a analizar y aceptar solamente lo bueno, lo justo, lo sabio, lo correcto. Y despreciar la mentira, la injusticia, la estupidez, la felonía. Empezar a distinguir lo bueno de lo malo y hacer de nuestras acciones y reacciones un ejemplo de probidad y madurez intelectual. Es la verdadera manera de honrar a quienes, alguna vez, hemos muy justamente designado “Padres de la Patria”.

Darío Albornoz

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