Son Jaguares adultos

La cuarta temporada en el Súper Rugby reflejó una consolidación positiva de la franquicia.

07 Jul 2019
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DE CLASE MUNDIAL. Más allá de la lesión que sufrió en la última parte, Ramiro Moyano redondeó una gran temporada. PRENSA JAGUARES

Detalles. En las esferas más altas del mundo ovalado se habla de ellos como el gramo que termina inclinando la balanza hacia un lado o hacia el otro. Al margen de lo brillante que sea un plan de juego, al final la ejecución es la que manda: una decisión bien tomada en un instante de máxima presión puede conducir al éxito, así como un pase entregado en forma defectuosa o medio segundo más tarde de lo debido puede ocasionar el derrumbe. Lo realmente positivo es que, en estas cuatro temporadas que llevan en el Súper Rugby, en las que se han habituado a jugar al ritmo de las potencias del Hemisferio Sur, los Jaguares han mostrado una significativa evolución en ese trazo fino, al punto de medirse de igual a igual -y vencer- ante rivales que años atrás les tiraban la chapa encima. El propio Crusaders (ganó 19 a 3) no lo tuvo fácil esta vez, ni siquiera jugando en su casa: aunque su tarea defensiva rozó la perfección, el equipo argentino logró generarle tres chances muy claras de try, que no pudo concretar.

Argentina no es un país que sepa valorar los segundos puestos, pero en este caso, nadie le puede reprochar absolutamente nada a Jaguares. Su condición de subcampeón es la recompensa a una temporada que será difícil de superar e imposible de olvidar. Las estadísticas marcan una consolidación en la gran mayoría de los aspectos: cada año ha sido mejor que el anterior, con una curva de crecimiento bastante más pronunciada de lo normal en esta competencia tan particular y exigente como es el Súper Rugby. El propio Greg Peters, ex CEO de Sanzaar y conocedor del paño como pocos, había anticipado que los primeros tiempos iban a ser difíciles, y que Jaguares debía apuntar más a ganar experiencia que a esperar grandes resultados. Que estos llegarían por sí solos. Sin embargo, ni él podía imaginar que sólo cuatro años más tarde el mundo vería a los Jaguares en un mano a mano con los “Cruzados” por el trofeo.

Las claves del éxito

1- La primera es la llegada del propio Quesada al mando de la franquicia. El goleador del Mundial 99 no sólo aportó su conocimiento y la experiencia acumulada en sus años como entrenador en el rugby profesional europeo, sino que generó un gran vínculo con los jugadores, más cercano que el de Mario Ledesma. Mejorar la gran campaña de 2018, bajo la batuta de “Bocha”, era un gran desafío, y “Queso” lo cumplió con creces.

2-  Una de las grandes incógnitas al comenzar la temporada es cómo iba a sobrellevar Jaguares la ausencia de Nicolás Sánchez, una de sus principales figuras y la más difícil de reemplazar. Joaquín Díaz Bonilla recogió el guante, y aunque no logró llenar los botines de “Cachorro” y fue irregular, cumplió con algunas muy buenas actuaciones, como la de la semifinal ante Brumbies (no así en la final, en la que falló con las manos y con el pie). Por su parte, Domingo Miotti no tuvo tantas oportunidades, pero se hizo notar cuando le tocó el turno: fue figura en su debut con un doblete inolvidable y en la final contra Crusaders le bastaron unos pocos minutos para generar peligro en el fondo neozelandés. Quién sabe lo que hubiera hecho con más tiempo en cancha, aunque sin dudas se plantea como el 10 del futuro en Jaguares.

3- En cuanto a las formaciones, el scrum mostró signos de mejora en general con respecto a temporadas anteriores (86% de efectividad), pero donde se notó una mejora más palpable fue en la seguridad del line: 92% de lanzamientos propios ganados a lo largo de la temporada, bastante por encima de sus campañas anteriores.

4-  La disciplina fue otro aspecto clave en el que Jaguares mejoró notoriamente. Bajó sensiblemente la cantidad de penales concedidos por partido (sobre todo, los innecesarios) y la cantidad de tarjetas: apenas seis amarillas en 19 partidos, y ninguna roja.

5-  La final contra Crusaders fue el único partido de la temporada en el que Jaguares no marcó cuando menos un try, lo que habla también de una mayor eficacia en el ataque: fue el segundo equipo con mejor promedio de tantos por partido, por detrás del campeón. No se trata sólo de generar oportunidades, sino de concretarlas. Y en ese ítem, el de la definición, cabe destacar el aporte de dos tucumanos: Matías Orlando (tryman del equipo en la temporada, con ocho conquistas) y Ramiro Moyano, que aportó siete y totaliza 17 sumando todas las temporadas.

6-  La constante evolución de jugadores como los mencionados Orlando y Moyano, Pablo Matera (una bestia que también sabe hacer magia, se lo va a extrañar), Marcos Kremer, Julián Montoya, Guido Petti, entre otros. Además, la experiencia de algunos líderes com Juan Manuel Leguizamón, Agustín Creevy, Joaquín Tuculet, Jerónimo de la Fuente y Tomás Cubelli.

7- La revelación de nuevas figuras, que se acoplaron muy bien al equipo y le aseguran una continuidad, como Domingo Miotti, Mayco Vivas, Santiago Carreras, por mencionar algunos.

8- También cabe mencionar la solidez defensiva: después de Crusaders, Jaguares fue el equipo con menor promedio de puntos recibidos por partido (20,7). También fue la mejor temporada de Jaguares en cuanto a porcentaje de efectividad en tackles, superior al 85%. Hacerle un try al equipo de Gonzalo Quesada fue particularmente difícil este año.

9- Un aspecto no menor es que Jaguares le perdió el respeto a los equipos más poderosos, sobre todo a los de Nueva Zelanda. Lo que el año pasado era una hazaña sin precedentes (esa gira por Oceanía con cuatro victorias y cero derrotas) ha dejado de ser una novedad: Jaguares también se anima a ganar de visitante. Caben destacar los triunfos sobre Hurricanes en Wellington y sobre Waratahs en Sydney.

10-  Finalmente, y no menos importante: es difícil comparar a un equipo que recién ingresaba a una competencia de altísimo nivel como es el Súper Rugby, con uno que ya tiene cuatro años de rodaje. Jaguares sigue siendo el más novato, pero ya le ha ido agarrando la mano a estos eternos viajes transoceánicos y a los constantes cambios de horario. Además, la mayor base de jugadores en condiciones de entrar sin desentonar permitió una mayor rotación y, por ende, un plantel con cargas físicas mejor distribuidas y menor número de lesionados.

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