Educando a Santiago

08 Jun 2019 Por Roberto Delgado
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Santiago tiene seis años. En el acto escolar del 1 de mayo, habló en público por primera vez en primer grado: “no importa lo que elijas, sea un oficio o una profesión; el trabajo es un derecho y también una obligación”, recitó frente a sus compañeros. Aplausos y emoción de la familia. Un mes después, le regalan en casa un billete de $ 10, “para guardar en la alcancía”. Un adulto le recomienda: “mejor pensá en cómo gastarlo, antes de que se desvalorice”. Risas de los adultos. Y reflexión posterior: ¿cómo le explicamos lo que pasa en este país en que la moneda se va desintegrando y con ella el fruto del trabajo? ¿Cómo le explicamos el sentido del trabajo en un país –una región, una provincia- con grandes porcentajes de trabajo precario, desvalorizado, en negro y de desocupados? “El trabajo es un derecho y una obligación”, recita él. Apenas empieza a creerlo cuando comienza a aprender que la vida, acá, es dialéctica y llena de contradicciones. ¿De quién es la culpa? Del gobernante. ¿Y el que elige al gobernante? ¿Qué responsabilidad tiene? Elegir es un derecho y una obligación.

Atravesar la maraña

Mañana los tucumanos tienen que ejercer ese derecho y esa obligación en una maraña de candidatos: nueve para la gobernación y 18.287 para el resto de los 347 cargos en disputa. ¿A cuántos se conoce? A muy pocos. Una encuesta en cualquier ámbito daría cifras de elevado desconocimiento, más allá de unos cuantos personajes muy públicos. Una carta de un lector, titulada “¿Quiénes son los candidatos?”, generó un aprieto periodístico el 1 de junio, porque al día siguiente llegó una respuesta muy sesuda de una candidata que describió su curriculum y los de todos sus acompañantes. ¿Era una respuesta veraz? ¿Era propaganda o un tema de interés general? Fueron duras preguntas en la redacción. La respuesta no era fácil. ¿Y qué pasaba si los 18.296 candidatos enviaban sus currículos? ¿Cuántos diarios harían falta para publicarlos? Y, por otra parte, ¿un votante de Trancas se interesaría por el curriculum de un candidato de Simoca o de Rumi Punco?

Y en esos lugares –y en el resto de la provincia-, ¿saben quiénes son los que se postulan en sus jurisdicciones? Hace unas semanas, cuando se hizo el debate entre los que pretenden ser intendente de Yerba Buena, un lector de El Cadillal lamentó que en esa localidad, que tiene 13 aspirantes a comisionado comunal, no se haya realizado una contienda para conocer sus ideas. Tampoco en Los Ralos, donde hay 23 candidatos a delegado comunal.

En busca de coincidencias

¿Basta la difusión mediática, la propaganda que inunda la ciudad o la viralización por redes sociales de informes, memes y entretenimientos con los postulantes para conocerlos a todos? En el heterogéneo mar, al final quedan los paradigmas de los votantes, que son los que en definitiva deciden si siquiera le prestarán atención a una figura que acaso exponga ideas que se acercan a su visión del mundo. ¿Esas ideas son profundas? ¿Tienen coherencia entre ellas? ¿Le caerá bien o mal un candidato con el que coincida en cuanto a la inseguridad pero no en cuanto al aborto? ¿O cada votante podrá hallar el postulante con el que tenga una coincidencia total? ¿Incluso coincidencia en contradicciones? Difícil. Es que también depende de los paradigmas personales. En una carta del 1 de junio, titulada enigmáticamente “Medicina”, el lector habló de los “síntomas sociales” de los problemas que afligen a nuestra comunidad y después mencionó la “causa generadora” de la crisis “en este país rico” y llegó a un punto casi sin retorno, porque para él se trata de la política neoliberal . Otro lector –el 6 de junio- en una carta titulada “¿Por qué tenemos tantos problemas los argentinos?” hizo una larga descripción del caos y del aprovechamiento que el mundo político hace del Estado, aunque para él la causa está en “la actuación de los tres poderes del Estado” “desde mediados del siglo pasado”, para terminar llamando a la reflexión a quienes resulten electos para que tengan algo que se exige a todos (y que todos dicen querer): honestidad, “trabajar para el bien común, para mejorar la situación de los más pobres, y tratar de bajar el gasto (absurdo) del Estado”.

Hubo muchas más cartas, generalmente referidas a la grieta, la economía, la seguridad, el populismo y el festival de candidaturas, pero las tres mencionadas describieron gran parte del problema: saber pero no entender lo que nos pasa y tratar de encontrar un camino para adelante. De eso se trata la reflexión que tendrán que hacer los votantes mañana antes de entrar al cuarto oscuro, o una vez en él.

Extremos desopilantes

Va a ser difícil. Los problemas más resonantes son el económico –aunque poco se habló en la campaña de la salida de esta crisis porque es complejo coincidir en medio de un país con una grieta profunda- y la inseguridad. Casi todos los postulantes coincidieron en la responsabilidad de un Estado en el que sus factores (Policía, funcionarios, Justicia) son inoperantes, ausentes o cómplices del crecimiento de la delincuencia. Alguno habló de un drama global, general en el país. Todos reconocieron el problema. La crónica periodística cotidiana, además de inquietante, llega a límites desopilantes, como el hecho de que en San Cayetano, barrio que tiene rejas hasta en los arbolitos, el único lugar seguro parece ser ahora la parroquia, puesto que en su interior hay un policía enviado de custodia para el cura, que se cansó de sufrir asaltos. Quizá los funcionarios policiales y judiciales, que se autoensalzan hablando de los megaoperativos que hacen para “pacificar” una provincia que va registrando elevadísimos niveles de violencia, con 13 homicidios por mes (así fue en mayo) podrían haber asistido a algunas ponencias sobre la educación y los dramas sociales, expuestas en la Facultad de Filosofía y Letras, con motivo de sus 80 años. Hubieran tenido un doble aprendizaje: entender patrones de conducta en comunidades marginadas y la utilidad de las ciencias sociales. Quizás se harían menos megaoperativos y más trabajos de inclusión social.

Además de reflexión sobre el voto, mañana es un día de intensa emoción, expectativa y desesperanza. Hay quienes tienen recetas tan grandes como los megaoperativos de moda y están ansiosos por probarlas. Hay quienes creen que el sistema actual mantiene el statu quo y por eso las cosas no van a cambiar sustancialmente más allá de quien gane o pierda. Hay quienes creen que se puede mejorar la realidad con algunos pequeños o grandes cambios en el sistema, y festejarán o lamentarán el lunes. Los votantes deciden. Los guían sus paradigmas, su conocimiento de la realidad y las contradicciones de un país y una provincia que siempre parecen en estado de desmoronamiento.

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