Ajuste o ahorro, esa es la cuestión

16 May 2019 Por Marcelo Aguaysol
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¿Qué tanto golpea el año electoral a la economía tucumana? La actividad en la provincia no está exenta de la volatilidad argentina. Ello implicará, por caso, que la actual gestión de gobierno tenga menos margen de maniobra financiera antes, durante y después del proceso eleccionario. En otros términos, los casi $ 100.000 millones pueden resultar insuficientes para costear todo el aparato estatal. De hecho, en los últimos ejercicios, el incremento de las erogaciones vino disimulándose con los excedentes de otros presupuestos. Pero, sea Juan Manzur o cualquier otro el gobernador de Tucumán a partir del 29 de octubre, la curva de las finanzas puede que tenga más restricciones.

Un repaso sobre la situación del primer trimestre del año muestra que el déficit fiscal volvió a evidenciarse en las cuentas públicas. Si bien se trata de una cifra irrisoria frente a tamaño presupuesto, los $ 26 millones de “rojo” constituyen una luz de alerta sobre el rumbo financiero del distrito.

Con menos actividad, hay menos recaudación que, en parte, se compensa con el mayor giro de recursos nacionales. En la primera parte de este año, las transferencias de fondos nacionales, netas de inflación, han perdido fuerza, sin embargo, en un período electoral, es probable que sea más difícil contener los salarios públicos, advirtió hace poco un informe elaborado por la Fundación Mediterránea. Eso ayudará a empujar un poco la actividad económica, aunque terminará con una posterior desmejora en las finanzas de esos gobiernos, considera. En otros términos, Tucumán caerá en las generales de la ley: la recesión termina arrastrando a todos los distritos argentinos, pero no a todos por igual.

La deuda pública provincial dejó de ser un problema para los gobernantes. Si bien en el primer trimestre (último dato disponible), el endeudamiento ha crecido hasta $ 15.000 millones (un año antes rozaba los $ 10.000 millones), casi el 90% de las obligaciones tiene como principal acreedora a la Nación. Por lo tanto, pasada la compulsa electoral, es muy probable que la próxima gestión se siente a negociar los términos de los vencimientos que, en el caso tucumano, no superan los $ 2.000 millones de compromisos a un año de plazo de pago. En otros términos, el Gobierno puede seguir usando la tarjeta de crédito, porque la entidad emisora (el Palacio de Hacienda de la Nación) no le exige el pago de la totalidad del resumen. En estas circunstancias, además, hay un factor que juega en favor del Estado provincial: la inflación. Ese proceso termina licuando el capital de las obligaciones contraídas hasta convertirlas, con el tiempo, en cuotas irrisorias.

Entonces, ¿dónde está la luz de alerta fiscal? Indudablemente que todas las provincias ya están pensando estrategias para contener el gasto en Personal. Claro que ningún gobernador ha previsto disminuir el plantel estatal, sino buscar la manera de financiar esa obligación que, en la mayoría de los casos, implica el 50% del total de un presupuesto. Allí se enciende la luz amarilla tucumana. Sucede que, en menos de un mes, la planilla salarial mensual ha crecido desde los $ 4.000 millones hasta los $ 5.200 millones por efecto de los reajustes salariales y de las cláusulas gatillo. ¿Qué implica esa cuestión? En términos generales, una mayor presión impositiva o bien una menor disponibilidad de recursos para financiar gastos de capital u obras públicas.

La recesión ha golpeado a todas las economías regionales. Las zonas mejor posicionadas son aquellas con mayor sesgo exportador (pampeana y Patagonia), de acuerdo con el reporte de la fundación con sede en Córdoba. Pero las más complicadas son las más dependientes de fondos públicos (los distritos del norte argentino). En ese contexto, la mayoría de las provincias tienen a favor la mejora en sus finanzas durante 2018, en parte por el ajuste (salarial y en algunas en obras públicas) y las mayores transferencias de fondos nacionales, lo cual le da un cierto margen para afrontar este duro 2019 electoral, dice el diagnóstico privado.

El sostenimiento de las finanzas públicas tucumanas será el primer escollo que deberá afrontar la nueva gestión. Ya no habrá viento de cola, ni excedentes fiscales; sólo gestión. El ahorro (por no usar el término ajuste) es un término que, indefectiblemente, se pondrá de moda en 2020.

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