Messi, un genio de dos mundos

05 May 2019 Por Ezequiel Fernández Moores
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Este martes, después de ganar 3-0 la ida, “Leo” Messi buscará conducir a Barcelona a una nueva final de Champions. No será fácil, porque Liverpool, pese a la dura caída, fue superior en el Camp Nou y puede dar todo vuelta con sólo mejorar la puntería en Anfield. Y porque Barcelona todavía recuerda la eliminación en la Champions del año pasado, cuando había ganado 4-1 la ida y el boleto a cuartos era un hecho, pero perdió 3-0 la revancha en Roma. La diferencia, acaso, es que ahora estamos viendo un Messi en estado superlativo. Un gran testigo es Jordi Puntí, escritor catalán de prestigio, autor del último libro sobre Messi (“Todo Messi”, Anagrama), invitado de lujo en la Feria del Libro de Buenos Aires.

El miércoles pasado, cuando Messi hacía lo que hacía en el Camp Nou, Puntí, de 51 años, tenía que dar una charla en la Feria sobre la cultura y la historia de fútbol de Barcelona. Otro invitado al panel era César Menotti, que avisó a último momento que no llegaría. Puntí sí estaba ahí. Pero si el partido en el Camp Nou se hubiese retrasado por la razón que fuere, admite que, posiblemente, le habría sucedido lo de Menotti. Lleva a Barcelona en la sangre. Cuando tenía catorce años, después de una tarde en la que Diego Maradona salió algo silbado del Camp Nou, él decidió que tenía que llamarlo para darle su apoyo. “Ese -cuenta Puntí- era mi primer ‘Barça’ que me sabía de memoria”. Pidió el teléfono del crack a “Información Telefónica de España” y lo obtuvo (“habla mucho de cómo era más fácil acercarte a tus ídolos”). Pidió por “el señor Maradona”. Una voz femenina (seguramente Claudia Villafañe) le respondió “el Diego no está”. Y el cerró diciendo: “dígale al Diego que le doy todo mi apoyo”.

Puntí amó luego a Romario y homenajea en su twitter personal a Ronaldinho (“Puntinho10”). Pero nada supera a Messi. “Hasta mis treinta años -me dijo el viernes pasado en una charla radial- tenía apenas unas Ligas ganadas. Y, sólo con Messi, llevo diez, ocho en los últimos once años. Hay ahora mismo toda una generación que creció con la victoria. No saben lo que es perder. Por eso, cuando fue la eliminación de Champions la temporada pasada contra Roma, hubo gente que contó que sus hijos habían llorado por primera vez por el ‘Barça’. No entendían cómo Messi no había marcado la diferencia”. Puntí confía en que habrá Messi por lo menos hasta los 36 años. Se fueron Xavi e Iniesta, símbolos de toda una historia última de Barcelona. Pero sabe que, otra cosa, y bien distinta, será cuando se vaya Messi. “¿Están preparados?”, le pregunto. “Absolutamente no”, responde.

Más de una semana en Buenos Aires sirvió a Puntí para ver por qué la percepción sobre Messi es aquí distinta. “Me produce una cierta incomprensión. Este es un país absolutamente pasional y entregado y en estos días me sentí como un profeta fuera de mi tierra, intentando convencer a la gente de que Messi es el mejor y aún hay algunos que dudan. Pero comprendí que la comparación con Maradona crea un conflicto. Si no estuviera él la gente vería a Messi de otra forma. Alguien me dijo ‘es que Maradona es más argentino que futbolista’. Y, claro, aquí es donde Messi falla, porque se marchó de Argentina a los doce años. Creo igual que esa mirada con cierto prejuicio es de la gente con más edad. La gente más joven que no vio jugar a Maradona tiene una mirada más limpia y más entregada al genio de Messi”.

Messi, ese es otro dato, logró admiración unánime en Barcelona sin necesidad de proclamar catalanismo, lo que tal vez podría haberle generado algún punto extra en tiempos de reclamos independentistas. ¿Acaso Diego Maradona no reivindicó al sur pobre napolitano en cada enfrentamiento contra el norte más rico de Milan o Juventus? ¿O en plena semifinal del Mundial 90 cuando Argentina debió enfrentar a Italia en el “San Paolo”? Pasional y extrovertido, Diego, en rigor, no solo fue “argentinidad”. También fue San Gennaro. Por eso siempre será más fácil escribir de Maradona que de Messi. Más allá de que sus hijos cantan y hablan en catalán (Messi lo hace en rosarino), lo que Leo más adoptó de su nuevo hábitat no tiene que ver con lo social sino con el fútbol. Con una manera de jugar al fútbol. De entenderlo ante todo, él que es un genio individual, como un juego asociado. Es cierto, como se vio muy especialmente el martes pasado contra Liverpool, el Barcelona actual del DT Ernesto Valverde es más utilitario y depende del genio de Messi como muchas veces le sucedió a la selección argentina. El propio Messi lució a sus anchas el miércoles pasado en el Camp Nou con el 4-4-2 y no con el 4-3-3. Ese club es su casa. La sensación de que seguirá jugando allí hasta el último día crece a medida que pasa el tiempo. El hermoso libro que Puntí escribió a partir de su gran pluma, pero también desde su corazón, no será el último sobre Messi. Porque el rosarino, sea cual fuere el resultado del martes, se sigue reinventando. A sus casi 32 años, y en su primera temporada como capitán titular, nos avisa que este Barcelona es ante todo su Barcelona. El Barcelona de Messi. El tiempo de Messi.

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