Manzur y Alfaro sintonizan contra Macri y Alperovich

14 Abr 2019 Por Juan Manuel Asis
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El Gobierno provincial alambró el cerco peronista y marcó a los leales del acople para la batalla. Alfaro alteró los nervios de Cambiemos y se dio un gusto político personal que hasta hizo sonreír al oficialismo. Alperovich no termina de cerrar la lista y sigue buscando aliados de último momento, incluso ofertando lugares para los que ya había anunciado candidatos. Elías de Pérez no logra consolidarse territorialmente y hasta aparece detrás de Bussi en las encuestas, por lo que aquello de que dividido el peronismo implicaba una chance de Vamos Tucumán para acceder al poder es hoy una quimera. Faltan 56 días para los comicios y unos muestran estar más mejor parados que otros; los oficialismos se muestran más fortalecidos que los opositores y con sus maquinarias electorales en marcha, mientras que el resto no concluye de armar sus estructuras políticas. Ya están jugando en desventaja.

El jueves, en el PJ, Manzur y Jaldo trataron de poner fin a las nuevas fugas y a las demandas de más “contención” de la dirigencia. No hacía falta hacer firmar la planilla de los acoples ya que el 6 de mayo vence el plazo para presentar los acuerdos de las colectoras ante la Junta Electoral Provincial. Este paso administrativo es aún innecesario, no así la movida política: efectuar una demostración de fuerza con 45 acoples en la bolsa -más de la mitad de los que habrá en los comicios de junio-, dejar suscriptas las lealtades con “asistencia perfecta” -según dijeron arriba del escenario partidario- y poner un cerrojo al espacio dirigencial peronista. No más huidas. Esto, en códigos no escritos, significa que habrá recursos para todos los que se jueguen por el espacio. Si se del poder se trata, no vale mezquinar. Sí retacearles -por decirlo elegantemente- a aquellos que se vayan o se quieran ir. Todos saben a qué se atienen y cómo se mueve la maquinaria de premios y de castigos en el justicialismo. O son leales, o son traidores. Los primeros dijeron presente en el PJ; se calzaron la camiseta oficialista, pero habrá que ver si son consecuentes con el equipo en las semanas que restan. Los puentes se podrán caer, pero el agua por debajo de ellos sigue corriendo.

Quien sigue haciendo de las suyas es el intendente capitalino. Para Alfaro, renegar de Macri desde el propio espacio es más potente y redituable, política y electoralmente, que el impacto de las acusaciones que recibe desde el peronismo achacándole su sociedad con Cambiemos. Tanto a él como a Silvia Elías de Pérez, Macri los tira para abajo, no les suma. Si el Presidente tiene rechazo del 85% en Tucumán -como señala la encuesta de Hugo Haime-, se entiende la crítica del alfarismo. La diferencia entre uno y otro está en que la candidata a gobernadora prefiere aguantarse y callarlo, optando por un cauto silencio, y Alfaro no tiene temor ni pruritos en manifestarlo porque es su reelección la está en juego el 9 de junio, no la del Presidente. No quiere pagar los costos de la pésima gestión económica nacional. Una suerte de opción por “municipalizar” los comicios en la Capital, defendiendo su propia gestión y cuestionando a la vez tanto a Manzur como a Macri.

El pragmatismo peronista del jefe municipal lo pone casualmente en la misma sintonía que la del gobernador a la hora de renegar de la Nación, o de Cambiemos, aunque la sutil diferencia entre ellos radica en que uno lo hace desde la oposición, lo cual suena más natural y lógico; y otro lo hace desde el mismo espacio, lo que es más temerario y arriesgado, por cuanto contribuye a horadar a la alianza nacional que debe cobijarlo y mimarlo para los comicios nacionales. Esto último, frente a lo que está en juego -su continuidad en el cargo-, sería un detalle de menor valía ya que en 56 días son las elecciones provinciales y mucho después, en agosto, las presidenciales. Otro tiempo, otras necesidades. Acciones casi de manual, priorizando intereses.

No hay que dejar de observar los gestos de Alfaro, hoy por hoy, el rival de mayor peso político, institucional y territorial del Gobierno provincial, aunque esta semana hizo algo que provocó sonrisas cómplices en el oficialismo: contribuyó a desgastar a Alperovich al rechazarle de plano la propuesta que le hizo llegar de ser su candidato a intendente por “Hacemos Tucumán”; tal como lo reveló ayer en su columna Alvaro Aurane. Una dulce venganza personal del jefe municipal que, por esas rarezas y casualidades de la política, se puso así en la misma vereda y sintonía que la del Gobierno provincial a la hora de considerar como un adversario al senador. En común tienen que ninguno de ellos considera peronista al ex gobernador.

Alfaro es el único dirigente político que doblegó en una elección a Alperovich -en 2015, cuando el senador se jugó por Pablo Yedlin para la capital-, y el que tuvo varios cortocircuito con él cuando este tenía en su puño todo el poder político en la provincia. En 2011, habiendo resultado el concejal más votado de la Capital, no pudo convertirse en presidente del Concejo por oposición del gobernador; que también le impidió encabezar la comisión de Hacienda. Luego, en 2013, le taponó una candidatura a diputado nacional.

Cómo no iba a sonreír hace cuatro años cuando captó el voto antialperovichista de la Capital, y cómo no hacerlo más ahora cuando se dio el gusto de decirle que no a su convite. A más de su satisfacción personal y política, por ratificar con su conducta sus dichos en cuanto a rechazar la forma de hacer política de Alperovich; Alfaro contribuyó -para la doble satisfacción de Manzur y de la misma Elías de Pérez- a debilitar al senador, al que desnuda apelando desesperado a cualquier recurso -incluso el de recurrir a gente a la que denostó- para tratar de fortalecerse de cara a junio.

Pequeño detalle: en el ofrecimiento que le hizo llegar Alperovich a Alfaro hay un detalle que merece especial atención: el senador le habría ofrecido también la vicegobernación para tentarlo. Entonces, ¿y la postulación de Beatriz Mirkin para ese puesto? El mensaje es que la dirigencia es moneda de cambio en su intentona por regresar a la Casa de Gobierno.

Retomando. Indirectamente, con su doble maniobra de esta semana -cuestionar a Macri y rechazar a Alperovich-, el intendente también apunta a retener el voto peronista que lo respalda en la capital, que reniega del macrismo y a la vez del alperovichismo. El intendente arriesga y no parece asustarle la eventualidad de represalias de la Nación por su mirada crítica y sin filtros. Sí habría recibido algunos llamados telefónicos tratando de apercibirlo, pero no se animarán a sacarle la amarilla, ya que es la única carta ganadora que tienen en la provincia, de acuerdo a los muestreos. Ya hizo algo parecido en 2015 cuando, el mismo día de su asunción en el teatro Alberdi, Alfaro sorprendió diciendo que votó a Daniel Scioli (PJ) para la presidencia. Reivindicó así su pertenencia al peronismo.

¿Qué hará en las presidenciales de agosto? Más de uno se preguntará, a esta altura, si no coincidirá en las preferencias con el manzurismo-jaldista si resultan reelectos. Vale la especulación aunque, por ahora, hay que centrarse en las actitudes políticas explícitas de los que se juegan el cuero desde el poder: renegar de Macri y debilitar a Alperovich para sacar ventajas. Ni que se hubieran puesto de acuerdo, rareza o casualidad.

Esto lleva a preguntarse, ¿está tan fuerte el senador que juegan para debilitarlo? Según Haime, Alperovich hoy está segundo, detrás de Manzur, aunque el mandatario es el que más tiene por qué sonreír por los números. El ex gobernador se muestra muy activo en las redes sociales, medio que han decidido privilegiar sus armadores, mostrando principalmente el cara a cara de la relación entre el candidato y el ciudadano. Esta estrategia coincide con los dichos de Alperovich de renegar de los dirigentes y de apostar por el recuerdo de la gente de su gestión. Se entiende así que no haya salido a explotar públicamente el abandono de las filas oficialistas de Guillermo Gassenbauer y de Armando Cortalezzi, cada uno de ellos por diferentes razones: el legislador adujo cuestiones familiares y el concejal porque prefirieron a La Bancaria más que su lucha en contra del gremio en la Caja Popular.

No explotó ese ruido. No era razonable mostrar a dirigentes, según su concepción de que no les sirven. Sin embargo, lo conceptual pierde peso ante la realidad, el decir flaquea frente al hacer. El senador, primero, expuso al legislador radical Luis González en una foto en Twitter y luego mandó a pedirle a Alfaro que lo acompañe en su cruzada por volver: los dirigentes por sobre todo. Por estas horas se habla de mostrar una foto armada con los que se cruzaron de vereda. Apuestas a la sorpresa que desnudan debilidades conceptuales, u otra cosa.

Implica toda una curiosidad, máxime si se tiene en cuenta que fue el oficialismo el que decidió actuar en función de aquella apreciación del senador que le da más valor al ciudadano por sobre los referentes territoriales. Cerrado el cerco sobre los dueños de los partidos que se acoplarán a la fórmula Manzur-Jaldo -los dirigentes-; en adelante se concentrarán sobre el voto que acompañaría a Alperovich: el peronista, el cristinista y el de la clase media descontenta con Macri. Es una forma de reconocer que el ex mandatario no está muy equivocado -aunque sus propios gestos ahora contradigan sus palabras- en cuanto al voto de la gente. De hecho, Cortalezzi y Gassenbauer coincidieron en apuntar que “la gente” respalda al senador, más allá de las estructuras de los jefes municipales y de circuitos. Así, un verdadero “bombazo” sería que Alperovich se imponga en junio sin dirigentes y sin estructuras territoriales que lo respalden.

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