Potente, asfixiante y perturbadora

06 Abr 2019 Por Guillermo Monti

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4X4: BIENVENIDO A BORDO | THRILLER/DRAMA - PM13 - 90’

MUY BUENA

ORIGEN: Argentina/España, 2019. DIRECCIÓN: Mariano Cohn. CON: Peter Lanzani, Dady Brieva, Luis Brandoni. GUIÓN: Mariano Cohn y Gastón Duprat. FOTOGRAFÍA: Kiko de la Rica. MÚSICA: Dante Spinetta.

La violencia que cruza día a día la sociedad argentina queda expuesta en “4x4” con una franqueza visual y discursiva que impacta. Pero a la vez la película se abstrae de cualquier pretensión de impartir lecciones morales y ese es uno de sus méritos. Se trata, a fin de cuentas, de una pequeña gran historia capaz de exponer el debate sobre la inseguridad desde múltiples puntos de vista y sin tomar partido por alguno de ellos. “4x4” es intensa, claustrofóbica y demoledora en su lógica interna, un tour de force que obliga al espectador a mutar de estado anímico al compás de las vivencias del protagonista.

Ciro va por la ciudad buscando una presa y la encuentra en una camioneta estacionada en una callejuela porteña. Una vez adentro descubre que está entrampado. El vehículo, blindado e insonorizado, no es otra cosa que una celda. Los vidrios polarizados impiden ver el interior. El ladrón muta en prisionero del dueño de la camioneta, quien lo contacta por el equipo de audio. Ciro, el victimario, deviene víctima de un médico harto de ser el blanco de toda clase de atracos. Un hombre en llamas cebado con un delincuente de frondoso prontuario que atacó en el lugar equivocado.

La mayor parte de la película transcurre dentro de la camioneta, donde Ciro (Peter Lanzani, excelente) va de la ira a la desesperación; del dolor físico a la angustia existencial. El dueño de la camioneta (Dady Brieva) lo somete al hambre, a la sed, al frío, al calor. “4x4” invita a sumergirse en ese micromundo gracias al extraordinario trabajo de cámara del español Kiko de la Rica, un pasajero más cuyo ojo captura las mil sensaciones que atraviesan a Ciro durante esos días de agonía.

“4x4” es otro hallazgo de la dupla creativa que conforman Mariano Cohn y Gastón Duprat. En este caso, Cohn dirige y Duprat produce (fue al revés en la reciente “Mi obra maestra”). Eso sí: ambos comparten el crédito del guión. Todo sucede en una calle y no hace falta más; es puro clima de época, terminante y exasperado, como la escena del linchamiento, como el nerviosismo del negociador policial (Luis Brandoni), como el coro de voces sedientas de sangre.

Más allá de la carga política, o por encima de ella, hay una película atrapante y perturbadora. Por momentos la empatía está con el ladrón; por momentos, con el carcelero. La realidad es que se trata de una ecuación llena de perdedores.

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