La brújula y la escena

08 Feb 2019 Por Álvaro José Aurane
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Vale la pena formular una primera aclaración: cualquier encuesta electoral realizada con más de un mes respecto de la fecha de la votación es un instrumento para vender ilusiones. No quiere decir que no sean serias (muchas no lo son, por supuesto), sino que en ciencia política es materialmente imposible obtener certezas estadísticas a 31 días de un hecho tan personal y tan dependiente del “sentir” como es el voto por un candidato. Porque el sufragio, huelga decirlo, no es racional sino fundamentalmente emocional. Lo cual explica tantas cosas…

Tanto es así que, metodológicamente, estos estudios de mercado introducen en sus cuestionarios, en el último mes de los comicios, un cambio sutil de impacto descomunal. Antes, preguntan “¿a quién votaría?”. Es decir, indagan un anhelo. Pero cuando faltan cuatro semanas para ir a las urnas, la inquisición es otra: “¿a quién va a votar?”. Esa es una apelación respecto de una decisión. Y sobre todo, respecto de la realidad.

Así que las encuestas que se realizan “temprano” en el calendario electoral son estudios para saber dónde se está parado. También, para “instalarse”. Curiosamente (o todo lo contrario), cuando se busca “ilusión” en el Diccionario de la Real Academia, la primera acepción es “imagen”. De eso se trata. Políticamente. Estadísticamente. Lingüísticamente.

Luego, toda encuesta electoral en un distrito que ni siquiera tiene una fecha cierta para los comicios, como Tucumán, es apenas una brújula para ubicar los puntos cardinales en el mapa político. Y cuando no sólo no están definidos los candidatos, sino que ni siquiera se sabe quién va con quién, los sondeos se encargan al solo efecto de alimentar “la guerra de los nervios”.

Entonces, a lo que asisten los tucumanos por estas horas es a la instancia en la que el tablero electoral que hará posible encuestar en algún tiempo recién empieza a completarse.

Decisiones y desorientaciones

Esta semana, justamente, acaba de ponerse en movimiento una de las piezas principales: Cambiemos. Cuando el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, confirmó esta la semana la visita que concretó ayer, alguien de entre los socios no peronistas de ese frente se acordó de que este año hay elecciones y convocaron a la reunión del miércoles, de la que surgió la coincidencia para crear un espacio político que amplíe al extinto Acuerdo por el Bicentenario.

Alfaro, justamente, es el socio peronista de Cambiemos que no tomó vacaciones y durante enero realizó tres reuniones centrales con la dirigencia de su espacio para realizar el próximo miércoles, en Central Córdoba, un “cabildo abierto” contra la inseguridad, el narcotráfico y la corrupción. No habrá lanzamiento de nada ni nadie: Alfaro sigue instalando al Partido de la Justicia Social y está diciendo que Cambiemos está largando tarde. Muy tarde. Eso mismo, por separado, les transmitió el diputado José Cano a los socios reunidos en el hotel Garden.

En este sector de la oposición, como se dijo, Cano y el subsecretario del Interior, Domingo Amaya, han ensayado acercamientos que han desconcertado al Gobierno. Primero, porque los rumores que llegaban desde la Casa Rosada hablaban de intentar una yunta con Silvia Elías de Pérez (la senadora lidera la segunda alineación, con el apoyo de los intendentes del interior). Segundo, porque el acercamiento con Amaya fue posible gracias a que Alfaro comunicó que no peleará por un lugar en la fórmula para la diputada Beatriz Ávila (a la sazón, su esposa). Léase, dio un paso al costado, pero no cerró la puerta. Estudiará ofertas si le piden que se sume. Mientras, comunicó a cuanto interlocutor se le cruzó que nada tiene en contra de Amaya.

Espejismos y esquirlas

La salida al ruedo de Cambiemos, con el paso de las semanas, disipará una escena ficticia: la que polariza los comicios entre el tándem Juan Manzur y Osvaldo Jaldo contra José Alperovich. Una percepción que se debe al hecho de que sólo esos dos sectores se han plantado en teatro electoral desde octubre del año pasado. Así de atrasados vienen los opositores.

La demora de Cambiemos fue una buena noticia para Alperovich: de la mano de precoces encuestas, se presentó como la alternativa al manzurismo, gracias a que, en los hechos, no había nada ni nadie más ocupando ese lugar. Ahora se asoman los tiempos complejos. Y eso que todavía no se dictó sentencia en la causa que investiga el asesinato de Paulina Lebbos y el posterior encubrimiento del hecho. Ni las esquirlas del fallo. Ni sus consecuencias…

Por abajo y por arriba

No puede decirse que al Gobierno le alegre el desembarco de Cambiemos en la escena, pero la situación reacomoda el mercado electoral. Es decir, entre polarizar con Alperovich, y dividir el voto peronista, Manzur y Jaldo prefieren polarizar con Cambiemos, y que la opción sea “peronismo vs. antiperonismo” o “macrismo vs. antimacrismo”.

Pero el oficialismo no se sentó a esperar que sus tradicionales adversarios volvieran de las vacaciones: dedicaron toda la primavera y el invierno a esquilmar la dirigencia del senador. De los 15 intendentes peronistas, el único que no cerró con el manzurismo ha sido Sergio Venegas, de Alderetes. El gobernador y el vice ya le levantaron los brazos a Aldo Salomón.

Cuando volvieron de las vacaciones, algo cambió. Difícil de explicar, pero fácil de entender: Manzur, aparentemente, asumió que la pelea con Alperovich es personal. De la cumbre del retorno entre el gobernador y Jaldo, dos preguntas -y sus respuestas- fueron cruciales. El primer interrogante fue: ¿con cuáles dirigentes cuenta a Alperovich? Apenas un par de concejales y de legisladores, respecto de la primera línea. El segundo fue, entonces: ¿qué le queda a Alperovich? La contestación fue “Cristina”. Entonces decidieron ir por Cristina. Manzur, con la velocidad con que se arma una tienda en el desierto frente a una tormenta de arena, plantó a Alternativa Federal en Mar del Plata y reivindicó a la ex presidenta y su gestión.

Pero el mandatario no sólo se ocupa de las grandes ligas. El miércoles a la noche se fue a dormir más tarde que de costumbre, porque participó de un acto que organizaron los Khoder (a los que llamó su “familia”). Ellos le dijeron que en Banda del Río Salí van a pintar “Manzur 2019”, pero no Jaldo, que tiene al intendente Darío Monteros como uno de los dirigentes más cercanos. Y el “pariente” los fundió en un abrazo. Así de “personal” es esta contienda para él.

Fisuras y apariciones

Claro está, Alperovich sigue siendo un candidato que divide votos en el mercado peronista, pero el mercado opositor está igualmente divido. Y con miras a fragmentarse todavía más. En el radicalismo, el quiebre es inminente. El año pasado no pudieron renovarse las autoridades de la Junta de Gobierno (Federico Romano Norri, titular de la convención, está a cargo desde entonces del centenario partido) porque el espacio de los legisladores Ariel García, Fernando Valdez y Raúl Albarracín obtuvo una cautelar en la Justicia Federal tras denunciar que en el padrón no se habían incluido 4.000 afiliados de sus líneas internas. Ahora, con ese argumento, están pidiendo que los comicios de marzo para renovar autoridades partidarias sean una primaria abierta también para definir los candidatos provinciales. Una negativa conducirá irremediablemente a la ruptura. Sobre todo ahora, cuando Frigerio acaba de decir que la Nación no bendecirá candidatos, así que espera que surjan de internas.

El escenario opositor estará completamente prefigurado cuando FR haga su aparición pública. Tras la buena performance de octubre de 2017, cuando quedó a menos de 4.000 sufragios para ser electo diputado nacional, Ricardo Bussi trabaja artesanalmente para presentar candidatos sólo con lista oficial en todos los distritos. Apuesta a que la dispersión del voto en los acoples de sus adversarios le sirva para capitalizar bancas de legisladores y de concejales. Eso sí, FR es una variable difícil de encasillar: los tucumanos la han elegido, alternativamente, para expresar su descontento con los radicales pero también con los peronistas.

La síntesis: en este escenario revuelto, las encuestas son para los saben fabricar ilusiones. Los resultados serán para los sepan hacer política.

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