El abandono de un local céntrico del Estado

08 Feb 2019 Por LA GACETA

En 1911, cuando se iniciaba la segunda década del siglo que pasó, el Banco de la Nación Argentina decidió construir, en la ochava noroeste de San Martín (entonces las Heras) y Maipú, el nuevo edificio para su sucursal Tucumán. En 1921, una remodelación le daría su aspecto actual. Con una pujante fachada de dos plantas en estilo académico francés, presentaba en su interior pisos de mosaico veneciano, escaleras de mármol y hasta un lujoso asesor con enrejado de hierro.

En ese momento, la arteria aspiraba presurosa a convertirse en la City tucumana. El mismo 1911 se erigió, en la ochava sudoeste de la intersección citada, la sucursal del Banco Español del Río de la Plata. Al año siguiente, aparecería a su lado el local del Banco Comercial de Tucumán (luego Comercial del Norte), transformado por primera vez en 1923 y luego demolido y reedificado cuatro décadas más tarde. En 1913, lindero con el Español, el Banco Francés del Río de la Plata construyó su sucursal. Eran todos edificios sólidos y de excelente diseño. Irían otorgando a esa zona del centro un tono que quería simbolizar los tiempos modernos y una prosperidad económica que se pensaba eterna.

Los inmuebles tuvieron, andando el tiempo, destinos diversos. El del Banco Español, al cerrarse esa firma, fue remodelado en su interior con buen gusto y con inteligencia, sin alterarse la fachada. Se convirtió así en un paseo de compras, que alberga varios negocios y un bar. El del Banco Francés, como bien lo sabemos, después de albergar otra casa financiera, pasó a la órbita del Estado. Como nadie se ocupó de su estructura, hoy está listo para que los destroce la piqueta. El del Banco Comercial fue el único que conservó –cambio de fachada mediante- su condición de casa financiera, y hoy es la sede central del Banco de Tucumán.

En el caso de la sucursal del Banco de la Nación Argentina, un día la institución requirió un local más amplio, y procedió a levantar su gran edificio en la ochava sureste de San Martín y Maipú. El que dejaba libre, pasó a albergar a la Dirección General de Rentas de la Provincia. Y años después, también Rentas lo dejó libre, para trasladarse a su moderno local en la décima cuadra de la calle 24 de Septiembre.

El Estado no podía demoler el ex edificio de Rentas, ni incorporarlo al sistema de “activo por activo”, ya que lo protegía la ley de patrimonio. Llamó, entonces, a un concurso nacional de arquitectos para su “refuncionalización”. No recordamos ya que ocurrió con ese certamen; pero el hecho es que el inmueble está cerrado desde hace muchos años. Durante todo ese tiempo, sus paredes fueron soporte de las más desenfrenadas pintadas y pegatinas. Con motivo de los festejos del Bicentenario, hace tres años, se repintaron su frente y sus aberturas.

Pero sigue cerrado y sin uso alguno. Parece obvio decir que, en un local de esa edad, la clausura trae aparejados constantes y serios deterioros en todas sus partes. Cabe preguntarse la razón por la cual no se lo “refuncionaliza”, sin alterar la fachada, y se le dan los múltiples usos posibles que merece un local de esas características, enclavado en un punto tan céntrico. Es como sí se estuviera esperando que aparezcan las grietas que autoricen la demolición. Nos parece que el Estado debiera tomar urgentes medidas a este respecto, y evitar así que se repita el deplorable caso del ex Banco Francés.

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