El tatuaje también es cosa de mujeres

Los tatuajes comenzaron a cobrar un valor distinto al de décadas atrás. Lo que antes se veía como un signo de delincuencia, hoy es una muestra de personalidad. Las mujeres van ganando terreno en este arte que ya no tiene sexo.

24 Ene 2019

Barbi se levanta a la mañana y el día arranca de una manera distinta. Está por dar un nuevo paso para expresar su personalidad y mostrarle al mundo, mediante la estética de su piel, quien es. Sí, se va a hacer su primer tatuaje. Nerviosa, le pregunta a sus amigos (ya tatuados) si duele. El miedo a la aguja dibujando en la piel es su única preocupación. Que sea una marca para siempre no es un impedimento, sino su mayor impulso.

En su estudio la espera Abigail Morales (23), una tatuadora tucumana a la que le encanta charlar con sus clientes mientras tatúa. “Este es un camino de ida”, le advierte antes de empezar. “La semana que viene vas a venir a hacerte otro”, pronostica “Abby”.

En otro punto de la capital se encuentra Aldana Ojea Delgado (29), que también se dedica al arte de tatuar. “Me parece una locura el tatuaje en sí, clavar una aguja a una persona con una tinta, donde estás dejando algo para siempre y que esa persona te elige a vos para que hagás ese laburo”, comenta. Sus primeros pasos relacionados con el dibujo fueron en la carrera de Artes Plásticas. Hoy, varios años después, recuerda: “cambié de pintar o hacer un grabado, de usar un lienzo, a llevarlo a la piel de alguien, con todo lo que eso significa”. Y, aunque al principio no le gustaba la idea de clavarle una aguja a una persona, se animó a hacerlo. Desde entonces el vínculo entre el arte y el tatuaje despertó en ella su nueva pasión.

Una pasión de la que Cecilia Reinoso también disfruta desde hace 12 años. Ahora con sus 32 es una de las referentes del tattoo en la provincia. Frente a ella se encuentra Juan, que extiende su mano para que Cecilia le haga los últimos detalles. El tatuaje, en el que predominan los colores y las figuras marinas, llevó diez sesiones de entre tres y cuatro horas. En total, siete meses de trabajo.

Cada tatuador tiene su estilo, cosas que les gustan hacer más que otras y personas con las que prefieren trabajar. Porque marcar con tinta a alguien “No es solamente enchufar y tatuar”, enfatiza Abby. Hay todo un proceso por detrás y un camino en el que todos los días se aprenden cosas nuevas. “Te topás con diferentes tipos de pieles, con diferentes tipos de personas también. Porque es un trabajo en equipo más que otra cosa y hay que aprender por ahí a dominar distintas situaciones, a estar tranquilo porque la misma persona que se está tatuando también tiene un poco de nervios y a veces te los transmite”, explica Cecilia.

Las mujeres cobran mayor lugar en el mundo del tatuaje, un espacio que no siempre tuvieron, pero en el que hoy son referentes. “Los clientes siempre dicen que las mujeres son más detallistas, ¿no?”, comenta Abby. “Por ahí lo que me dicen es que sienten que la mujer va a tener un cierto tipo de sensibilidad distinta a la que puede tener un hombre tatuando”, resalta Aldana y agrega: “Hoy por hoy es común, cada vez hay más mujeres tatuadoras y yo creo que a la gente le gusta, un montón”.

Las tres terminan sus trabajos. Sus clientes se van conformes, la puerta se cierra detrás de ellos y las luces de los estudios se apagan. Las máquinas quedan aguardando hasta el próximo día en donde serán encendidas y con la magia femenina ilustrarán la piel de alguna otra persona nuevamente.

Comentarios