Expresiones de vida

04 Dic 2018

El resultado de la Fiesta Provincial de Teatro permite comprobar la vigencia de las propuestas escénicas locales en uno de los años más difíciles para la creación artística. Si bien a la instancia final llegaron 15 obras, fueron elegidas tras un proceso previo de entre una treintena de inscriptas para la competencia. Otras 20 obras no se anotaron por distintos motivos, desde que parte del elenco trabaja en el Instituto Nacional de Teatro (organizó el certamen), que no tenía todos los papeles exigidos por reglamento o que el permiso no estaba otorgado hasta 2019, cuando se realizará la Fiesta Nacional en fecha y lugar aún a decidir.

Quedarse en la anécdota de cuáles fueron las obras ganadoras impide ver la totalidad del escenario. El teatro tucumano se esfuerza por mantenerse vivo, y al mismo tiempo denuncia, se queja, propone, puja e investiga formas de relacionarse con el público. Dos de ellas representarán a la provincia a nivel federal, pero todas construyen un ecosistema artístico que mira hacia el futuro sin demasiada ilusión pero con firmeza.

La decisión del jurado que integraron Javier Vivas, Flavia Mendoza y Raúl Saggini consagró a “La micro superpoblación de Antón”, comedia oscura de Martín Giner, donde las risas enmascaran el discurso político; y a la versión personalísima de Jorge de Lassaletta de “Danza macabra”, el drama sin respiro que escribió August Strindberg hace un siglo. El trío de jueces es representativo de regiones y experiencias distintas en el país: Vivas trabaja artísticamente en Villa Mercedes, San Luis; Mendoza se formó en la Licenciatura de Teatro de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Tucumán y luego regresó a Jujuy, y Saggini es de Rosario, central para la actividad escénica santafesina.

Una de las cuestiones que el jurado marcó en la percepción de las obras tucumanas fue el abordaje del tema de la diversidad de elección sexual en la mayoría de las propuestas. Sin embargo, esa apropiación temática todavía no se desarrolla en su totalidad, ya que la referencia debe limitarse al tratamiento de la homosexualidad masculina, no de otros colectivos: travestis, transexuales, lesbianas y demás siguen estando poco frecuentados en los escenarios locales.

Mendoza, además, resaltó que se notó una mayor preocupación en la temática que se desarrolló en cada obra que en la puesta en escena específica de la propuesta. Es decir, a los elencos les preocupa el qué se va a decir antes que el cómo se lo va a hacer. Eso puede ser un interesante tema de debate en encuentros futuros de teatristas, con articuladores, facilitadores y especialistas que pueda aportar el INT para profundizar el desarrollo de una escena teatral tucumana que sigue siendo la envidia de muchas provincias.

Con los resultados puestos, es imposible comparar la decisión de la Fiesta con los premios Artea que entregó la Asociación Argentina de Actores (AAA) una semana antes. Mucho más allá de que sean dos organizaciones distintas las convocantes (la primera es el estatal INT y la otra, un gremio que representa los intereses de un sector de la comunidad), difieren los perfiles, conceptos y hasta participantes de una y otra competencia. Además, entra a jugar el inevitable peso de la concepción estética de los miembros de cada jurado, que deciden a quiénes reconocer con autonomía desde sus propias pautas, que no son impuestas al colectivo teatral en su conjunto. Por aparte, Tucumán es una de las pocas provincias donde conviven ambas experiencias y, como dato extra, en forma contemporánea al fin de cada año: no hay otro premio Artea entregado por la AAA en el país, aunque se puedan entregar distinciones en otros distritos.

De ahí que lo que para algunos sea una incoherencia entre una y otra premiación, otros lo lean como una confirmación de que el mundo del arte es amplio, generoso, diverso y potente; que el público local puede disfrutar de forma excepcional de decenas de propuestas en un año que pasan del drama clásico al musical moderno, con comedia, danza teatro y teatro de objetos en el medio; y que los elencos abordan la crisis (aunque la padecen profundamente) con la “prepotencia del trabajo” que enseñó Roberto Arlt.

Mientras que en los Artea participan todas las experiencias escénicas, sea del teatro independiente, estatal o comercial (ahora se está gestionando para que la ópera integre alguna categoría), la Fiesta se concentra desde su origen hace 34 años en la actividad de los elencos no oficiales, para acoger a las propuestas independientes, tal como lo pensó la ley 24.800 hace dos décadas. Desde este punto de origen, el resultado de los jurados suele diferir entre una ceremonia y otra.

Por estos motivos, es lógico que la excelente puesta del Teatro Estable de “El enfermo imaginario” haya resultado la ganadora de los principales premios en los Artea, pero haya estado ausente en la Fiesta. No podía competir porque el elenco depende del Estado, aunque muchos de sus integrantes además estén en grupos independientes. No es la primera vez que ocurre: hace cuatro años, la victoria en los Artea correspondió a “Madre coraje”, también interpretada por el Estable. Y del otro lado, “La micro...” no se inscribió para los Artea. El puente entre uno y otro reconocimiento puede ser “Danza macabra”, ganadora de la Fiesta (con reconocimiento especial para la actuación de Pablo Vera) y con dos actores, Indio Armanini y Huerto Rojas Paz, con Artea por sus protagónicos.

“...Y un día, Nico se fue”, el musical que se puede identificar dentro del incipiente teatro comercial tucumano (lo cual no es un demérito ni algo cuestionable, sino una forma de producción espectacular) que se alzó con cuatro Artea y no ganó la Fiesta pese a haber participado. Esta propuesta es una excepción en lo referido a las puestas independientes con gran despliegue de artistas sobre el escenario, porque lo frecuente es un elenco acotado a pocos y escenografías fácilmente trasladables, como forma de distribuir costos y retribuciones de un modo conveniente y razonable, cuando no hay un productor por detrás. Una señal más del surtido tucumano en tiempos de escasez.

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