Una orquesta surgida en la cárcel de Villa Urquiza

03 Dic 2018

Con frecuencia se lo considera un mero entretenimiento; sin embargo, el arte posee un poder transformador cuando se lo pone al servicio de la sociedad. Es una herramienta de gran utilidad para educar, para enseñar valores. “El arte no enseña nada más que el significado de la vida”, sostenía el novelista Henry Miller. En distintos momentos, el arte, especialmente la música, ha ingresado a la cárcel de Villa Urquiza.

“Los Urquizeños” se llama la orquesta de violines formada en esa penitenciaría, que según sus directores -el tucumano Marcelo Ruiz y el venezolano Diego Armando Guzmán Villalobos-, no tiene antecedentes en el país. Sus 14 integrantes surgieron del taller de violín que tuvo lugar el año pasado por iniciativa del Departamento de Producción de Institutos Penales.

Ninguno de los reclusos poseía conocimientos musicales. “La idea fue siempre reinsertar socialmente con la música, enseñando una disciplina. Y sacando los mitos de que el instrumento es para determinada clase social. Tenemos internos que fueron fundadores de la orquesta y otros que ya están en libertad. A través de la música ellos se sienten valorados y se esfuerzan para mejorar su conducta dentro de la cárcel y así poder participar de esta experiencia, porque la buena conducta es muy necesaria”, explica Ruiz.

El músico cuenta que los muchachos se esfuerzan por hacer lo mejor posible: concertar, aunar, trabajar en conjunto. “Imagine una persona que jamás tuvo acceso y hoy esté tocando el violín. Ellos necesitan, son nuestros hermanos también; con la música se llega al corazón, eso hay que tenerlo claro”, dice.

Para su colega, el fenómeno musical pasa a ser un importante redentor en su vida y es un ejemplo que arrastra a una cantidad cada vez mayor de internos. En la primera experiencia extramuros, los internos iban a abordar una selección de piezas cortas y una obra de teatro musicalizada por ellos.

La experiencia coral ha sido también muy positiva en el penal de Villa Urquiza. Los presos llegaron a brindar tiempo atrás conciertos en el Centro Cultural Virla de la UNT y en el Teatro San Martín. La poesía también ingresó a los calabozos y en diciembre de 2012 se presentó “Alquimia”, una publicación con más de 30 poemas de reclusos.

Sin duda, las manifestaciones artísticas son un vehículo para mejorar la calidad de vida de los internos. Se podrían dictar talleres de pintura, escultura, metalistería, de diseño, de danzas, de historia y geografía de Tucumán.

Así como hay una orquesta de cuerdas, se podría conformar un ballet folclórico o de tango.

El arte contribuye a elevar la autoestima de las personas y mucho más de aquellas que deben pasar un tramo de su vida en el encierro por errores que cometieron y por los cuales han sido sancionados. El arte va siempre al encuentro del otro, brinda la posibilidad de comunicar un sentimiento, de dialogar.

Sería importante que estas iniciativas -como la orquesta “Los Urquizeños”- perduraran en el tiempo porque ayudarán a los presos a reinsertarse de otro modo en la sociedad, una vez que recuperen la libertad. La música despierta el tiempo, nos despierta al disfrute más refinado del tiempo... La música despierta..., y en este sentido es moral... ética. El arte es moral en la medida en que despierta”, sostenía el escritor alemán Thomas Mann.

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