Un eco tibio retumba en la Quebrada

03 Dic 2018

Todo conflicto privado puede devenir público con o sin la anuencia de las partes: es el síntoma evidente de la realidad que fluye en las redes sociales. Si esta regla de época vale para un ciudadano del montón, tanto más válida resulta para las figuras que voluntariamente eligen la exposición en los planos político, económico, cultural y deportivo. Sobran ejemplos de esta guisa en Occidente, desde Dominique Strauss-Kahn, el antecesor de Christine Lagarde en el Fondo Monetario Internacional, hasta el productor de cine Harvey Weinstein y el propio Donald Trump. ¿Ha muerto la privacidad? En 2010, el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, declaró que compartir la vida se había vuelto una norma social. Este año, la pensadora Beatriz Sarlo ensayó una definición para el fenómeno: lo bautizó “la intimidad pública”.

Aún en ese contexto, ¿el divorcio de interés para el gobernador de Jujuy debía convertirse en un asunto de Estado? No necesariamente. Pero la pregunta es por qué el pleito llegó a ese lugar, y qué está diciendo su desarrollo sobre las instituciones y los protagonistas.

La disolución del vínculo entre la pareja de Gerardo Morales, Tulia Snopek, y el tucumano Carlos Marti Coll derivó en un paquete ininteligible de disputas civiles y penales. La maraña envuelve y enfrenta a los poderes judiciales de las provincias de los involucrados. Marti Coll asegura que en Jujuy existe una Justicia adicta dispuesta a hacer lo que sea para complacer al Poder Ejecutivo, pero que a él no se lo llevarán puesto. Según su versión, Tulia Snopek y su futuro esposo buscaron una excusa pueril, la supuesta retención indebida de una camioneta de alta gama, para lograr una orden de detención que lo “incentivara” a abandonar sus reclamos. El gobernador atribuye a Marti Coll motivaciones económicas, y las coloca como la razón de “la victimización y el escarnio”. Como si el lío no fuese complejo, el senador justicialista Guillermo Snopek (h), futuro cuñado del jefe de Estado, defiende la posición del tucumano. “Guillermito” dijo en el Senado que el caso acredita la inexistencia de Estado de Derecho en Jujuy. Morales, que mandó al hermano de su novia reiteradas veces al psicólogo, sostiene que aquel agita el escándalo para sonsacarle réditos políticos.

El único mandatario de Cambiemos en el norte del país es acusado de mantener y aprovechar la confusión de poderes que montaron las gestiones justicialistas anteriores, ¿tal vez con el apoyo de la oposición? Morales, que parece cómodo con la etiqueta que lo denomina como “el más peronista de los radicales”, asegura que la impunidad que había en Jujuy cruzó los límites: la manifestación extrema del régimen violento está encarnada en la kirchnerista Milagro Sala y la organización Tupac Amaru. Si bien llevó adelante iniciativas para fortalecer la institucionalidad, el gobernador admitió a LA GACETA que en esencia los mismos jueces y fiscales que implícita o expresamente blindaron la corrupción hoy se ocupan de combatirla gracias a que están libres de las presiones que antes los estrangulaban. ¿Por qué Sala y sus padrinos políticos, léase el sector afín a Eduardo Fellner, ex jefe del Poder Ejecutivo, deben rendir cuentas, y no los miembros de la Justicia que en su momento los protegieron?

¿El juez y fiscal que obedeció al oficialismo puede despojarse de ese pasado, y presentarse a continuación como un modelo de independencia? ¿Importa que el Gobierno actual diga que no maneja al Poder Judicial si este está acostumbrado a darle con el gusto? ¿Qué legitimidad tienen para acusar y sancionar la corrupción los Tribunales que no se depuraron ni reconocieron sus complicidades con los que mandaban antes? En tren de atacar -o de defenderse-, Morales cuestionó al “gran cuñado” Guillermo Snopek (h) por arremeter contra la Justicia que forjó su partido, y colocó a los que sospechan de la institucionalidad jujeña en la misma vereda de Sala y de Fellner. Un príncipe de ese foro conjetura que los fantasmas del pasado vuelven porque, más allá de ciertas diferencias estéticas coyunturales, permanecen las bases viciosas del sistema, como el nepotismo que salpica al Gobierno que prometió el cambio. “Jujuy representa en pequeña escala la Argentina que se resiste a hacer un saneamiento capaz de devolver la seguridad jurídica y la credibilidad institucional”, compara. Ese eco tibio retumba en la Quebrada, como dice la zamba, y se proyecta en el entuerto de los Snopek-Marti Coll-Morales.

Los jujeños controvierten, por su parte, la asepsia de la Justicia tucumana. Sin vueltas Morales consideró que prevaricaron los camaristas locales Hugo Rojas y Ester Valderrábano que provisionalmente le impidieron casarse por civil con su prometida. El gobernador le apuntó al socio de Marti Coll, René Goane (h), a quien le adjudica lobby e influencias en el Poder Judicial en el que su padre y homónimo se desempeña como vocal decano de la Corte. Este jueves en el Consejo Asesor de la Magistratura, donde cumple la función singular de asesor ad honorem informal, Goane (h) despotricaba a viva voz: decía que su nombre y apellido lo crucificaban. Pero ciertamente no es la primera vez que este abogado aparece con un rol polémico en procesos judiciales con trascendencia pública e intereses pesados, como, por ejemplo, la causa “Teves”. Morales dice que Goane (h) lo presionó “para arreglar” y que como intermediarios usó a dirigentes tucumanos de Cambiemos, entre ellos, a Pablo Walter y José Cano.

Una supuesta caja de seguridad con U$S 600.000 orbita sobre esta contienda enceguecida, donde los bandos se achacan extorsiones recíprocas. Todo se desencadenó a partir de una desavenencia de familia que puso en jaque el límite entre lo público y lo privado, y que desnudó una magistratura vapuleada, sin capacidad para hacerse respetar como árbitro imparcial.

Esta Justicia con déficits de autoridad y prestigio está en el centro del divorcio de Estado que tiene en vilo a Tucumán y a Jujuy. Era una disputa menor y de entrecasa, pero los acontecimientos y denuncias cruzadas la convirtieron en una riña cuyo desenlace atañe a la república.

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