Alumnos de Derecho litigaron como si ya no existiese el papel

Los estudiantes simularon juicios orales con las reglas del código sancionado en 2016 La competencia interna fue organizada por el Taller de Litigación Oral de la Facultad de Derecho de la UNT.

26 Sep 2018
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“ALEGATO”. Una alumna cierra la acusación ante el “juez” Bertini, y los evaluadores Lucero y Roldán Vázquez. LA GACETA / FOTO DE DIEGO ARAOZ.-

Dice Victor Hugo que no hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su tiempo. Si esta máxima es cierta, entonces los “juicios” desarrollados por estudiantes brindan señales contundentes de que ha llegado la hora de aplicar la oralidad plena al proceso penal de Tucumán. La conclusión surge de los simulacros de debate organizados por el Taller de Litigación Adversarial de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), donde los alumnos compitieron para representar a su unidad académica en un certamen nacional que tendrá lugar en Rosario (Santa Fe).

En una sala “real” de la Cámara Penal de la capital, los concursantes se trenzaron en la discusión de un caso de ficción que giró alrededor del supuesto homicio de un joven. Un equipo debía atacar (acusar) al imputado y el otro, defenderlo en juicios que duraban alrededor de 45 minutos. No había papeles, sino evidencias, preguntas y silogismos, es decir, las herramientas propias del Código Procesal Penal sancionado en 2016, que en teoría será implementado en toda la provincia a partir de febrero. Con esas reglas de juego, los estudiantes plantearon sus posiciones ante los docentes Pedro Roldán Vázquez, Vanessa Lucero y Adolfo Bertini, que ocuparon el estrado. Mientras Bertini hizo las veces de juez, Lucero y Roldán Vázquez actuaron como evaluadores de los respectivos equipos.

Once binomios litigaron entre sí durante el 13 y el 14 de septiembre. Cada juicio comenzó con la exposición de las versiones de la acusación y de la defensa. Aniquilado el expediente, la parte crítica del concurso consistió en la construcción y transmisión de un relato que permitiese “cerrar las piezas del rompecabezas”, en el supuesto de la fiscalía, y “desordenar y desdibujar la hipótesis delictiva” en el rol de los defensores del imputado. Al menos en dos de los debates sustanciados el viernes 14, el “juez” Bertini -en la “realidad”, defensor oficial en la Justicia Federal- se inclinó por absolver al acusado con el argumento de que los fiscales no habían logrado despejar dudas ni desbaratar la presunción de inocencia.

La ausencia de papeles obligó a los estudiantes a echar mano de su capacidad para la oratoria y la esgrima verbal. “La fiscalía no está buscando justicia, sino una condena”, dijo una de las concursantes en aras de defender al presunto homicida. “¡Objeción!”, exclamó un estudiante frente a una pregunta que introducía afirmaciones no pronunciadas por un testigo. Los equipos se enzarzaron en discusiones graves sobre las pruebas recolectadas durante la investigación: lo que para unos acreditaba la comisión del delito, para otros debía ser leído como una interpretación forzada de los hechos. En el medio, el alumno que en cada juicio actuaba como imputado invocaba excesos policiales al momento de tomar la palabra.

Dos espadas, una chispa

El “magistrado” y los evaluadores observaron estas partidas de “ping-pong” en silencio. Es que en el llamado modelo adversarial el juez o, en su defecto, el tribunal, no puede interferir ni intervenir: lo que importa es la “lucha” que entablan las partes contrapuestas en la sala de juicio porque, según explicó el camarista Roldán Vázquez, del roce de sus espadas debe surgir la chispa que ilumine el caso y permita inclinar la balanza de la justicia.

Después de una deliberación difícil, los docentes confeccionaron el siguiente orden de mérito: 1) Ramiro Díaz Perea; 2) Florencia Carabajal; 3) Leonardo Julián Yepez; 4) Natalia Marquestó; 5) Franco Arias y 6) Pilar Núñez (Gabriel Albarracín y Gabriel Alabi integran la nómina de suplentes). Estos estudiantes finalistas viajarán a Rosario entre el 29 de noviembre y el 2 de octubre para medirse con equipos universitarios de todo el país y de la región. Los “seleccionados” con mejores resultados competirán en la instancia final consistente en un juicio por jurados conformado con ciudadanos locales.

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