La historia de Naomi Osaka, hija de un haitiano y de una japonesa

La campeona del US Open superó a Serena Williams y sorprendió a todos.

10 Sep 2018
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reuters

Ariel Greco | DPA

Naomi Osaka llora pero no de alegría. Acaba de ganar su primer título de Grand Slam, nada menos que el Abierto de tenis de Estados Unidos ante la legendaria Serena Williams, pero prefiere taparse el rostro con su gorra. La realidad no es como tantas veces la había soñado.

Las sonrisas que regaló a lo largo de la semana y que ya son una de las marcas registradas del circuito de la WTA, cambiaron a una risa nerviosa, que mezclaba nervios con llanto. La ovación que ansiaba recibir había sido tapada por abucheos del público, molesto por el polémico final que provocó Williams, con una discusión interminable con el árbitro portugués Carlos Ramos.

Su ilusión desde siempre era jugar una final del US Open con la campeona de 23 Grand Slam. Lo soñó hace cuatro años, cuando coincidieron en el torneo “Bank of the West Classic”. Aquel día le tomaron las primeras fotografías con la leyenda y compartió una entrevista.

Apegada a su madre, fue a la primera persona a la que le dedicó su arribo a la final, pero casi pegada recordó a Williams. “Mamá, lo hice. Te amo y gracias”, gritó la japonesa en la pista, segundos después de ganarle a Madison Keys en las semifinales. De inmediato, la siguió con su ídola: “Serena, te amo”. Y continuó con sus muestras de amor. “Los amo a todos”, cerró con una carcajada en la pista que despertó los aplausos de la multitud el jueves en la pista Arthur Ashe.

Pero no se quedó en eso. “Esto va a sonar un poco mal, pero yo en lo único que estaba pensando es que ‘realmente quiero jugar contra Serena’”, explicó Osaka con una sonrisa cuando la consultaron por cómo había hecho para levantar 13 puntos de break ante su derrotada Keys. “¿Por qué? Porque es Serena”.

Tal vez por esa idolatría, su dolor era mayor. Aunque un gesto de Serena, al menos, le hizo recuperar la sonrisa. “Me sentía mal porque yo estaba llorando y ella estaba llorando, y acababa de ganar”, explicó la estadounidense. “No estoy segura de que hayan sido lágrimas de felicidad o solo lágrimas de tristeza por el momento. Pensé ‘así no es como me sentí cuando gané mi primer Grand Slam’. Definitivamente no quería que ella se sintiera así”, admitió.

“Tal vez fue la madre en mí que dijo: ‘Escucha, acá tenemos que hacer un esfuerzo juntas’”, explicó la jugadora de 36 años.

Pero más allá de la manera, Osaka ya puede presumir de ser la primera japonesa en ganar un Grand Slam. Y con ello, ya no le harán una pregunta que ya no disfruta, de siempre tener que responder sobre su identidad cultural. Ya no deber explicar tantas veces que nació en Osaka, hija de un haitiano y de una japonesa, pero que a los tres años se mudó a Nueva York.

En uno de los palcos del estadio, flamean banderas del pequeño país caribeño. “Como mi padre es haitiano, crecí en un casa haitiana, en Nueva York”, contó a lo largo del torneo Osaka, que tiene el color de piel de una haitiana, los ojos de una japonesa y habla el inglés como si se tratara de una estadounidense.

Entiende el japonés, pero prefiere expresarse en inglés. Ese complejo mestizaje la convierte en una jugadora diferente al resto en el circuito femenino. Una atracción en el Tour, porque casos como el suyo no se ven todos los días en el tenis mundial. “Aunque crecí en una casa haitiana, mi madre es japonesa, así que también me crié en la cultura japonesa. Pero supongo que como he vivido en América (Estados Unidos), también tengo esa parte”, comentó la jugadora que tiene la doble nacionalidad japonesa-estadounidense.

Desde muy pequeña, Osaka empezó a empuñar la raqueta y cuando tenía ocho años obligó a su familia a cambiar Nueva York por Florida. Sus padres estructuraron su vida en base al talento de la pequeña tenista y acertaron. Osaka sigue viviendo ahora en el estado del sol y es una de las nuevas perlas del circuito de la WTA.

La mezcla de las tres culturas la divierte, y rescata las virtudes de cada una de ellas. Osaka se mostró entusiasmada con su alma japonesa. “¿La cultura de Japón? Me gusta todo. Me encanta la comida, todo el mundo es muy simpático”. Pero tampoco escatima en elogios hablando de Haití. “Si conoces a una persona haitiana, te darás cuenta de que son muy positivos. Si tienes un amigo de Haití, hará todo lo que esté en su mano por ti”.

Con el título del US Open, la nipona coronó el mejor momento de su carrera: arrancó la temporada en el puesto 68 del ranking y escaló hasta el 19. Y tras ganar la final en Nueva York, el lunes aparecerá en la séptima posición.

Una de las claves de su explosión fue la incorporación de Aleksandar “Sascha” Bajin a su equipo. El técnico entrenó muchos años a Serena Williams y a Caroline Wozniacki. Osaka, según sus propias palabras, es más optimista desde que trabaja con Bajin, que el sábado siguió entre lágrimas la gran coronación, más allá del agridulce cierre de su nueva pupila ante su ex dirigida.

Llantos de alegría

“No me puedo hacer una idea real de mi nieta convirtiéndose en campeona. Cuando ganó, mi esposa y yo lloramos de alegría”, dijo Tetsuo Osaka, abuelo de Naomi a la emisora japonesa NHK desde su casa en Nemuro. Tetsuo no pudo ver los partidos de cuartos de final y semifinales a causa del terremoto que dejó sin luz a toda la isla, informó el diario japonés “Nikkan Sports”. El terremoto de magnitud 6,7 dejó 39 muertos y un desaparecido.

Un vuelto, pero...

Tras su ataque de furia en la final, Serena Williams deberá pagar una multa de U$S 17.000, anunció la Organización. Williams recibió tres advertencias del juez Carlos Ramos, a quien acusó de sexista y le dijo ladrón.

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